domingo, 24 de abril de 2016

Por qué el servicio militar debiera derogarse en Cuba

Por qué el servicio militar debiera derogarse en Cuba


Por: Iván García Quintero

Trabajan en pareja. Raciel, un negro de poco más de seis pies, extremidades largas y complexión fibrosa, carga la motomochila de fumigación, mientras Yilsander, trigueño de pelo ralo y regordete porta una bolsa negra con abate y una tablilla donde anotan las casas que ya desinfectaron en la batida ordenada por Raúl Castro para minimizar la presencia del mosquito transmisor del dengue, chikungunya y zika.
Bajo un tórrido sol, los dos revisan casa por casa de una manzana en la barriada habanera de La Víbora. Visten pantalones, gorras y camisas verde olivo de mangas largas, uniforme diseñado por algún sastre sádico que ignoró la temperatura tropical de la isla. Y calzan unas botas horrorosas y pesadas con un casco de acero en la punta.
Raciel, 19 años, suda a chorros y fuma un cigarrillo bajo el portal de una bodega en la calle Carmen, contigua a la Plaza Roja, en el corazón viboreño. Es oriundo de Cienfuegos, a 300 kilómetros al sureste de La Habana. Yilsander, 20 años, nació en Mayabeque, una provincia improvisada en 2010 por el régimen para probar la efectividad de ciertas transformaciones administrativas y políticas.
“Cuando llego a la unidad (de tanques en Managua, al sur de la capital) tengo los pies reventados”, comenta Raciel. “La vida del recluta es muy dura. Pésima comida, mal trato por parte de los oficiales y nos pagan 21 pesos al mes. De pinga, brother”, señala Yilsander y se pasa por el rostro un pañuelo empapado de sudor.
Desde hace un mes, nueve mil reclutas, sub oficiales, oficiales y policías participan en la fumigación e higienización del país. A pesar del calor y que el horario es de diez horas diarias, Raciel y Yilsander prefieren esa labor que las rudas sesiones de preparación militar.
“Desde la seis de la mañana tenemos que estar marchando o adiestrándonos en la manigua con fusiles que pesan con cojones. O limpiando los tanques, armando y desarmando las esteras. Una jodedera que no sé pa qué, si a Cuba, después de cuadrar con los yanquis, nadie la va invadir”, expresa Yilsander, el más locuaz de los dos
Ambos coinciden en que el Servicio Militar Activo (SMA), antes conocido como Servicio Militar General (SMG) o Servicio Militar Obligatorio (SMO), no tiene sentido. “¿Tu sabes la cantidad de plata que se derrocha pa’cuidar un armamento que debiera estar en un museo?”, se pregunta Raciel.
Demasiado dinero para una economía que hace agua por todos lados. Según algunas estadísticas, hay más de 85 mil hombres en armas y cerca de seis millones de hombres y mujeres entre 17 y 49 años disponibles para las fuerzas armadas en caso de guerra.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) engloban tres ejércitos: occidental, central y oriental. Una marina de guerra y fuerzas aéreas y antiaéreas. También, un batallón de tropas élites y un ejército juvenil dedicado a labores agrícolas y constructivas en condiciones cautivas y devengando ridículos salarios.
Las FAR y el MININT (Ministerio del Interior) son las principales herramientas de control social en Cuba. Manejan el 75% de la economía nacional. El Consejo de Estado y el Buró Político, así como diferentes ministerios y empresas de negocios de primer nivel están comandados por militares en activo o jubilados que sustituyeron sus uniformes verde olivo por guayaberas blancas.
Según Daniel, economista, las FAR devoran “entre el 3,8 y 4% del PIB. Quizás más. Y genera gastos de miles de millones pesos de y moneda convertible en mantenimiento de armas, preparación militar y privilegios. Un oficial de las FAR gana alrededor de 1,200 pesos mensuales y tienen acceso a viviendas, centros recreativos, ropa y comida, todo subsidiado por el Estado”.
En una encuesta a veinticuatro jóvenes en edades comprendidas de 14 a 29 años. Por unanimidad todos prefieren que el actual SMA sea derogado. “El servicio militar en Cuba debiera ser profesional y voluntario. Que un soldado jure por cinco o diez años y gane un salario decente”, apunta Diosbel, estudiante de bachillerato.
Para Onel, quien cursa segundo año de ingeniería en telecomunicaciones, el gasto desproporcionado, la emigración y el envejecimiento acelerado de la población en Cuba son elementos de peso para diseñar una nueva estrategia de defensa.
“No creo que valga la pena enrolar en el ejército, por un año o dos, a jóvenes con potencial suficiente que se formen como científicos, ingenieros, informáticos… Ante el nuevo panorama, las FAR deben reestructurarse. Dedicarse esencialmente a auxiliar a la población, en caso de desastres o huracanes. Unas fuerzas armadas pequeña y profesional, con no más de 30 mil hombres sería lo ideal para un país cada vez más viejo y una crisis económica permanente”, acota Onel.
En los años de oro de la revolución de Fidel Castro, las FAR llegaron a tener más de un millón de hombres en armas. Cuba, un país pobre, en los años 80, por primera vez en su historia participó en dos guerras civiles de manera simultánea en Etiopía y Angola, desplazando por medios propios a cincuenta mil soldados.
“Un día de guerra le cuesta a Estados Unidos millones de dólares. Y Cuba estuvo dieciséis años en Angola. Yo estoy convencido que ese derroche de recursos, hombres y dinero fue la génesis del posterior Período Especial que vivió el país”, considera el economista Daniel.
Cuando algún día se abran los archivos secretos del templete estatal, se podrá conocer el monto de dinero dilapidado en guerras fuera de las fronteras cubanas, preparación de guerrilleros extranjeros y planes de subvención en América y África.
En este siglo XXI nadie pretende agredir a Cuba. El servicio militar debiera ser abolido.