domingo, 25 de enero de 2015

Open Cuba: Canadá y la chambelona cubana

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Open Cuba: Canadá y la chambelona cubana





Canadá nunca rompió relaciones con Cuba, ¿lo sabía usted? Un primer ministro canadiense, Pierre Trudeau, fue el primer jefe de gobierno de las naciones occidentales que visitó La Habana, y estrechó la mano de Castro. [Entre paréntesis: hoy sufrimos un retoño de aquel en el Parlamento Canadiense, con las mismas teorías comunistoides. La historia se repite dos veces, la segunda como una burla a la inteligencia, casi siempre]. Hombres de negocios canadienses fueron de los primeros que establecieron relaciones comerciales con la dictadura.
Puede que muchos desconozcan esto. Otros se los callan, a conveniencia.
Resultado de la historia. Castro nunca ha pronunciado públicamente ninguna de estas oraciones que acabo de escribir. Lo que prueba que le interesa mucho México, que hizo mucho menos, y desprecia a Canadá, quizás porque políticamente el gobierno canadiense ha expresado, algunas veces, unas tibias reservas con el gobierno de La Habana, le ha hecho críticas a sus políticas discriminatorias y a las violaciones de los derechos humanos en la isla.
La embajada canadiense ofrece, a cambio de las balsas hacia Miami, una vía más segura: el programa de emigración de profesionales y personal calificado. No tiene, sin embargo, ninguna “Ley de Ajuste Cubano”. Los emigrados aquí todos tenemos los mismos derechos y oportunidades, en  igualdad con el resto de los que emigran de todas partes del mundo.
Al menos, muy bien eso último.
En política exterior Canadá practica eso de “vivir y dejar vivir”… hasta que la cosa se calienta demasiado y la barbarie llega a grados de Libia o Egipto, entonces los primeros ministros adoptan la cara de marañón y levantan el dedo.
En la isla, los negociantes canadienses practican con asiduidad lo que sus colegas de otros países hacen diariamente. Pagan el diezmo miserable por debajo de la mesa a sus empleados cubanos, mientras sonríen hipócritamente por encima de la mesa al empleador socialista, pagándole la renta de estadia en el negocio conjunto. Es una práctica que todo el mundo conoce en La Habana.
Incluido los impugnados en “delitos de corrupción”.
Hablando de delitos, y de corruptelas que todos en ese país conocen, practican y saludan en privado. Desde los más altos niveles hasta el simple empleado de un hotel con gestión extranjera, pasando por los petro-cubanos en los lugares semi-administrados por las firmas canadienses en Varadero.
Hay una excepción a esta corruptela: los que ya tienen la mano metida en el bolsillo financiero de Cuba. Esos no necesitan nada más. Son dueños de los “caballitos”, bancos y loterías personales. Lo que hacen es repartir la corruptela entre los otros… elegidos a dedos y fidelidad de silencio.
De vez en vez, sin embargo, salta un “perico” en los negocios bilaterales entre Canadá y Cuba. Como es el caso de Vahe Cy Tokmakjian, que no es el primero, por cierto. Ni será el último.
Pero el “socio cubano” se hizo demasiado visible, al parecer, con los diezmos, o quizás no salpicó mucho a las alturas, o a lo mejor, como muchos conjeturan, hizo denuncias de extorsiones demasiado evidentes. De alguna forma Tokmakjian se hizo “insoportable” al gobierno cubano. La visibilidad del escándalo es algo que los dueños de los bolsillos socialistas no admiten.
Suerte de de Ochoa canadiense este Tokmakjian. Gambito de cambio, para limpiar expedientes locales.
De todas formas, la política canadiense bordea mucho la hipocresía, cierra mucho los ojos a la evidencia, y calla mientras sea necesario para cubrir las apariencias y proteger a los inversores canadienses en la isla. Cuba es, además, la playa tropicalista de Canadá. El hotel de veraneo de Toronto y Quebec. El tabaco de Vancouver y la mulata de Calgary y las praderas.
Las nalgas socialistas de Cuba distraen demasiado los ojos de los primeros ministros. Alguna pregunta me asalta, sin embargo.
¿Habrá que esperar por un PM abiertamente gay para que esto desaparezca, o será alguna otra cosa entonces?
Lo cierto es que Canadá, y su política exterior hacia elementos antidemocráticos en la sociedad de naciones como Cuba, tiene muchas coincidencias, por ejemplo, con lo que recientemente dijo Dilma Rousseff.
Respetan dictaduras y democracias. Se hacen de ojos ciegos mientras la sangre no llega al río y todo se convierte en un gran escándalo publicitario. Pero, para desgracia cubana, Cuba no es Libia y no tenemos a un blogger local que invite a levantarse a una población hace mucho tiempo dormida o escapada.
De alguna forma ese “respeto a  democracia y dictaduras”, que es en realidad respeto al atropello mas que a la tolerancia, es lo que piden algunos emigrados cubanos. ¡Que dejen vivir al gato!
En 56 años hemos aprendido a convivir con el atropello, la vigilancia, la boca cerrada, el silencio y el oportunismo, en vez de terminar con esas ideologías del despojo.
¡Bienvenida la dictadura en este mundo DictaBlando!
¿No es así?
Pero retornando al asunto en cuestión: el bochornoso comportamiento del veraneante tropicalista del norte. La política canadiense la venimos apreciando desde el mismo 1959. Desde entonces nada ha cambiado. No se acabará. No son los cubanos, ni ese gobierno, ni ninguna revolución la que ha “vencido” al embargo. Han sido los socios occidentales de Estados Unidos, Canadá incluido, quienes lo han hecho por los nativos isleños.
Por desgracia estas verdades se esconden en mucha hipocresía del intelecto, mucha ignorancia del periodismo y mucho oportunismo de la izquierda.
La chambelona cubana no dejará de ser apreciada por la melosa lengüetada canadiense. La nieve no sólo enfría el cerebro, también reclama la nostalgia tropical que nos trae el sol de Cuba, las arenas doradas y un paisaje montañoso de nalgas en un ensueño caribeño. Y así ningún político en Ottawa se le ocurrirá mencionar cerrar las puertas del hotel de invierno a su electorado, so pena de acabar de perder su asiento en el Parlamento.