domingo, 12 de enero de 2014

SOLO CENIZAS!!!!,LO QUE QUEDA DE UN HIJO DE UN PUTA!!!





Las fotos de Fidel


La publicación de esas fotos bastante repelentes de Fidel Castro tiene más que ver con Venezuela y el mundo bolivariano que con Cuba.

BERTRAND DE LA GRANGE | Madrid | 12 Ene 2014

                                      Castro, en el estudio del pintor Kcho. (GETTY IMAGES)
Los dos retratos de Fidel Castro publicados en paralelo en la prensa internacional, uno triunfal del año 1959 y otro patético de esta semana, son un reflejo elocuente del trágico naufragio de la propia Cuba en esos 55 años de revolución que separan las dos imágenes. El guerrillero espigado y de expresión altiva que llega a La Habana el 8 de enero de 1959, después de derribar la dictadura de Fulgencio Batista, se ha convertido en un anciano decrépito, con la mirada perdida, indiferente ante los resultados calamitosos de su gestión.
Hay seres humanos que envejecen mal —es el caso de Fidel, desde que los médicos cubanos equivocaron el diagnóstico de su enfermedad en 2006— y otros, la mayoría, que suscitan ternura y respeto. No dudo de que, a sus 87 años, el dictador jubilado reciba todo el afecto de su familia, de su entorno y quizás de miles de cubanos que se beneficiaron en algún momento de la revolución. Pese a las barbaries que cometen contra sus propios pueblos, los tiranos congregan multitudes llorosas cuando mueren. Hay los que sollozan para quedar bien con el sucesor. Y los que no han conocido otra cosa y se sienten huérfanos ante la desaparición de un padre autoritario. Así pasó con los entierros de Iosif Stalin y del norcoreano Kim Jong-il, y es probable que se repita el fenómeno cuando muera Fidel.
Sin embargo, las redes sociales están cambiando los comportamientos al permitir que los anticastristas del exilio, además de unos pocos del interior, expresen públicamente su rechazo a la figura del Líder Máximo. La publicación de las últimas fotos de Fidel —no se le había visto en un acto público desde abril pasado— ha desatado en el ciberespacio una ola de improperios y de maldiciones, que alternan entre el odio y el desánimo ante la confirmación de que el dinosaurio sigue ahí.
"Una ruina", "un guiñapo", "un ser despreciable" que ha "destruido el país y tantas familias", escriben los menos agresivos. Algunos se alegran de verlo "en pleno desuso de sus facultades físicas y mentales", y otros expresan el deseo de que viva "un poco más" para responder por sus crímenes ante la justicia.
¿Qué busca el régimen con la publicación de esas fotos bastante repelentes, tomadas en la galería de Alexis Leyva "Kcho", un pintor cortesano y, por ello, muy exitoso? Esas imágenes no parecen destinadas a galvanizar el entusiasmo del pueblo cubano hacia sus dirigentes, ya que la prensa de la Isla no les ha dado mucha cobertura. Tampoco se trata de agitar un trapo rojo ante las narices del enemigo, toda vez que este tipo de propaganda solo provoca mofa en el exilio.
Se me ocurre otra hipótesis, que tiene más que ver con Venezuela y el mundo bolivariano que con la propia Cuba. Desde la muerte de Hugo Chávez y la derrota de la candidata de izquierda a la presidencia de Honduras, el socialismo del siglo XXI está de capa caída. A pesar de su aspecto lamentable, Fidel sigue teniendo mucho tirón en esos sectores y, también, en los antiguos países no alineados. No está de más recordar que, si Raúl Castro fue recibido con todos los honores en África del Sur para el funeral de Nelson Mandela, no fue por su cargo de presidente de la Isla, sino porque su hermano mandó en los años 70 a decenas de miles de cubanos a combatir contra el ejército del apartheid.
Había que sacar a pasear al santo antes de la llegada de los invitados a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que se celebrará en La Habana a finales de este mes. Como era de esperarse, el primero en aplaudir la reaparición pública de Fidel ha sido el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, un hombre formado políticamente en Cuba y totalmente entregado a la causa castrista. A pesar de la enorme carga económica que representa la Isla para Caracas, el sucesor de Chávez ha insistido en la necesidad de "profundizar" las relaciones entre los dos aliados, lo que significa concretamente aumentar aún más las inversiones venezolanas en Cuba, a cambio de miles de "técnicos", cuya utilidad no ha sido demostrada.
"Ha llegado el tiempo de la hermandad, de la unión, más nunca podemos separarnos, más nunca, y que chillen los que tienen que chillar". Con esas palabras, dedicadas a la oposición y, también, al sector nacionalista de su propio partido, Maduro ha entregado la primera potencia petrolera de América Latina a una pequeña isla en bancarrota. Y lo hace por Fidel, su mentor, que sigue siendo el arma ideológica más poderosa del régimen cubano para convertir a Venezuela en una colonia a su servicio.

Fidel Castro: lo que queda



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