domingo, 17 de enero de 2016

Trata de personas: fase inferior del socialismo castrista

Trata de personas: fase inferior del socialismo castrista



Personal médico cubano junto a Nicolás Maduro, Caracas, 2014. (LASDOSORILLAS)
El modelo socialista formulado por Marx y completado por Lenin pretendía ser superior al capitalismo en términos de capacidad de desarrollar las "fuerzas productivas", es decir, la base material y tecnológica de la economía. Era precisamente gracias a esa pretendida superioridad que el socialismo, según sus partidarios, habría de conducir el género humano a una sociedad de abundancia en la que las divisiones clasistas perderían su razón de ser.
Para plasmar el pretendido potencial del socialismo, la Unión Soviética y más tarde la China de Mao Tsetung se fijaron como tarea fundamental promover la industrialización a marchas forzadas (stajanovismo) y la colectivización de la agricultura.
El resultado, como podemos observar hoy, ha sido un fiasco total. El socialismo real, ya sea en la Unión Soviética, en la China de Mao o en cualquier otro lugar del planeta, jamás logró alcanzar, menos aun rebasar, al capitalismo en términos de innovación tecnológica y crecimiento agrícola e industrial.
Después del fracaso de la industrialización stajanovista y de la colectivización de la agricultura, le tocó el turno al "extractivismo" —es decir, la explotación intensiva de recursos del subsuelo (petróleo y gas en particular)— de asumir el rol de motor de la construcción del socialismo.
El extractivismo adquirió primacía con el "Socialismo del Siglo XXI", instaurado por Hugo Chávez en Venezuela a partir de 1999 en un contexto ultra propicio: los precios del petróleo aumentaron más de 1.000% en los primeros 14 años de gobierno chavista.
A pesar de esa coyuntura internacional harto favorable, el extractivismo socialista —que Chávez denominó "socialismo petrolero"— ha sido incapaz de desarrollar las "fuerzas productivas" en Venezuela, antes al contrario.
Pasado el maná del boom petrolero, la catastrófica gestión chavista de la economía —con su cortejo de expropiaciones, controles de precios y de tasas de cambio y demás distorsiones al funcionamiento del mercado— ha llevado a Venezuela a una crisis sin precedentes. La tasa de inflación es la más alta del mundo y las colas para adquirir artículos de primera necesidad se alargan cada día más.
Después del fiasco del "socialismo petrolero", ¿a qué santo económico se van a encomendar los feligreses del marxismo a fin de mantener vivas sus marchitas esperanzas?
De hecho, quedaba por explorar el sector de los servicios (medicina y educación, infraestructura portuaria y turismo, entre otros), tarea a la que se ha abocado el régimen castrista.
Exportar profesionales (médicos, institutores), a fin de apropiarse de una parte de sus salarios, constituye en efecto una de las armas económicas favoritas del régimen cubano para obtener divisas necesarias para su supervivencia.
Para ello, gobiernos ideológicamente afines (Venezuela sobre todo, Brasil y Ecuador también) han aceptado emplear a profesionales cubanos con condiciones contractuales que le permiten al régimen castrista retener para sí una parte importante de sus salarios.
A guisa de ejemplo, el Gobierno del Brasil desembolsa al Gobierno de Cuba 4.255 dólares mensuales por cada médico cubano contratado, mientras que ese médico termina recibiendo del Gobierno cubano apenas 1.245 dólares más un porcentaje de esta suma en una cuenta en La Habana. El resto (más del 50%) va a las arcas del régimen cubano.
No sin razón, el negocio del régimen castrista con la exportación de médicos ha sido comparado en varias ocasiones con la trata de esclavos de la época colonial.
Y como en todo tráfico de personas, las víctimas, en este caso los médicos exportados, intentan escapar a su suerte como otrora trataban de hacerlo los esclavos procedentes de África.
De ahí que centenares de médicos cubanos, una vez en el país asignado para trabajar, hayan decidido desertar. De ahí, también, que cubanos de diversas profesiones estén utilizando las visas ecuatorianas como vías de salida de las jaulas del castrismo. De ahí, además, que peloteros cubanos tomen las de Villadiego para dejar atrás los salarios de miseria que les paga el Estado cubano.
La Habana le echa regularmente la culpa de esas deserciones a la política migratoria estadounidense, que facilita la entrada a EEUU de profesionales cubanos; pero no puede esconder que la gran mayoría de esos profesionales anhelan y luchan por radicarse en países que les garanticen mejores condiciones de trabajo y mejor calidad de vida.
De hecho, en el decreto de diciembre de 2015 que reintroduce restricciones abolidas en 2013 a la salida de médicos cubanos, el régimen castrista afirma que estos se han dejado deslumbrar por "las facilidades que ofrecen varios países" (es decir, no solo EEUU).
La Habana observa a este respecto un comportamiento incoherente. Por un lado ha estado tratando de atraer, con promesas de casas y automóviles, a los médicos que se habían escapado de Cuba; pero por el otro endurece las condiciones de salida del país. Ante esa ambivalencia, y con el riesgo de no poder expatriarse de nuevo si así lo desea, ¿qué médico va a querer regresar?
Los resultados han sido igualmente decepcionantes en lo que respecta a la zona económica especial del puerto de Mariel, proyecto inaugurado con bombo y platillo en enero de 2014 pero que, comoobserva el portal BBC Mundo, "aún no funciona".
Dicho portal añade que, por decisión del régimen cubano, los trabajadores en esa zona han de recibir "salarios equivalentes a los de empleados públicos, que se limitan a unas pocas decenas de dólares al mes". Según un trabajador del puerto, esas sumas no alcanzan ni para comprar la camiseta del Real Madrid que él llevaba puesta en el momento de ser entrevistado (la camiseta probablemente fue el regalo de un turista o de algún pariente radicado en España).
Al igual que los países compradores de servicios médicos cubanos, los inversionistas extranjeros que se establecen en Mariel tienen que contratar personal y desembolsar salarios (en divisas) a través de una agencia del Gobierno cubano, el cual recibe las divisas y paga en pesos cubanos a dicho personal a una tasa de cambio que perjudica al trabajador.
Como analizara Dimas Castellanos en un artículo publicado en este mismo diario, a final de cuentas el Estado retiene para sí dos terceras partes del salario en dólares desembolsado por un inversionista de esa zona.
Aquí estamos, pues, ante un nuevo caso de trata de personas, con la particularidad de que esta vez la trata se hace in situ, es decir, sin exportación de personal.
Con esa hilera de trabas y controles contraproducentes, no hay sector económico —llámese industria, agricultura, minería o servicios— capaz de funcionar eficazmente.
Parafraseando a Lenin, quien afirmaba que el imperialismo sería la fase superior del capitalismo, puede decirse que la trata de personas corresponde a la fase inferior del socialismo castrista, es decir, la de su hundimiento definitivo.