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lunes, 8 de marzo de 2010

Al final del callejón


















El canciller Bruno Rodríguez, durante su retrasado discurso ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, no dijo ninguna infamia o sandez que ya no haya dicho el gobierno que representa para atenuar el escándalo internacional por la muerte del prisionero político Orlando Zapata Tamayo. Sólo que cada vez que lo intentan, les queda más torpe y peor.

Tan nervioso e indignado se puso Don Bruno que trocó las cuentas de los muertos de otras dictaduras. El canciller volvió a echar mano a los 20 mil muertos de la dictadura de Batista. Una cifra que por estar tres o cuatro veces exagerada, ya hace tiempo ni Granma se atrevía a repetir. El razonamiento del canciller convierte así, por ejemplo, a la dictadura militar argentina (que mató o desapareció a 30 mil personas) en una modorra émula del régimen de Batista.

Tan inútil y absurdo es el conteo comparativo de los asesinatos de las dictaduras como tratar de justificar lo injustificable a costa de lo que sea. Aún del dolor de una madre y de enlodar la memoria de un hombre que asumió el martirologio porque sus demasiado soberbios cancerberos no le dejaron otra opción.

¿Ganó algo el gobierno cubano con utilizar a un escribano fuera de la plantilla de Granma para denigrar a Zapata Tamayo cuando aún estaba insepulto? ¿Qué utilidad tuvo publicar sus infamias en Cuba Debate y luego en el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, en versión corregida y aumentada, y al parecer autorizado hasta para proponer canjes de prisioneros? ¿Acaso convenció a alguien con la historieta de los nuevos súper poderes de la contrarrevolución para reclutar kamikazes y “fabricar mártires”?

No se cuestiona que los médicos hayan hecho lo posible por salvar la vida de Zapata Tamayo. Sólo que empezaron a hacerlo demasiado tarde. A propósito, ¿por qué filmaron a Reina Tamayo cuando hablaba con los doctores que atendían a su hijo? ¿Es práctica habitual del Ministerio del Interior filmar a las madres de los reclusos? ¿O esperaban el desenlace fatal y preparaban la coartada?

Era preferible creer que el gobierno cubano lamentó la muerte de Zapata Tamayo y que trataría (era lógico y humano) que otro caso así no se repetiría. Todo hace indicar que no. El periodista Guillermo Fariñas y varios presos políticos están ahora mismo en huelga de hambre. Se ha creado un siniestro callejón sin salida. Ojala se imponga la cordura. Pero el gobierno sigue con la arrogancia y los insultos, como si no le importara en lo absoluto que sus opositores pongan nuevos mártires.

Hace exactamente 50 años, el 5 de marzo de 1960, en el sepelio de las víctimas de la explosión del barco La Coubre, Fidel Castro empleó por primera vez la consigna ¡Patria o muerte! Como nos machucaron con ella durante décadas, asimilamos la intransigencia a ultranza como algo normal.

Muchos años después, se sustituyó la patria por el socialismo. Hoy apenas queda la una ni lo otro. Sólo ripios. Y la muerte para reclamar por la Libertad y la Vida. Y uno se pregunta, ¿cómo seguir cual si tal cosa?

Luis Cino

Cubanet




Hasta muerto le teme la tirania!!!!!!!

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