viernes, 11 de julio de 2014

ALGUIEN CONOCE A ESTE "PERIODISTA" DE APLOPRESS EN SANTIAGO DE CUBA??????

NOMBRE INEXISTENTE,FOTO FALSA COMO CASI TODO LO QUE SALE DE APLOPRESS:



Al pueblo de Cuba, cubanos todos



Por: Víctor E. Sánchez
Periodista Independiente
Santiago de Cuba, 10 de julio del 2014
Al pueblo de Cuba, cubanos todos. Es hora de que escuchen los presentes y se enteren los ausentes. Tenemos que tomar la decisión y el control de nuestras vidas. Tenemos que salvar nuestra nación. No por nosotros solamente, sino por el futuro de nuestras familias.
¿Quién quiere para sus hijos, sus nietos y todos sus descendientes, la vida que a nosotros nos obligaron a vivir? Díganme, ¿Quién no quisiera dejarle a su familia un patrimonio construido con su propio trabajo, quién de ustedes me puede decir, que propiedad dejan para sus hijos, mientras los hijos de los dirigentes de la llamada Revolución viven en lujosas mansiones y tienen grandes propiedades en el extranjero?
Si todos hemos trabajado por igual, ¿cómo es posible, que de aquellos supuestos humildes rebeldes que bajaron de la Sierra Maestra, haya devenido una clase burguesa, que nada tiene que envidiarle a la burguesía que ellos mismos suplantaron? Esa cúpula gobernante, que no vive con tarjeta de abastecimiento, esa dichosa tarjeta de racionamiento que este sufrido pueblo arrastra ya por más de 50 años.
La gran mayoría de nuestra población ha sido relegada a la miseria, mientras ellos viven en la opulencia y el confort.
¿Quién de ustedes no se avergüenza, cuando ve algún miembro de su familia prostituirse para alcanzar un mejor modo de vida? Una vida, que moralmente con su capacidad y talento no puede alcanzar en su país. ¡Qué vergüenza, que como país tengamos una de las tasas de población penal más alta de América Latina! ¿Quién de ustedes no tiene o ha tenido un familiar preso?
¿Es porque somos un país de delincuentes?
No, porque en este país todo es un delito. ¿Quién responde por las difíciles condiciones económicas y sociales a que hemos sido sometidos por tantos años? Esa casta, que en su empeño por mantener el poder, como Saturno, devora a sus propios hijos.
Todo en nombre de un sinnúmero de banderas de justicia social, que no son más que nuestros propios derechos.
Es hora de que escuchen los presentes y se enteren los ausentes. Tenemos que tomar la decisión y el control de nuestras vidas. Tenemos que salvar nuestra nación. No por nosotros solamente, sino por el futuro de nuestras familias.
¿Quién quiere para sus hijos, sus nietos y todos sus descendientes, la vida que a nosotros nos obligaron a vivir? Díganme, ¿Quién no quisiera dejarle a su familia un patrimonio construido con su propio trabajo, quién de ustedes me puede decir, que propiedad dejan para sus hijos, mientras los hijos de los dirigentes de la llamada Revolución viven en lujosas mansiones y tienen grandes propiedades en el extranjero?
Si todos hemos trabajado por igual, ¿cómo es posible, que de aquellos supuestos humildes rebeldes que bajaron de la Sierra Maestra, haya devenido una clase burguesa, que nada tiene que envidiarle a la burguesía que ellos mismos suplantaron? Esa cúpula gobernante, que no vive con tarjeta de abastecimiento, esa dichosa tarjeta de racionamiento que este sufrido pueblo arrastra ya por más de 50 años.
La gran mayoría de nuestra población ha sido relegada a la miseria, mientras ellos viven en la opulencia y el confort.
¿Quién de ustedes no se avergüenza, cuando ve algún miembro de su familia prostituirse para alcanzar un mejor modo de vida? Una vida, que moralmente con su capacidad y talento no puede alcanzar en su país. ¡Qué vergüenza, que como país tengamos una de las tasas de población penal más alta de América Latina! ¿Quién de ustedes no tiene o ha tenido un familiar preso?
¿Es porque somos un país de delincuentes?
No, porque en este país todo es un delito. ¿Quién responde por las difíciles condiciones económicas y sociales a que hemos sido sometidos por tantos años? Esa casta, que en su empeño por mantener el poder, como Saturno, devora a sus propios hijos.
Todo en nombre de un sinnúmero de banderas de justicia social, que no son más que nuestros propios derechos.