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martes, 17 de mayo de 2011

En Cuba se es agente o delincuente






















Imagen: Lauzán



Desde hace cincuenta años el Gobierno cubano, guiado por Fidel Castro, ha decidido convertir a los cubanos en héroes o traidores, según su conveniencia.

Todos los que se fueron por Mariel eran “escoria y gusanos”, no importa que no hubieran cometido delito o fueran doctores e ingenieros.

Cuando el General Del Pino se llevó la avioneta para huir al norte, en su intervención televisiva, Fidel Castro para desacreditar al alto oficial, suponía él desde su machismo, expuso que el hijo del General, militar también, era homosexual.

Recuerdo que a Guillermo Fariñas, a través de la prensa nacional, le construyeron un pasado conflictivo, abusador, con el ánimo de dar una visión delincuencial de su persona. Del escritor Raúl Rivero, cuando se cometieron los atropellos en su contra, se le descalificó manipulando su vida personal.

Con Orlando Zapata sucedió lo mismo, la versión del régimen es que era un delincuente sin ideología manipulado por la oposición.

Con las Damas de Blanco sucede algo similar: son catalogadas por el Gobierno cubano de facinerosas y mercenarias que andan detrás del dinero de la SINA.

Por lo visto ese es el recurso más viejo y usado por el sistema en estos cincuenta años de injusticia social. Es la técnica del descrédito, a través del un show mediático, lo que corresponde a cada voz que les resulte exaltada, fuera de los límites permisibles de su regla de juego. El Gobierno no perdona la oposición y arremete, con todos los medios a su alcance, por ahogar cualquier intento de libertad.

Por estos días ha muerto Juan Wilfredo Soto, un luchador nato desde su adolescencia. Su familia, aterrada, ha declarado que no poseía golpes en su cuerpo. Una sobrina dice lo contrario. Algunos testigos aseguran que vieron la brutal golpiza. A otros sólo les faltó agregar que Juan Wilfredo montó a la patrulla sobre una alfombra roja que le fue extendida por los agentes policiales, y en el auto le dieron café y recibió un masaje corporal.

Una vecina de la familia de Juan Wilfredo Soto, me ha llamado por teléfono para decirme que la hermana del fallecido se justifica diciendo que “decir la verdad no lo devolverá vivo”. Que la sobrina y el esposo llegaron a la conclusión que “murió como lo quiso siempre: luchando en la oposición; no tiene sentido inmolarse diciendo la verdad si ellos son jóvenes y están vivos. Están conscientes de lo que podría sucederles si contradicen la versión oficial”.

Al escuchar las noticias de la vecina sólo sonreí. No necesito una llamada por teléfono para confirmar lo que ya sabía. Son tantas las repeticiones, un guión escrito desde los primeros años de su llegada al poder que lo aprendimos de memoria.


Cuando llegue el momento de libertad, cada cual a su lugar.
Publicado por Los Hijos que nadie quiso

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