domingo, 3 de marzo de 2013

Rosa Maria Payá: «Mi familia recibe amenazas de muerte del régimen castrista»




Esther S. Sieteiglesias.

  Rosa María Payá sólo tiene 24 años, sin embargo, su manera de expresarse, sin rabia, sin ser vengativa, denota una gran madurez. La hija del opositor cubano está en Madrid para esclarecer la muerte de Oswaldo Payá y pedir protección. Su próxima parada es Suecia, donde posiblemente se encuentre con Jens Aron Modig, el otro superviviente a aquel fatídico 22 de julio.
–¿El caso Carromero ha servido de cortina de humo para distraer de lo que principalmente sucedió: las muertes de su padre y de Harold Cepero?

–Desde el principio hemos intentado que eso no pasara. Estamos pidiendo una investigación para aclarar cómo murieron mi padre Oswaldo Payá y mi amigo Harold. Entendemos todos los esfuerzos por traer a los supervivientes a salvo. Ahora, nuestro objetivo está muy claro: saber la verdad.
–Hay unas horas del suceso en las que no saben qué ocurrió, ¿desde que sacaron a los extranjeros del coche y llevaron los cuerpos, ya sin vida, al hospital?

–Las informaciones que tenemos por los mensajes de texto, las confirmaciones que me ha dado Ángel y lo que escucharon mis amigos a la Policía en el hospital: el capitán leyó el acta en el que constaba que había un coche más, un Lada rojo, que viajaba casi en paralelo. Las personas de ese auto sacaron a los extranjeros y Ángel les dijo: «¿Quiénes son ustedes y por qué nos hacen esto?». Sabemos que no hubo un accidente, que no fueron accidentalmente golpeados. ¿Qué no sabemos? Cómo murió mi padre. Porque de ese golpe no fue. Y ninguno de los dos recuerda haber dado vueltas ni haberse estrellado contra un árbol como plantea la versión del Gobierno.

–¿Tienen la autopsia de su padre?

–No nos la han dado. En Cuba, lo normal es que se entregue a las familias el informe de la autopsia, en un plazo que como mucho dura un mes. No lo hemos recibido y lo hemos pedido en todas partes. Mi madre hasta fue a Bayamo a pedirlo.

–Carromero en Cuba «aceptó» la versión del Gobierno, ahora, y una vez en España a través de usted, la contradice. ¿El Gobierno cubano ha emitido alguna réplica?

–Estoy muy preocupada por la seguridad de mi familia, porque el Gobierno cubano no ha hecho declaraciones, pero sí ha amenazado directamente de muerte a mi familia. Han llamado a mi casa para decir: «Te vamos a matar». Y eso ha pasado hace cuatro días.

–¿Además de perder a su padre, encima les amenazan? ¿Tiene más miedo después de sus declaraciones del jueves?

–Desde el primer momento, responsabilizamos al Gobierno cubano por la integridad física de mi familia y lo hacemos porque hemos recibido amenazas de muerte de parte de la seguridad del Estado. Mi petición a la comunidad internacional no es sólo que se nos ayude a investigar si no que se nos proteja a mí y a mi familia y a todos los activistas por los Derechos Humanos que hay en Cuba que están sufriendo la represión. Mi familia, de manera directa, está siendo amenazada de muerte.

–Tras la charla con Carromero, ¿le dijo que esa verdad debía ser contada?

–No me tengo que poner de acuerdo con Ángel. A mí me confirmó lo que yo ya sabía, la verdad. Él está sometido a muchas presiones, está siendo tratado como un condenado cuando es inocente. Fue a Cuba a apoyar los derechos humanos y es tratado como un criminal. Esperemos que hable si cree que debe hablar. Me sorprendió mucho la desolación de Ángel, en comparación con Jens, que fue tan arropado por sus amigos y miembros del partido.

–Usted ahora ha podido salir de Cuba, pero su padre no podía viajar, prácticamente ni dentro de la isla... –De hecho, Ángel y Jens le estaban haciendo un favor siendo sus «chóferes».

 Ellos no sabían con quién se iba a reunir mi padre. Hay que entender que los miembros del movimiento (MCL) están fichados. A mi padre, la última vez que quiso tomar un avión, le estaba esperando en el aeropuerto la seguridad del Estado con un cartel: «Bienvenido a Holguín, Oswaldo Payá».

–¿Cómo lleva la falta de su padre?

–Vivíamos con el temor de que algo así podría pasar, pero nunca te imaginas que el mal pueda ser tan real, que te pueda tocar de manera tan efectiva. No nos vamos a recuperar nunca, pero tenemos la tranquilidad de que tanto mi padre como Harold creían que lo que estaban haciendo era lo mejor para su prójimo. Pero eso no significa que vayamos a dejar de buscar la verdad. El proceso de reconciliación que necesita nuestra familia y nuestro país pasa por el conocimiento de toda la verdad. No buscamos venganza sino democracia y justicia.

Diario La Razon