domingo, 1 de noviembre de 2015

¿Valió la pena la muerte de miles de cubanos en Angola?








40 años de la Operación Carlota, Luis Cino


Pronto se cumplirá el aniversario número 40 del inicio en 1975 del despliegue militar cubano en Angola: la llamada Operación Carlota.
El 10 de noviembre de 1975, Fidel Castro, en medio del mayor secreto, despidió en el aeropuerto de Rancho Boyeros  a un primer destacamento de  82 bien entrenados efectivos de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior, vestidos de civil, que  volaron a Luanda en un avión Britania de Cubana de Aviación.
La misión de esa tropa elite, y de los multiplicados refuerzos  que muy pronto fueron enviados,   era contener la incursión en territorio angolano de los ejércitos de Sudáfrica y Zaire, e impedir que las guerrillas de la UNITA y el FNLA tomaran Luanda, proclamaran la independencia y formaran gobierno  antes que el marxista MPLA.
La intervención cubana en la guerra angolana duró más de 13 años. En ese tiempo, más de  350 000 cubanos pasaron por Angola, 11 veces mayor que Cuba y a 11 000 kilómetros  de distancia, Océano Atlántico de por medio.
Jamás un país del Tercer Mundo había emprendido un empeño militar de tal envergadura.  
Las armas y el resto de la logística fueron puestos por la Unión Soviética. Los cubanos pusieron la carne de cañón.
 En pocos meses,   Cuba llegó a totalizar  alrededor de 70 000 soldados en Angola. Pasado el peligro inicial, la cifra se estabilizó en unos 40 000.
La confrontación Este-Oeste impidió que el conflicto entre  los tres movimientos guerrilleros que combatieron a los portugueses, el MPLA de Agostinho Neto, la UNITA de Jonás Savimbi y el FNLA de Holden Roberto, fuese otra guerra  civil más en el continente africano.
La URSS apoyó al MPLA. Estados Unidos, Sudáfrica y China, en una extraña concertación, favorecieron a la UNITA.
Cuba se involucró  militarmente para que los marxistas del MPLA  lograran instalar su gobierno en Luanda, pero tuvo que  permanecer allí durante más de una década para apuntalarlo. Los cubanos y las FAPLA nunca lograron  controlar  totalmente el territorio angolano.  Las guerrillas de la UNITA, dirigidas por Jonás Savimbi, se  convirtieron en la más terrible pesadilla de los generales cubanos.
En julio de 1988, luego de la costosa y prolongada batalla de Cuito Cuanavale, las tropas cubanas consiguieron la retirada sudafricana del sur de Angola.
Los acuerdos de paz se firmaron entre Cuba, Sudáfrica, Estados Unidos y la Unión Soviética en 1988.Fue uno de los últimos episodios de la Guerra Fría.
Según cifras oficiales que son consideradas bien conservadoras, dos mil cubanos murieron en Angola. Sus restos fueron repatriados  en diciembre de 1989.
Muchos de los veteranos regresaron mutilados, con los nervios destrozados y víctimas de extrañas patologías a un país que se adentraba en la peor crisis de su historia. Una dura realidad que no reflejaron los panegíricos oficiales, la bella crónica angolana de Gabriel García Márquez o la serie documental “La epopeya de Angola”, realizada hace unos años por el periodista Milton Díaz Kanter.
Hoy, Angola, a pesar del petróleo y los diamantes, sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. La esperanza de vida de sus habitantes es una de las más bajas del continente africano.
Los acuerdos de Lusaka de 1995 no se pudieron poner en práctica hasta casi 7 años después. La guerra civil no concluyó hasta después que Jonas  Savimbi  fue muerto en combate por una patrulla gubernamental que topó casualmente con él en la selva de Moxico en febrero de 2002.
La constitución angolana ha sido modificada 5 veces. Angola abjuró del marxismo y abrazó el multipartidismo y la economía de mercado. Su gobierno, aun presidido por Dos Santos, el sustituto de Neto al frente del MPLA, es uno de los más corruptos de  África.  
¿Valió la pena la muerte de miles de cubanos?
luicino2012@gmail.com



Corrigiendo al compatriota CINO:Los acuerdos de paz se firmaron entre , Sudáfrica, Estados Unidos y la Unión Soviética en 1988.Fue uno de los últimos episodios de la Guerra Fría.Cuba fue ignorada en esos acuerdos.

Jorge Luis Llanes Naranjo