lunes, 11 de enero de 2016

La «Nochevieja de Colonia» presagia un seísmo político en Alemania








La Nochevieja que dio comienzo al 2016 en la ciudad renana de Colonia lleva rápido camino de entrar en los libros de historia de Alemania y de Europa. Elterrible acontecimiento que durante varios días los políticos y los medios de comunicación intentaron ignorar, obviar y ocultar se ha convertido en un terremoto político cuyas consecuencias aún son imprevisibles pero que serán en todo caso inmensas. La masiva agresión sexual contra cientos de mujeres alemanas por parte de cerca de mil inmigrantes, gran parte de ellos refugiados llegados en los pasados meses, es ya un punto de inflexión en la legislatura y en la carrera política de la canciller Angela Merkel.
Durante horas, un Estado como el alemán fue incapaz de proteger a su población en el centro de Colonia y en otros lugares que después se han conocido. Grupos de hombres extranjeros aterrorizaron, con el uso de inaudita violencia, osadía y procacidad, a mujeres, a hombres que intentaron ayudar y a una policía alemana impotente hasta un grado alarmante. Tanto que en estos días ha quebrado seriamente, como advierten políticos y analistas, la confianza de la sociedad en el estado y su capacidad de garantizar su seguridad.

Miedo

La inmensa conmoción habida también marcará un hito en la conciencia y la cultura política alemana de los próximos años. Porque ha caído un dique que los políticos querían mantener a toda costa para controlar las emociones populares ante un fenómeno tan difícil como la llegada de centenares de miles de extranjeros de culturas remotas que han cambiado en parte de forma drástica la vida de muchas ciudades y pueblos alemanes. Sin que nadie jamás les avisara o les consultara al respecto. Los políticos han tenido miedo a la rabia y han creído poder combatirla con la mentira como se ha visto con las demostradas instrucciones de ocultar delitos causados por inmigrantes y especialmente por refugiados llegados en este pasado año. La corrección política y el miedo a ser tachado de racista o ultraderechista ha impedido que se supiera la verdad antes.
No solo en estos días en los que políticos y mandos policiales negaron saber de la procedencia de los autores de la agresión de Colonia. Los policías y su sindicato revelaron que todos sabían desde la misma noche de hechos que la mayoría eran refugiados de última hora. El informe policial que se filtró el día 6 de enero y que refleja toda la brutalidad del delito colectivo y la impotencia del Estado ha provocado una revisión de las posiciones hasta en los medios militantes de la corrección política. Nadie duda de que comienza un profundo giro en la política de inmigración, asilo y seguridad en Alemania. Y ha comenzado un nuevo tiempo para la política alemana. En 2016 hay elecciones en cuatro estados federados, empezando en marzo. Si el desastre es máximo como muchos prevén y la oleada de refugiados vuelve a intensificarse con el buen tiempo en primavera, ya está claro que Merkel no podrá aguantar hasta otoño del 2017.

Una verdad molesta

Para ella, esa imagen de las mujeres llorando presas del pánico, muchas con la ropa rasgada o rota, otras golpeadas, huyendo en pleno centro de una gran ciudad alemana de hombres acogidos en como refugiados por una decisión personal muy controvertida de la canciller es, como reconoce todo su partido, la CDU, la peor catástrofe política imaginable. El sábado se produjeron protestas contra la política de inmigración de Merkel con fuertes enfrentamientos en Colonia entre manifestantes convocados por Pegida, con participación de extrema derecha, la policía y la extrema izquierda que también había salido. Pero la violencia localizada de grupos radicales es insignificante hoy ante la fuerza de la indignación que se está acumulando en la sociedad alemana y que los grandes partidos intentan encauzar desesperadamente.
El partido de la canciller, CDU, y su socio el SPD intentan sacar ahora de la chistera medidas draconianas contra los delincuentes entre los refugiados. La canciller ha prometido medidas para la expulsión inmediata de los condenados. Pero todo ello es ya muy poco, demasiado tarde. Porque en Alemania han pasado muchas más cosas en esta semana en la que, con tres días de inconcebible retraso, comenzaron a surgir los datos ya inequívocos sobre la terrible gravedad de aquellos hechos. Y comenzaron además a llegar informaciones sobre multitud de casos parecidos de agresiones colectivas de inmigrantes a mujeres, incluidas violaciones consumadas.
En Hamburgo y en Stuttgart se produjeron incidentes similares. En un pueblito junto al Rin en el sur cuatro sirios fueron detenidos por violar a dos menores. En Bielefeld, unos 500 hombres, -como siempre señalan los informes policiales y los políticos «con aspecto árabe y norteafricano»-, asediaron una discoteca y agredieron masivamente a las mujeres en sus inmediaciones. Hubo fuertes enfrentamientos con gentes de la discoteca y la policía que sin embargo también se vio en inferioridad numérica. Ese hecho se ha repetido en todos los escenarios. En Colonia la policía reconoció que había soltado a detenidos y no había podido ayudar por la masiva superioridad de unos hombres que ejercían una violencia que le hizo temer que hubiera muertos.
Mucho más profundos que los efectos políticos directos van a ser lasconsecuencias para la cultura política que ha sufrido su peor derrumbe y fiasco en mucho tiempo. Han fallado los políticos, han fallado la seguridad y la policía y han fallado dramáticamente los medios. Las mentiras y ocultaciones de la corrección política han impedido debatir abiertamente sobre problemas, peligros y amenazas de esta irrupción masiva de refugiados en Alemania. Pero además han impedido a los medios decir la verdad. Y a todos tomar decisiones correctas para prevenir situaciones así. Con la angustia de no dar argumentos a la extrema derecha se ha convertido toda la verdad en ultraderechista. Y, como ahora señalan alarmados tantos, se ha mentido y ocultado tanto que se ha dejado al Estado sin la verdad para defenderse.