martes, 5 de julio de 2016

PERIODO ESPECIAL,RAMADAN CUBANO QUE PARECE NO TENER FIN DESDE 1959.

Los musulmanes de Cuba celebran el fin de su ramadán

La pequeña comunidad existente en la Isla sigue la costumbre con discreción
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Anciano musulmán cubano (Archivo)
Anciano musulmán cubano (Archivo)
LA HABANA, Cuba – No hablan árabe y todavía no tienen una mezquita real, pero varios miles de musulmanes de Cuba se esfuerzan por celebrar esta semana el fin del ramadán, entre el anonimato y el ingenio.
Entre los tejados de La Habana Vieja se divisa un pequeño minarete que supera un edificio de estilo colonial. Es allí donde se reúnen los musulmanes cubanos desde junio de 2015 cuando el Estado inauguró una sala de oración, falsamente bautizada como la “primera mezquita de Cuba”.
En su interior, las paredes de la gran sala están decoradas con caligrafías árabes y los colores rojo, blanco, verde y negro de la bandera palestina. Sobre una mesa se pueden ver varios ejemplares del Corán en español.
“Salam aleikum” murmura sonriendo Javier, un cubano nacido en el seno de una familia católica, pero que se convirtió al islam hace dos años.
“El texto de la Biblia me parecía incompleto, entonces cambié de religión”, señala Javier explicando el motivo de una decisión que puede ser considerada insólita en una isla en la que el 70% de sus 11,3 millones de habitantes práctica el sincretismo religioso, mezcla del cristianismo con cultos de origen africano.
“Los turistas (…) pasan a menudo por esta calle y abren los ojos cuando se dan cuenta de que están frente a una mezquita en Cuba”, bromea Ahmed Agüelo, convertido al islam hace 17 años y quien dirige actualmente el culto en esta sala de oración, donde cada viernes se reúnen unos 200 fieles.
“Mucha gente (cubana) piensa que somos extranjeros, con esta ropa. No se imaginan que haya musulmanes en su país”, añade Yaquelín, que adoptó el nombre de Aisha después de abrazar la fe musulmana durante una larga estancia en España, guiada por su cuñado paquistaní.
Gracias a Alá “se inventa”
A cientos de metros del lugar, una señal anuncia el proyecto de construcción de una mezquita que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, prometió financiar durante una visita a la isla en febrero de 2015.
Pero los trabajos de la obra jamás comenzaron y la razón se desconoce.
La sala de oración de La Habana Vieja -otra más pequeña fue instalada en 1991 en la ciudad de Camagüey por un centenar de fieles-, vino a coronar una espera de 25 años de una comunidad que tiene entre 4.000 y 10.000 fieles, según estimaciones.
Conocido en la isla por ser el “primer cubano que se convirtió al islam”, en 1988, Pedro Lazo recuerda cómo los musulmanes tenían que reunirse “en sus casas” antes de la apertura de este lugar de culto, que funciona gracias al subsidio del estado cubano.
Según expertos, el islam fue introducido por estudiantes musulmanes que llegaron a la isla desde países como Pakistán, en los años 70 y 80.
Durante el ramadán, los musulmanes cubanos enfrentan dificultades para respetar la tradición, como la de romper el ayuno con dátiles, un fruto muy difícil encontrar en los supermercados de la isla.
“Hay que importarlo todo. La embajada de Arabia Saudita nos suministra los dátiles, los atuendos tradicionales, la carne ‘halal’. Hamdoulilah se inventa”, explica a la AFP Lazo, que se hace llamar Yahya.
Cada noche de ramadán, a la hora de romper el ayuno diario, los musulmanes colman la sala de oración. Los niños corren y juegan en la sección reservada para las mujeres que, separadas de los hombres por un muro, se cubren parcialmente sus rostros.
Leonel Diez o Mohamed distribuye la comida entre los hombres. Él se convirtió al islam cuando tenía 73 años. “Nunca es tarde para tomar el buen camino”, asegura sonriendo.
La vida sin ron ni puerco
Todos afirman que practican su religión sin obstáculos, en una isla marcada por años de ateísmo, de 1960 a 1992. Sin embargo, las limitaciones que impone la fe a veces pueden provocar malestar.
“He perdido amigos cuando les dije que quería ser musulmán. Anunciar mi conversión, fue decir que no iba a tomar más ron, comer jamón, hacer fiestas y bailar salsa… En otras palabras, renunciar a una gran parte de la cultura cubana”, cuenta Alen García, de 33 años, nacido en Santiago de Cuba, en el oriente de la isla.
Cuando se les pregunta sobre Guantánamo, la controvertida prisión de Estados Unidos en el oriente de la isla, los miembros de la comunidad se muestran en general poco elocuentes.
“Es como la guerra en Colombia, los estados alcanzaron un acuerdo de paz con las FARC (guerrilla colombiana), me gustaría el mismo pacto para los musulmanes presos en Guantánamo”, expresa el decano Diez.
Para la festividad de El Eid al-Fitr, que marca el fin del ramadán, decenas de musulmanes de toda la isla son esperados en La Habana. Los primeros en llegar tendrán el privilegio de pernoctar en la climatizada sala de oración.
(AFP)