lunes, 13 de enero de 2014

RECORDANDO A REINALDO ARENAS: OTRO CUBANO QUE SE SUICIDÓ EN DICIEMBRE

RECORDANDO A REINALDO ARENAS: OTRO CUBANO QUE SE SUICIDÓ EN DICIEMBRE, VÍCTIMA DEL RÉGIMEN DE LOS HERMANOS CASTRO

Angélica Mora

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Foto de Reinaldo Arenas por Lázaro Gómez Carriles

Reinaldo Arenas se suicidó el 7 de diciembre de 1990.
-”Antes que me hagas la entrevista, tengo que decirte algo: tengo sida…”
Con esta advertencia se inició mi extraña entrada, hace veinte años, a fines de la década de los 80, en el sobrecogedor mundo del escritor cubano Reinaldo Arenas.
Arenas había acudido a las oficinas de Radio Martí, no para promocionar sus libros, que comenzaban a ser famosos en los Estados Unidos tras haber triunfado en Francia y otras naciones europeas, sino para hablar del único tema que le importaba:
“La falta de libertad en Cuba” y para denunciar a Fidel Castro.

Había una urgencia especial en el escritor. Quería dejar un testamento oral para sus compatriotas y el mundo. Pero antes de entrar a una pequeña cabina de grabación, en la que sólo cabíamos él y yo, -su compañero se quedó afuera- se volvió y me miró. Muy serio y en tono grave me advirtió: “tengo sida. ¿Te importa entrar a un lugar tan chiquito conmigo? ¿No tienes miedo de que se te pegue?. No pude dejar de reÍrme por lo solemne de la advertencia. “Te lo digo en serio”, agregó, sin entrar todavía en el mini estudio. Me encogí de hombros y le dije que no.
-”Creo que me voy a morir”, me dijo simplemente.
-”Todos nos tenemos que morir”, le contesté.
No, en serio, siguió diciendo. “Quiero que me entrevistes. Estoy luchando… (contra el sida), pero no estoy seguro de que ganaré la pelea. Me gustaría dejarte algo para que lo comuniques ahora y lo repitas cuando no esté presente. “Me duele Cuba…Me duele ¿a ver?, me duele como fuego. Y te tendría que contar tantas cosas…pero no tenemos tiempo”.
Arenas se había instalado en una de las dos sillas del mini estudio y movía unos papeles, que al final de la entrevista me dejó “para que saques datos”. Era Un plebiscito a Fidel Castro, donde se pedían elecciones libres en Cuba, como la consulta que hizo el General Augusto Pinochet en Chile.
La carta de Arenas, redactada en España junto con el pintor Jorge Camacho y su esposa Margarita, fue firmada por intelectuales, presidentes y premios Nobel.
Después de todas sus peripecias en Cuba, su salida de la Isla, su vida en EU. Reinaldo Arenas se había percatado de algo terrible: los males que sentía ahora que había triunfado tenían un nombre: sida. Debía apresurarse en cumplir lo que se había fijado como meta: su lucha por Cuba.

Para Arenas el plebiscito era su legado, su amor. Y era su odio infinito hacia el hombre que consideraba el culpable de todas sus desgracias, incluso del sida que lo estaba matando: Fidel Castro.
“En realidad no voy a decir que quisiera morirme, pero considero que cuando no hay otra opción que el sufrimiento y el dolor sin esperanzas, la muerte es mil veces mejor… Siempre he considerado un acto miserable mendigar la vida como un favor. O se vive como uno desea o es mejor no seguir viviendo. En Cuba había soportado miles de calamidades, porque siempre me alentó la esperanza de la fuga y la posibilidad de salvar mis manuscritos. Ahora la única fuga que me quedaba era la Muerte”.
De regreso de una de sus múltiples estadías en el hospital subió a duras penas las escaleras hacia su piso en Nueva York. Estaba solo, lo acompañaba su gato de dos colores, Tony. (De día lo acompañaba Lázaro, quien pese a su buena voluntad sufría sus propios fantasmas, aquejado de múltiples problemas nerviosos originados en Cuba, según Arenas).
En medio de su soledad decidió escribir su auto biografía Antes que Anochezca. La había titulado así para, mediante un juego de palabras, sintetizar sus penurias cuando, prófugo en los bosques, escribía urgentemente antes de que anocheciera, para aprovechar la luz del día… Y ahora también, en forma apresurada, escribía antes del crepúsculo, antes de que anocheciera. ”Ahora la noche avanza de nuevo en forma más inminente. Es la noche de la muerte”.
Arenas reunía las tres condiciones más idóneas para convertirse en un paria en el “Infierno” de la “Divina Comedia” del castrismo. El primer escalón descendente era el ser escritor, el segundo ser homosexual y el tercero ser disidente.

Mantuvo pocos amigos, casi todos fuera de la isla. En algunas oportunidades tuvo la suerte de poder enviar algunos manuscritos con turistas y visitantes de confianza, entre ellos el matrimonio Camacho. Y fue así como se hizo célebre fuera de su patria. Ganaba premios en el exterior, mientras corría de un escondite a otro, perseguido por un sistema que se sentía burlado al saber que el escritor estaba publicando fuera de Cuba. Fue encarcelado varias veces. Cuando salió de la prisión decidió escapar para conocer “como es el sabor de la libertad”.
Llegó a EU. Estuvo un tiempo en Miami y luego se residenció en Nueva York. Pero fue muy poco lo que pudo gozar de su recién adquirida calma espiritual.
“Veo que llego casi al final de esta presentación, que es en realidad mi fin, y no he hablado mucho del sida. No puedo hacerlo, no sé que es {…} Cuando yo llegué del hospital a mi apartamento, me arrastré hasta una foto que tengo en la pared de Virgilio Piñera, muerto en 1979, y le hablé de este modo: ‘Óyeme lo que te voy a decir, necesito tres años más de vida para terminar mi obra, que es mi venganza contra casi todo el género humano’.
Creo que el rostro de Virgilio se ensombreció, como si lo que le pedí hubiera sido algo desmesurado. Han pasado casi tres años de aquella petición desesperada. Mi fin es inminente. Espero mantener la ecuanimidad hasta el último instante. Gracias Virgilio”.
El 7 de diciembre de 1990, en fase terminal del sida, Reinaldo Arenas se suicidaba en Nueva York.
“Queridos amigos, debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida…Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión.
“Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.
“Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la isla los exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza. Cuba será libre. Yo ya lo soy”
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