domingo, 18 de octubre de 2009

LA MANO QUE MECE LA CUNA

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Angélica Mora
Texas

Apuntes de una Periodista

Los integrantes de la Alianza Bolivariana para las Américas, ALBA, se han reunido de nuevo, esta vez en Bolivia, en la gastadera infinita a que ya están acostumbrados.
Como los parásitos que son, los gobiernos rojos que integran la ALBA, no prevalecerían si no fuera por la generosa ayuda del Mecenas de Venezuela.
Hugo Chávez es quien los sostiene y ellos se mantienen leales a la mano que los acuna... hasta que se le acabe el impulso.

Hoy la generosa mano -como la del Dios en la Capilla Sixtina- no ha tenido mejor idea que extender aún más sus dedos y crear su propia moneda.
Con esa lógica tan ilógica a que nos tiene acostumbrados el Payaso de Miraflores, se ha preguntado: Si El Imperio Romano lo hizo, ¿por qué no yo?.

Hoy el legendario héroe venezolano, Antonio José de Sucre y Alcalá, conocido como el «Gran Mariscal de Ayacucho» se debe de estar dando vueltas en la tumba... con el deshonor de que una moneda de este grupo amoral haya sido bautizada con su nombre, a sabiendas de que en el fondo no es una necesidad económica, si no una forma de luchar contra el dólar.
Sucre -como su amigo Simón Bolívar- fue un político, estadista y militar venezolano, prócer de la independencia. Hijo de una familia acomodada de tradición militar, es considerado como uno de los militares más completos entre los próceres de la independencia suramericana. ¿Qué diría si pudiera contemplar el desastre de lo que hoy es Venezuela por la que tanto luchó?.



Por otra parte, como los integrantes de la ALBA no tienen figuras con moral y luces en quien creer, han levantado en esta reunion desde su sepultura lo que queda del Che Guevara, figura emblemática de lo que son todos ellos: forajidos, oportunistas y criminales.

Como decía en otro Apunte, el Presidente boliviano René Barrientos, quien persiguió y ordenó al muerte del Che, hoy es otro que se debe estar dando vueltas en la tumba, esta vez mirando con horror los honores que se le rindieron en la ciudad de Cochabamba, al sanguinario invasor de Bolivia.
El único consuelo que se le podría dar es recordar que el Tiempo en la Historia da muchas vueltas y los ríos siempre vuelven a su curso.