domingo, 29 de agosto de 2010

LA IGLESIA CATÓLICA CUBANA NO PUEDE CONVERSTIRSE EN UN PARTIDO POLÍTICO


(Deportador heroico, pedofilico mayor de la iglesia cubana)


Por JORGE HERNÁNDEZ FONSECA

La peculiar situación en la que tiene que efectuarse la lucha del pueblo cubano contra la dictadura que lo oprime ha hecho que últimamente, y a partir del calamitoso estado de depauperación económica y moral de la sociedad cubana dentro de la isla --después de más de 50 años de materialismo desmedido-- cometamos –todos-- algunos excesos por la impaciencia natural para librarnos de este calvario inmerecido. Me refiero a los recientes e innecesarios “cruces de espada” entre la Iglesia Católica Cubana y la oposición política interna, acusándose mutuamente sin resultados prácticos de ningún tipo, pero con heridas difíciles de cicatrizar.

Personalmente, al leer el tono de la “Carta de los Opositores Internos al Papa” denunciando lo que consideran errores de la Iglesia Católica Cubana en su relación con la dictadura, pensé que se habían excedido en adjetivos. Sin embargo, al leer la irresponsable respuesta de la Iglesia Cubana aparecida en la revista “Espacio Laical”, comprendí la necesidad que sintieron antes los opositores internos al redactar la misiva al Santo Padre. La jerarquía católica cubana tiene que tener mucho cuidado cuando escribe y no encomendar a terceros respuestas tan importantes.

Desde este espacio –muy modestamente-- hacemos un llamado a la calma y a la cordura, tan necesaria entre personas de buena fe que sienten la necesidad de luchar por un futuro mejor para su patria. Los sacerdotes y la jerarquía católica son también cubanos y teniendo razón o estando equivocados, tienen total derecho a tener opiniones respecto al acontecer político de la isla, de la misma forma como todos reconocen semejante derecho a los políticos opositores.

Sin embargo, la Iglesia Católica Cubana --como Institución-- tiene que tener mucho cuidado en sus acciones y textos, para no ser vista como un partido político más en este momento tan importante para la vida nacional. La Iglesia tiene que ser refugio y templo de todos los cubanos, por lo que no puede darse el lujo de emitir juicios de valor en el campo político partidario, sino continuar a toda costa con su labor humanitaria para la liberación de los presos políticos.

Hay detalles que enturbian el ambiente. Las supuestas llamadas telefónicas a los firmantes de la Carta al Papa para verificar la veracidad de las firmas, así como la pregunta de si la persona verificada es católica, tiene el chero de los laboratorios de la policía política cubana y nunca deberían haber sido efectuadas. Como nunca debía haberse escrito --ni apoyado por la Iglesia Católica Cubana-- la valoración despectiva respecto a los patriotas que luchan por derrocar la dictadura, porque ese es el deber más sagrado de todo cubano digno. El cuerpo de la Iglesia Católica por otra parte, lo conformamos todos los bautizados, así como el esfuerzo de todos los cubanos debe ser el fin de la dictadura que nos oprime, nos divide y nos desprecia.

La gran mayoría de la oposición política a la dictadura cubana comprende que la Iglesia Católica Cubana, como Institución, no se puede negar al llamado de quien quiera que sea, --en este caso al llamado de la dictadura-- siempre que ese llamado sea para otorgar la libertad a cubanos injustamente encarcelados. Tampoco es papel de la Iglesia juzgar si esa libertad se otorga bajo condiciones irrestrictas, o de deportación, porque el interés humano de la Iglesia está por encima de consideraciones estratégicas, políticas o de conveniencia para la lucha.

De igual manera que debemos reconocer, más que el derecho, el deber de la Iglesia de propiciar, incentivar y apoyar estas liberaciones de cualquier manera, es importante comprender que las organizaciones políticas cubanas de oposición, tanto interna como externamente, tienen también el derecho a tener su puntos de vista respecto a un tema tan sensible como lo es la deportación forzada de sus militantes presos, que se hace para debilitar dentro de la isla la lucha por la libertad. Si este derecho ha querido usarse por medio de una Carta de organizaciones políticas al Papa reclamando, nadie debe sentirse en el derecho al tapaboca, porque democracia es eso y el Papa no sólo es jefe de la Iglesia, como también un jefe de estado.

Hoy se hace necesario un alto en la escalada del enfrentamiento. Cada epíteto debe ser cuidadosamente pesado antes de expresarlo. Siendo la Iglesia una Institución milenaria, no puede darse el lujo de expresar que toda su lucha es para que los opositores que persiguen el fin de la dictadura no lleguen a dirigir los destinos de la Nación cubana. Semejante blasfemia no cabe en una Iglesia que ha sido perseguida por los verdugos del pueblo cubano y que sufre los rigores de la calamidad nacional que surge del ‘estatus quo’ ateo, dictatorial y represivo actual.

26 de Agosto de 2010



Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

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