domingo, 8 de diciembre de 2013

ARTES MARCIALES EN CUBA.INTERESANTE MATERIAL

Artes marciales japonesas en La Habana Vieja. (1908-2009) (Artículo Ampliado)


Por Rafael Fernández Moya, Especialista en Relaciones Culturales en la Compañía Turística Habaguanex S.A, adscrita a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

La historia de la parte antigua de La Habana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982, está matizada también por la presencia y las huellas dejadas por hijos del país del sol naciente, comenzando por un ilustre misionero que visitó la ciudad en el siglo XVII en tránsito hacia Europa.

Se trata de Hasekura Rokuemon Tsunenaga, quien partió de Sendai en el año 1613 en calidad de embajador de buena voluntad (Misión de Keicho) enviado hacia Europa durante la Era de Descubrimiento, por orden del entonces señor feudal de Sendai, Date Masamune.  Cruzando el Océano Pacífico y el Atlántico, llegó a España y Roma en donde logró que se le concediera audiencias con el rey Felipe III y el Sumo Pontífice Paulo V. Tsunenaga  regresó a su tierra natal en 1620 después de un duro viaje de 7 años, tras haber pasado muchas privaciones en suelos extraños, superando dificultades y cumpliendo con su misión.  Parece que algunos de los integrantes de su cortejo se quedaron en Coria del Río, región de Sevilla, España; donde fueron tan bien acogidos que acabaron casados con nativos a los que les legaron el apellido toponímico “Japón”. Una estatua suya  donada por la Universidad de Sendai, fue emplazada frente a la bahía habanera.

El público habanero ha tenido la oportunidad de presenciar manifestaciones de artes marciales japonesas desde principios del siglo XX, comenzando por el jujutsu, que  significa “ciencia de la suavidad”  o “arte suave” y se denomina así a las técnicas de combate elaboradas en Japón por los Bushi (caballeros) durante el período Kamakura (1185-1333). Originalmente las técnicas estaban destinadas a los guerreros desarmados para que pudieran defenderse contra los enemigos que aún permanecían armados y se diseñaron para inhabilitar, mutilar o matar.

Este arte deriva de las antiguas técnicas del kumi-uchi o yawara, entre otras denominaciones descritas en el tratado budista del siglo XIII denominado Konjaku-monogatari, y sus técnicas se combinaron con movimientos y llaves adoptados de los antiguos métodos chinos de combate.

Durante el período Edo (1603-1868), cuando Japón estaba en condiciones de paz, el ju-jutsu se difundió como un arte marcial y sus técnicas se extendieron por todo el país. Su  práctica se reglamentó al comienzo del período Meiji (1868-1912) en el tiempo en que a los samuráis les estaba prohibido  llevar espada y las contiendas entre familias nobles estaban también prohibidas. En esa época el ju-jutsu se convirtió para el samurai en un medio para obtener recursos realizando cualquier tipo de actividad y exhibiciones públicas.












Jigoro Kano

En 1882, Jigoro Kano Shihan, con los conocimientos adquiridos de dos escuelas principales de jujutsu, a los que agregó sus propios descubrimientos, fundó un nuevo sistema de cultura física y de entrenamiento mental que llamó  Kodokan Judo. El Judo surgió entonces con una incomparable carga de moral y ética, basado en principios generales colectivos de bienestar y prosperidad física y mental, y se arraigó definitivamente en Japón en 1886.

Los primeros indicios de práctica de jujutsu en Cuba, datan de la primera década del siglo XX, época en que visitó La Habana en más de una ocasión el experto en judo japonés , el señor Mitsuyo Maeda , cuarto Dan del Ju Do Kodokan de Japón  nacido en 1878 en Hirosaki, prefectura de Aomori, el cual ganó gran reputación en la Isla.











Mitsuyo Maeda (Conde Koma)

Sobre este luchador escribió un libro Norio Kohyama titulado “A Lion’s dream, the story of Mitsuyo Maeda”, quien viajó a Cuba y Brasil para documentarse con informaciones publicadas en la prensa y con testimonios de miembros de la colonia japonesa en ambos países. Según este escritor, Maeda  se mudó a Tokio a la edad de 18 años, entró en el Kodokan en 1897 y rápidamente se colocó entre los judokas jóvenes más prometedores. En 1904, cumpliendo una invitación del presidente de los Estados Unidos, Teodoro Roosevelt, el Kodokan envió a ese país a Mitsuyo Maeda, uno de los primeros alumnos del maestro Jigoro Kano, y al sexto dan Tsunejiro Tomita,  uno de sus instructores, quienes hicieron demostraciones en la Academia Militar de West Point. Tsunejiro Tomita, se encargaría de las explicaciones teóricas sobre el arte marcial, mientras que Mitsuyo Maeda haría las demostraciones físicas...









Tsumejiro Tomita

En la ciudad de Atlanta, Georgia, en el mes de diciembre de 1905 realizó Maeda sus últimos combates en Estados Unidos, y desde este país viajó a La Habana acompañado de Akitaro Ono y Tokugoro Ito. En el período que aquí permaneció, Maeda derrotó a Adobamond, calificado entonces como el luchador número 1 en Cuba. Después de ésta,  su primera visita a Cuba, Maeda viajó a Europa acompañado de Satake Nobushiro, llegando el 8 de febrero de 1907  a Liverpool, Inglaterra

El 14 de diciembre de 1908  llegó a Cuba Maeda procedente de  España donde participó en combates como el Conde Koma que desde entonces se convirtió en su nombre profesional.  En el teatro Payret de la capital, según reportó El Fígaro en su primer número de enero 1909, Mitsuyo Maeda realizó demostraciones con su ayudante, un mulato cubano de apellido Miranda que lo acompañaba hacía algún tiempo. El Conde Koma permaneció en La Habana hasta julio de 1909, de donde se dirigió a México, para regresar a la capital cubana el año siguiente y luchar contra el boxeador norteamericano Jack Connell en combate que se efectuó el 23 de agosto de 1910 y  resultó “tabla” Varios años más tarde se encontraba Maeda en El Salvador donde en la noche del 2 de enero de 1913 participó en las funciones de un circo japonés junto a un artista marcial llamado Nishimura y un cubano de apellido Pérez que realizaron un combate ganado por el primero en cinco rounds. En esa ciudad centroamericana Maeda dio clases a oficiales y clases de fuerzas militares de la presidencia del país.

Su gira por América llevó a Mitsuyo Maeda hasta Chile. Realizó demostraciones en Valparaíso, en 1914, y efectuó, además, algunos combates con atletas de lucha grecorromana, boxeadores, etc. Con él adquirió algunos conocimientos de jiu jitsu  Amadeo Pelegrini, ex campeón de lucha grecorromana, quien impartió clases de ese arte en la Policía nacional chilena

Mitsuyo Maeda se asentó en 1915 en Belén, capital del estado brasileño Pará , donde se dedicó a ayudar incansablemente a  inmigrantes japoneses que desde 1900 se establecieron en el sur, norte y noreste de Brasil.  Belén se convirtió en su hogar definitivo y desde allí viajó a otros países de América cada vez que se le presentó la oportunidad. En Brasil enseñó a Carlos Gracie, fundador de la Academia Gracie Jiu Jitsu que abrió sus puertas en 1925 en Río de Janeiro, de la que fue también profesor un hermano de Carlos llamado Helio, quien fue muy famoso por sus victorias contra  campeones japoneses










El célebre luchador japonés Mitsuyo Maeda, conocido profesionalmente por el Conde Koma, llegó a La Habana por cuarta vez en enero de 1912, acompañado de otros tres judokas japoneses nombrados Ono Akitaro, Satake Nobushiro e Ito Tokugoro y fueron llamados “Los Cuatro Emperadores”. El promotor del Conde Koma fue Rodríguez Arango, mientras que Ono Akitaro era asistido por Santos (Pablo) y Artigas (Jesús) quienes contrataban especialmente el teatro Payret  El Conde Koma realizó algunas demostraciones y combates y ofrecía cierta suma de dinero al contendiente que soportara cinco minutos de combate, así como una suma muy superior al que lograra vencerlo. El miércoles 31 de enero Akitaro Ono venció a Desiderio Llanes y el jueves 5 de febrero venció a Ito en 12 rounds. El viernes 9 de febrero el Conde Koma venció a Akitaro en 29 rounds.









Se conoce que en el período transcurrido desde 1906 hasta  1912 durante sus estancias en La Habana el Conde Koma dio instrucciones de su arte a varios deportistas jóvenes de la capital. Un joven mexicano llamado Miguel Ángel Febles, nacido en 1896, quien practicó boxeo y Jujitsu, junto a otro pionero de ambas especialidades de cultura física, el chinito-cubano nombrado Chu Aranguren, tuvieron la oportunidad de conocer al Conde Koma y ser sus discípulos. Fueron tantos y tan rápidos los adelantos de Febles, que asombró a su maestro, campeón mundial de jujutsu, quien pronosticó que a pesar de su poco peso (126 libras), el jovencito Mike Febles sería un destacado luchador. Posteriormente, el joven mexicano, junto a su amigo Bernardino San Martín, recibió clases de boxeo en la primera academia de ese deporte que instaló en La Habana el chileno John Budinich. Bernardino San Martín llegó a ser campeón de peso de papel, título que perdió en el patio del American Club, en Prado y Virtudes, con el chinito Víctor Tomás Achan.

El 13 de abril de 1913 se celebró un combate de boxeo en la división de las 112 libras, en un improvisado cuadrilátero montado en una humilde casa con piso de cemento, sita en el callejón del Conde Cañongo, al costado de la iglesia de Monserrate, donde habitaba Mike Febles. Los contendientes eran el chinito Víctor Tomás Achan y Florentino Llanos. Después de la pelea de boxeo, se ofreció una exhibición de jiu jitsu por parte de Mike Febles y Chu Aranguren  En el mes de septiembre del mismo año 1913  la revista ilustrada El Fígaro,  de La Habana, publicó una fotografía de Adolfo León Osorio, campeón de jiujitsu de 115 libras de peso que se preparaba para enfrentarse a  Will Bingham, luchador inglés de peso mediano y experto en jiu jitsu

Mike Febles defendió su título de peso ligero de jiujitsu frente al norteamericano aplatanado Walter Cousin, quien lo derrotó en encuentro celebrado el  domingo 10 de enero de 1915 en el Circo Pubillones, que realizaba sus espectáculos en el Politeama Grande, sala de teatro situada en la parte alta de la Manzana de Gómez.  El 8 de mayo siguiente se anunció la primera exhibición que realizaría en La Habana el campeón mundial de jiujitsu, Taro Miyake, quien ofreció mil pesos de premio al luchador que lo venciera y 250 al que lo resistiera durante veinte minutos. Mike Febles venció al campeón japonés ante el asombro del público presente en el Teatro Colón,  situado en Zulueta entre Dragones y Teniente Rey..

 El año siguiente, contando apenas 20 años de edad, Mike Febles regresó a su país donde se desempeñó como triunfante boxeador y fue preparador de la escuadra mexicana de boxeo que representó al país azteca en las olimpiadas de 1928 celebradas en Ámsterdam, Holanda. Y, terminó su vida como instructor de defensa personal de la Policía Mexicana

En la Arena Colón, escenario al aire libre situado en Zulueta entre Dragones y Teniente Rey, al costado del Teatro Martí ,  el 16 de octubre de 1916 se ofreció un programa de jiu jitsu por el campeonato de los pesos completos entre Benjamín González y Desiderio Llanes, resultando campeón el primero. Esta Arena, cuya apertura se realizó en marzo de 1915, había sido construida por Mr. Robinson, para peleas de boxeo.

En el mes de abril de 1918 se presentó en el teatro Payret, sito en Prado y San José, el campeón Tayemon Takeuchi. Tres años más tarde, el 26 de septiembre de 1921, llegó a La Habana el campeón mundial Conde Koma, o Conde Amarillo, quien  esa vez vino acompañado del profesor Satake, ya conocido por el publico cubano, su esposa, su secretario y un cocinero. Nueve años habían transcurrido desde la última presentación en La Habana del campeón japonés, quien viajó por países de América Latina donde venció a todo luchador y aficionado que se pusiera la clásica kimona para enfrentarlo. Durante ese período pasó 6 años en Brasil (5 en Paraná y 1 en Río de Janeiro).

El día 30 de septiembre debutó el Conde Koma en el Teatro Payret, o el Rojo Coliseo como lo llamara Enrique Fontanilles en sus crónicas sociales. En las demostraciones que se hicieron antes de su aparición en escena, participó el primer dan de judo Sadao Kubota. El 14 de octubre el Conde Koma derrotó al Español Incógnito y ante protestas y retos, volvió a derrotarlo el 22 de ese mes, aunque no en 10 rounds como había apostado

El Conde Koma murió en 1941 en Brasil a la edad de 63 años, nacionalizado en este país suramericano y sin haber regresado a Japón desde su salida en 1904. Durante su peregrinación por Estados Unidos, España, Inglaterra, Cuba, América Central y Brasil, se dedico a  de demostrar la superioridad del judo sobre la lucha libre y el boxeo que el calificaba de juegos con reglas, así como a instruir y preparar judokas con el propósito de extender el conocimiento, la enseñanza y la práctica de ese arte marcial oriental en el mundo occidental.

El luchador conocido por el Español Incógnito que combatió con el Conde Koma, se llamaba Pablo Álvarez y en 1924, residiendo en la calle O´Reilly número 57,  (actualmente 453 entre Aguacate y Villegas), anunciaba en la prensa local su capacidad para formar expertos luchadores mediante un curso por correspondencia que contemplaba preparación en lucha científica, defensa propia, jiu-jitsu y cultura física. Este luchador, que se proclamaba campeón invicto y profesor de muchos alumnos, también ofrecía su servicio de preparación física  contra la obesidad.

En la calle Zanja esquina a Campanario estaba situada la sociedad china de cultura física Hai Yut Wui, donde, a  partir de1932  el maestro Wong Kei comenzó a instruir en artes marciales chinas (wushu o kung fu) a Rufino Alay Chang, quien a principios de 1960 inició en esta disciplina a los cubanos que más tarde fundaron la Escuela Cubana de Karate do   

En esa época residía en el país una colonia japonesa cuya existencia llevó a la constitución en 1927 de la Sociedad Japonesa de Cuba, con domicilio en Maloja 29 entre Angeles y Rayo, presidida por su principal gestor el señor Hidiji Kato, quien bien podía ser Hideichi Kato, residente en 1941 en Diez de Octubre número 287. En el mes de enero del mismo año se constituyó la Sociedad Japonesa de instrucción y recreo Showa Kai, con domicilio en O’Reilly 80 (actual 468) esquina a Villegas, cuya directiva estaba compuesta por los señores Keitaro Ohira, presidente, Kitaro Ichikawa, vicepresidente, y Tadao Ohira, tesorero

 El núcleo primitivo de esta colonia debió surgir a la llegada de Y. Osuna a La Habana el 9 de septiembre de 1898  a bordo del vapor Orizaba, con planes de establecerse en la Isla, quien fue seguido por otros de su nacionalidad tales como Tomehachi Kobayashi y J.  Ohira .En el censo de población realizado el año siguiente por el gobierno interventor norteamericano, aparecen registrados ocho ciudadanos japoneses, de los cuales siete  varones y una hembra. Dos de ellos (un hombre y una mujer), residían en la ciudad de La Habana y 3 en la de Matanzas, mientras que los tres restantes radicaban separadamente en las provincias de Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba.

Existe la posibilidad de que inmigrantes japoneses hubieran llegado a Cuba amparados de documentación falsa emitida en China o en Cuba. EL 27 de abril de 1924 la revista Policía Cubana y principales diarios de la capital divulgaban la noticia de que 14 comerciantes chinos de La Habana se dedicaban al tráfico ilegal de sus conciudadanos. En un parte del Jefe de la Policía Judicial se expuso que por los puertos de la Isla, particularmente el de La Habana, entraba gran cantidad de inmigrantes asiáticos, en número que sobrepasaba los 15 mil, mediante acuerdo entre los agentes consulares de la República de Cuba  y determinados especuladores chinos, utilizando declaraciones juradas falsas en que se consignaba con status de estudiantes y comerciantes a los numerosos asiáticos que entraban al país

Circunstancias políticas y militares pudieron allanar el camino de ciudadanos japoneses necesitados de viajar de manera encubierta. Era común que se produjeran cambios de nombres por razones personales y políticas, cosa que hicieron muchas familias  Muchos se vieron forzados a viajar al extranjero tratando de evadir la persecución de la Kempen tai (Policía secreta imperial), por el simple hecho de que pertenecieran o fueran miembros de las sectas religiosas Omoto e Ichirei.
El Tratado de Shimonoshi de 1895 que puso fin a la guerra chino-japonesa de Corea bien pudo facilitar esa actitud, pues en virtud del mismo China debía ceder las islas Taiwán y Pescadores a Japón, que ejerció en esos territorios una rigurosa ocupación que incluía la japonización a nivel cultural. Al principio de la II Guerra Mundial (1939-1945) los japoneses convirtieron a Taiwán en parte de su imperio.

Cuba mantenía relaciones diplomáticas con  Japón, las que habían comenzado con el nombramiento oficial de 17 de julio de 1918, de una Legación cubana en la nación oriental y el 23 de ese mes fue nombrado ministro de Cuba en Japón Guillermo Blanck y Menocal. A principios de 1919 estaba establecida en la capital la firma Cuba & Nippon Trading Co. Ltd., con domicilio en O’Reilly número 72 (actual 458), entre Aguacate y Villegas, que bajo el título de “arte japonés“ comercializaba porcelana fina, tapices de seda bordados con oro y plata, sandalias y pantuflas, esteras, etc. El siguiente año, el 6 de agosto de 1920, visitó La Habana el crucero japonés Kasuga

El historiador y periodista Herminio Portell Vilá reveló  en un artículo publicado en diciembre de 1941, que Japón fue una de las últimas naciones en reconocer la independencia de Cuba, y no fue hasta que Gerardo Machado inició sus pininos nacionalistas y anti norteamericanos que los gobernantes japoneses se decidieron a tener relaciones diplomáticas normales con nuestro país, y llegaron a negociar un tratado de comercio y migración totalmente ventajoso para su nación. A fines de enero de 1932 el excelentísimo señor  Katsuji Debuchi, embajador del Japón en Washington se acreditó como ministro de su nación en La Habana, y fue sucedido en el puesto por Tomoo Watanabe, quien a su vez fue sustituido por Takahara Ito, cuyo arribo a La Habana se produjo en abril de 1935.

Es muy significativo que en el mes de noviembre de 1932 visitó La Habana acompañado de su esposa el pintor japonés Tsuguharu Fujita, uno de los artistas más famosos del mundo radicado en París. La capital cubana fue una de las escalas de su gira por América que comprendió también a Bolivia, Perú, Argentina y Brasil, donde había importantes asentamientos de inmigrantes japoneses. El pintor Fujita se hospedó en el hotel Plaza,  exhibió obras suyas en una improvisada exposición organizada en el Lyceum, visitó la fábrica de tabacos Por Larrañaga y compartió con artistas e intelectuales cubanos. Armando Maribona lo entrevistó y le hizo una caricatura, que le obsequió amistosamente. Fujita posó para la revista Bohemia y le dedicó la foto











Tsuguharu Fujita

En diciembre de 1941 el gobierno de Cuba declaró la guerra a Japón como nación integrante del eje fascista que formaban también Alemania e Italia, e inmediatamente se ordenó la detención y reclusión penitenciaria de los súbditos de esas naciones. Con motivo de esa declaración de hostilidades el ex teniente Rafael Reyna publicó un artículo en el que manifiesta que por más de veinte años pescadores japoneses se mantenían pescando en las costas de Cuba y viviendo sobre las mismas, primeramente en Batabanó, y después en Cienfuegos, mientras que algunos agricultores se establecieron en Isla de Pinos. Señaló Rafael Reyna que había podido observar que existía  una jefatura de carácter militar en cada grupo componente de la colonia japonesa, los cuales se mantuvieron siempre en contacto a pesar de que algunos no estaban situados en lugares con buenas vías de comunicación. En ese momento los inmigrantes japoneses estaban distribuidos en las 6 provincias entonces existentes y en Isla de Pinos, vinculada una buena parte de ellos a labores agrícolas en fincas de cultivos varios e ingenios azucareros.

En la capital de la Isla habían puntos de la ciudad donde residían desde la década de 1930 ciudadanos japoneses que gozaban de cierta reputación en el seno de la colonia, tales como Maloja 29, posteriormente 57, Centro Habana, donde se constituyó en 1927 la Sociedad Japonesa de Cuba, la casa de Obispo 80, actualmente 466, esquina a Villegas, donde en 1932 radicaba la tienda de efectos japoneses propiedad de Keitaro Ohira y ocho años después la tienda de quincallería El Sol Naciente, de J. Ohira y Cía, O’Reilly 102, actual 522, en cuya planta baja izquierda había un establecimiento dedicado al giro de sedería y quincallería titulado La Flor de Tokio, a cargo de Juan Koitsu Hayashi , mientras que el de la derecha estaba ocupado por Riichi Sakakibara,  la casa de Villegas 115, domicilio de Tadao Ohira, comerciante comisionista, el domicilio de Hideichi o Hidiji Kato, sito en Diez de Octubre 287, Jesús del Monte.    

Después de la segunda guerra mundial, en 1947, se estableció en la planta alta de una casa de la calle San Miguel, Centro Habana, una academia de jiu jitsu, cuyo profesor y propietario fue el japonés Shigetoshi Morita, nacido en Japón en 1904, quien había llegado a la Isla el 17 de diciembre de 1925 y 16 años más tarde residía en Calzada 251, Vedado. Posteriormente, trasladó su academia a la Avenida 51 entre 118 y 120, Marianao, donde funcionó hasta principios de la década de 1960-70. Falleció en Cuba el 15 de agosto de 1982

Antes de 1950 el señor Julio García enseñaba el jiujutsu al doctor Rafael Rodríguez en un local de su residencia, sita en la calle San Lázaro 910 (Gimnasio Lucas Liederman), frente a la Universidad. También enseñaba este arte en Miramar, un joven maestro descendiente de chino nombrado Franciscco Moc Sit (Moc Kan Sent), de lo cual tuvo conocimiento el público de la capital, que pudo leer dos artículos de su autoría  publicados en la revista Bohemia, en mayo de 1950 y  abril de 1951. El profesor Moc Kan Sent, quien también fue instructor del Servicio de Inteligencia Militar del Ejército, tenía un numeroso grupo de alumnos integrado, entre otros, por Jorge Álvarez, Eugenio Amart, Antonio Moreno, doctor Jaime Cervera, Pedro González, Julio Cervera, Bernardo Wolf, Ignacio Almagro, José Raúl Corujo, Rafael Almagro y William Oberjeiser. . Posteriormente, además del Club Miramar, Moc Sit dirigió la Sección Judo Juventud China

La introducción del judo clásico en Cuba se debe a Andrés Kolychkine Thompson, maestro y octavo dan, nacido en Finlandia y radicado en Bélgica, quien llegó a la Isla en enero de 1951. En febrero del mismo año se inauguró el primer dojo o sala de judo, nombrada Jujutsu Club Habana y situada en la calle 23 número 1416 casi esquina A 24, Vedado. En el mes de agosto siguiente sumaban cuatro los clubs existentes (tres en la capital y uno en Manzanillo) denominados Jiujitsu Club Habana, Jiujitsu Club Capitolio, Jiujitsu Club Miramar y Jiujitsu Club Manzanillo. Con ellos se procedió a la constitución de la Federación Cubana de Judo que comenzó a funcionar legalmente a partir del 23 de febrero de 1952, con domicilio social en la calle 18 número 214 esquina a 117, en el Vedado. También en 1952 se celebró el Primer Campeonato Nacional de Judo











Andrés Kolychkine Thompson

El Jiujitsu Club Capitolio había sido fundado el 7 de julio de 1951, ubicado en el Arco del Hotel Pasaje número 6, entre Prado y Zulueta (actual Sala Kid Chocolate). El instructor de ese club fue el señor Julio García García, que a su vez lo era de la Policía Secreta y asesor de la Dirección General de Deportes. En la apertura del club se hicieron demostraciones por el propio Julio García y el profesor Andrés Kolychkine Thompson

Desde su constitución la Federación Cubana de Jiujitsu (FCJJ) puso en práctica un plan de divulgación para la promoción de ese arte marcial. El 15 de noviembre de 1951 se realizaron exhibiciones y demostraciones de judo en el Casino Español de La Habana, situado en Prado y Ánimas, con la participación de Andrés Kolychkine, Julio García y Francisco Moc Sit. Tres días más tarde, en el teatro Águila de Oro, propiedad de Federico Chikacio y situado en Rayo y Zanja, en el barrio chino, se realizaron demostraciones de judo auspiciadas por la colonia china, en las que tomaron parte, entre otros, Andrés Kolychkine Thompson, Julio García García, Francisco Moc Sit, Miguel Chang Chiang, Rigoberto Cheo, Gerardo Chiu, Luís Guardia Guerra, Luís Rodríguez, Fernando Yi Lastre, Armando Valdés. Por la FCJJ se encontraba su presidente, el doctor Rafael Domínguez. El 22 de marzo de 1952, en el local que ocupaba la Academia de la Policía Nacional, en los altos de la octava demarcación, se realizó exhibición de judo y una demostración de defensa personal, así como combates en los cuales participaron alumnos del Club Sevilla Biltmore, entre otros.

El 3 de agosto de 1952 comenzó sus actividades la Sección de Judo Bancario, solamente con dos alumnos: Bernardo Wolf, del Banco del Caribe y Donato Corujo, del National City Bank, bajo la dirección de José Raúl Corujo. Poco tiempo después, aumentó sus alumnos a once y llegó hasta cuatro el número de bancos activos al incorporarse el Royal Bank y el Trust Company, ubicados en el llamado distrito bancario de la Habana Vieja. En sus inicios esta Sección realizó sus prácticas en el local de la del Judo Club Telefónico, situada en Trocadero número 105, segundo piso, entre Consulado y Prado, dirigida por el profesor Gerardo Chiu  

El doctor Cándido Mora, judoka, organizó las competencias por la Copa del Capitolio Nacional que se celebraron el 7 de octubre de 1952 en los salones del edificio que ocuparon los cuerpos legislativos de la nación, el Senado y la Cámara de Representantes. Allí se había constituido la Sección Judo del Congreso, cuya admisión en la FCJJ se produjo el 29 de octubre de ese año, siendo  nombrado profesor de la misma Heriberto García González en lugar de Francisco Moc Sit . En el mismo mes y  año se celebraron en La Habana las primeras Competencias Pan Americanas de Judo, que tuvieron lugar en el Palacio de los Deportes y las Convenciones, situado en Paseo y Malecón, así como el primer Congreso de Judo de América, que realizó su primera  reunión en el Capitolio Nacional 

En diciembre de 1952 visitó La Habana una delegación del Kodokan compuesta por el doctor Tagaki, octavo dan y entrenador del equipo nacional japonés, Yoshimatsu, séptimo dan y campeón de Japón 1952-53 y Osawa, quinto dan, considerado el mejor técnico de Japón. Ellos participaron en un festival organizado por la Federación de Judo y Jiu Jitsu, celebrado en el Centro Asturiano de La Habana, el 29 de diciembre de dicho año. La presentación del programa estuvo a cargo del doctor Carlos de Lejarza, el nage-no-kata por los señores Takagaki y Yoshimatzu. También se ejecutaron el kochi-ki-no-kata y una demostración del kusu-no-kata. Asimismo, se efectuaron competencias interclubs.

En 1953 se realizó la graduación de los cinco  primeros cintas negras cubanos, nombrados Heriberto García Gómez, Francisco Moc Sit (Moc Kan Sent), Julio García, Luís Guardia Guerra y Gerardo Chiu Asión. Este último fue profesor del Centro Judo Club situado en la calle Lealtad entre san Lázaro y Lagunas, Centro Habana. Dos años más tarde, entre los miembros del Colegio Nacional de Cintas Negras (la Judansha-Kai de Cuba) figuraban  los primeros Danes Riichi y Kikuo Sakakibara, dos japoneses hermanos que ya residían en el país en la década de 1930       

También era miembro de la Yudansha-Kai el señor Juan Roelandts Verdy, primer dan, quien fue elegido para el cargo de Vicepresidente de la junta directiva de la FCJJ, así como miembro de su comisión de grado para el período 1955-56, en sustitución del Presidente, que no había alcanzado todavía el cinturón negro. Era él delegado de la Sección Franco-Belga en dicha Federación, que contaba con un grupo numeroso de mujeres que practicaban ese deporte, Su padre, Emilio Roelandts, era cónsul de Bélgica honorario y él mismo había desempeñado los cargos de secretario y canciller del Consulado, que tenía domicilio en la calle O’Reilly 202 esquina a San Ignacio. En la década de 1960 Juan Roelandts era gerente de la sociedad Roelandts e Hijos y director de la Sociedad Francesa de Beneficencia.

Antes de 1959 varios maestros impartieron clases de karate en Cuba, destacando entre ellos el cuarto dan de Wado Ryu que apodaban el Indonesio, quien abandonó el país alrededor de 1962. En junio de 1964 llegaron a Cuba varios ciudadanos japoneses para transmitir la técnica de la pesca del atún en nuestro país, contándose entre ellos Masaaki Kohagura, miembro del Partido Comunista de Japón y especialista en telecomunicaciones, quien ha sido reconocido como el introductor en la Isla de la práctica del karate-do estilo Shorin ryu, surgido en Okinawa. Sus primeros discípulos fueron los siete samuráis cubanos: Heriberto Rodríguez Oquendo (Agustín Rizo), Domingo Rodríguez Oquendo (Raúl Rizo), Carlos Rivero, Nelson Cruz, Fulgencio Vega Calero (Vargas), Joseito Rodríguez García y Orlando González Reyes (Indio). Dos años más tarde, en el mes de junio de 1966, se inauguró la primera sala de karate-do en los altos del antiguo restaurante Caracas, situado en Prado esquina a Neptuno.










Masaaki Kohagura

El maestro Kohagura, quien reconoció a Raúl Rizo como el máximo dirigente del karate-do cubano, permaneció en La Habana hasta el año 1969, residiendo en la casa de su compatriota Akino Yamane, quien era instructor técnico en tornería del taller de la Flota Cubana de Pesca, y residía con su esposa Yasuko en la Habana del Este. Cuando terminó su misión en Cuba, fue reemplazado por Seiki Kobayashi, quien trabajó también en la preparación de los karatekas cubanos.

En 1969 visitó Cuba el maestro de Jyoshin-Mon nombrado Hoshu Ikeda, quinto dan, quien permaneció en el país durante mes y medio con el objetivo de impartir un curso especial. Sus alumnos obtuvieron el grado de cinta negra, dejando las bases sentadas para que posteriormente se fundara la Escuela Nacional de Karate-Do de Cuba (ENKC) miembro de la Sociedad Deportiva Dínamo Capitán San Luís, cuyo principal instructor desde su fundación fue el segundo dan Raúl Rizo.











Hoshu Ikeda

El maestro Ikeda regresó a Cuba dos años después acompañado de su ayudante Akiro Ito y en esta ocasión otorgó los grados de segundo dan a varios karatekas cubanos, entre ellos Raúl Rizo que en 1972 viajó a Japón para adquirir mayores  conocimientos  en la escuela de dicho maestro, radicada en Tokio, donde, en el curso de un año alcanzó el grado de cuarto dan del estilo Jyoshin-Mon. El maestro Rizo regresó a Cuba en 1976 con el grado de quinto dan y la categoría docente de maestro, posteriormente recibe el sexto dan.

La combinación de artes marciales con otras dirigidas al desarrollo intelectual y espiritual, así como de habilidades físicas, constituye la esencia  de un proyecto comunitario puesto en práctica por el promotor César Towie en el Museo municipal de Centro Habana, titulado Bun Bu Ryo Do, concepto japonés que significa el camino de la doble vía, la del mejoramiento marcial, artístico y cultural. Dicho proyecto se ha dedicado a crear un espacio apropiado para las artes tradicionales japonesas, como el Origami (arte manual de elaborar figuras con papel), el Shiasu (masaje japonés), y el Haiku (estilo de poesía tradicional japonesa que pretende describir el entorno de manera sencilla y directa)

Otra manifestación artística desarrollada en Japón, la técnica Raku, tiene una destacada cultora en Cuba, la ceramista Amelia Carballo, que desarrolla su arte en el taller de cerámica Terracota 4 que radica en la calle Mercaderes de La Habana Vieja. Esta técnica, que primero cultivaron los coreanos, pasó después a Japón, donde las vasijas que se utilizan para la ceremonia del té deben ser distintas. La misma se caracteriza por que ninguna pieza queda igual a otra, aunque tengan la misma  forma. Dicho taller promovió y organizó el primer simposio internacional de cerámica de pequeño formato, Raku 97, que tuvo lugar desde el 26 de abril hasta el 12 de mayo de 1997 como parte de la Sexta Bienal de La Habana 











Amelia Carballo

Entre los inmigrantes japoneses que llegaron a Cuba en las tercera, cuarta y quinta  décadas del siglo XX  se contaban algunos que enseñaron distintas formas de jujutsu de manera estrictamente secreta, a parientes  o amigos cercanos. Entre ellos puede citarse a Tomeo Fujita, descendiente de la familia del clan Aizu y conocedor de los secretos de la medicina tradicional quien, según manifestara Ichikawa Yoshinori Sensei, quien fungió como Soke Dai del estilo Daito Ryu Aiki Bujutsu hasta el año 2009,  apareció en Cuba en 1949 después de haber matado a un Kempentai (guardia imperial), cuando todos sus amigos y compañeros pensaban que había sido asesinado.

Dicho Budoka, que por motivos de seguridad  mantuvo en secreto su verdadera identidad, y se encubrió bajo el nombre de Tomeo Fujita, parece que ocho años antes ya residía en Cuba, donde estaban registrados dos ciudadanos japoneses de apellido Fujita, uno de ellos nombrado Takami y residente en la colonia Horquita, en Cienfuegos, mientras que el otro se nombraba Diosque y tenía domicilio en el central Baraguá, Ciego de Ávila. El más probable ha resultado ser un inmigrante japonés registrado en La Habana en 1941 con el nombre Tsunejo Furuta y domicilio en la calle Obispo esquina a Villegas, en los altos de la tienda “El Sol Naciente”, propiedad de la sociedad japonesa J. Ohira y Cía, donde habitaban varios ciudadanos de esa nacionalidad. Posteriormente,  bien pudo convertirse él en un modesto ciudadano chino que según el registro del Casino Chung Wah, llegó a Cuba en el mismo año 1949 con el nombre de Coc Yen, el que alrededor de 1960 cambió por el de Hung Sui Chi y se dedicó al trabajo en una fonda de su propiedad en el  barrio chino, situada en Rayo 109, entre Zanja y Dragones donde destacó por la práctica de la medicina tradicional, actividad ésta en la que también destacó en su país natal el maestro Fujita, por su gran conocimiento y vasta experiencia, según se ha podido conocer. La  fonda se anunció públicamente como propiedad de Alfonso (o Alonso) Yon y Cía desde 1948 hasta 1967.

El 13 de marzo de 1968 el comandante Fidel Castro anunció en un acto público su decisión de eliminar toda manifestación de comercio privado, y al día siguiente comenzó un proceso durante el cual se expropiaron 2878 establecimientos en Centro Habana, área donde radicaba el mayor número de propietarios chinos. Poco tiempo después, el propietario de la fonda de Rayo 109, también afectado por la medida estatal, partió de Cuba hacia Macao, antiguo enclave portugués en territorio de China. Y coincidentemente, Tomeo Fujita, quien también debió sufrir los efectos de la expropiación gubernamental, abandonó la Isla en la misma época

Entre los estilos que se enseñaban en aquella época estaba incluido el hoy conocido por Daito Ryu, que Tomeo Fujita enseñó como si se tratara de judo a sus escasos y rigurosamente elegidos alumnos chinos y cubanos, entre los cuales se contaban Bienvenido Del Cueto y su sobrino menor de edad Guillermo Murphy Del Cueto. Varios años después, funcionarios japoneses tales como el doctor Hideo Hanmura y el señor Taro Nishiyama, miembros de la Dai Nipón Daito Ryu Aiki Bujutsu Rengo Kai, instruyeron a otra generación de alumnos, entre los cuales se contaba un número pequeño de cubanos. Cuando el doctor Hanmura llegó a Cuba, al final de la década de los 60s o principio de los años 70s, ya Fujita había salido del país, pero encontró al hijo mayor de éste que continuaba residiendo en La Habana y le ayudó a establecer contacto con los que habían sido alumnos de su padre











Guillermo Murphy Del Cueto

Entre los alumnos de Hanmura Sensei destacó Guillermo Murphy Del Cueto, quien guió sus primeros pasos en dicho arte bajo la dirección de este maestro quien hacia 1973 le nombró instructor asistente a pesar de que era un adolescente. El joven instructor Guillermo Murphy Del Cueto, hoy Menkyo Kaiden-Hanshi de la Dai Nipón Daito Ryu Aiki Bujutsu-Saigo Ha Rengo Kai, un altísimo nivel; es el primer cubano y ciudadano extranjero que ocupa este rango dentro de esta organización japonesa, el cual es inspirador de la rama cubana de la Daito Ryu Aiki Bujutsu Saigo Ha Ko Ryu Rengokai, cuya genealogía comienza con el Emperador Seiwa (850-880), como descendiente a Ichikawa Yoshinori (Soke Dai retirado) y al doctor Hanmura Hideo (Soke Dai). Primeramente el maestro Murphy enseñó el arte del Daito Ryu Aiki Bujutsu a Máximo Roy Fernández Rodríguez y posteriormente a  alumnos en Canadá donde reside desde 1983.











Máximo Roy Fernández Rodríguez

Siguiendo el camino trazado por su maestro Murphy Del Cueto Hanshi, el 13 de diciembre de 1993, Máximo Roy Fernández Rodríguez comenzó a impartir los primeros aspectos técnicos básicos en el nivel conocido como Oku Iri (entrada a los secretos del estilo). Su dojo, situado en la antigua Antillana de Acero, Municipio Cotorro, se titulaba entonces “Fujiyama Dojo Bunko”, para rememorar y enaltecer el nombre del dojo homónimo de Murphy del Cueto Sensei, y para expresar que el mismo era una rama del de su maestro. Luego surgieron otros  nombres, primero el de ”Bushido Dojo” (El Camino del guerrero), y ”Bushi No Shin-Zo Jutsu Dojo” (El Arte del corazón del guerrero), posteriormente, para culminar denominándose “Bushin Dojo” (El lugar del camino de la espiritualidad del guerrero)

El 10 de septiembre de 1995 se confirmó oficialmente la designación de Máximo Roy Fernández Rodríguez como instructor oficial del Daito Ryu Aiki Jujutsu (Saigo Ha Ku Ryu) en el nivel Shoden Mokuroku, condición sugerida por el Sensei Murphy Del Cueto Hanshi, y también se le autorizó como iniciador y  representante regional del grupo cubano, por la Rengokai para la República de Cuba, por solicitud de Hideo Hanmura Shihan (Fukushido Hombu-Cho So Hombu Dojo)

En reunión celebrada el 7 de febrero de 1996 en la Ciudad Deportiva de La Habana, con la participación de directivos y miembros de la Federación Cubana de Karate Do y Artes Marciales Afines (F.C.K.A.M.A.), presidida por Ramiro Chirino Suárez se reconoció la práctica oficial del arte del Daito Ryu Aiki Bujutsu en Cuba, y Máximo Roy Fernández Rodríguez fue elegido como presidente (Rijicho) de la sección de Daito Ryu Aiki Jujutsu- Saigo Ha Ku Ryu, afiliada entonces a la Asociación Cubana de Aikido.

El maestro Máximo Roy Fernández ha incursionado por varias modalidades de las artes marciales japonesas en las que ha alcanzado altos grados tales como:
-Quinto Dan (Go mokuroku) con la categoría de Renshi (“Noble Guerrero”) de Daito Ryu - Aiki Bujutsu Saigo Ha Ko Ryu-Rengo Kai
-Cinturón negro cuarto Dan de Jyoshin Mon Shorin Ryu Karate-Do
-Cinturón negro cuarto Dan de Shito Ryu Karate-Do (Shito Kai)
-Cinturón negro sexto Dan (grado federado) con la categoríaa de Renshi (Karate-Do)
-Cinturón negro primer Dan (Yudansha) de Judo tradicional (Kosen-Judo)

Del 3 al 13 de noviembre de 2009, la Casa de Asia del centro histórico de La Habana, situada en la calle Mercaderes entre Obispo y Obra Pía, desarrolló  una jornada  con motivo del aniversario 80 del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Japón y el Día de la Cultura Japonesa, que comprendió conferencias sobre el arte y la cultura de la nación nipona, exposiciones de artes plásticas y fotografía, `presentaciones y ventas de libros, demostraciones de artesanías y artes marciales y la tradicional ceremonia del té, entre otras propuestas.

El día 4 de dicho mes fue reservado a las artes  marciales  comenzando el programa con una conferencia a cargo de  Máximo Roy Fernández Sensei, consistente en una reseña histórica del Daito Ryu Aiki Jujutsu en Cuba, durante la cual se exhibieron muestras de armas y objetos del arte marcial originales, así como reproducciones en madera y metálicas fabricadas por dos  destacados artesanos cubanos. Uno de ellos es el tallador en madera Cipriano Luís Álvarez Martínez, natural de la Ciénaga de Zapata, quien ha sido premiado en múltiples ocasiones por la calidad de sus obras, y colabora con la Asociación que preside Máximo Roy fabricando bokken y otras piezas necesarias para la práctica de este arte marcial. El otro, es el joven camagüeyano Yilver Reyes López-Chávez, artesano del metal especializado en la fabricación de sables, espadas, dagas y bastones con estiletes, quien es además un activo practicante de artes marciales, lo que le permite desarrollar su labor artística buscando cada vez la mayor perfección y aproximación a la originalidad

A continuación de la conferencia se exhibió el documental sobre la Academia “Bushi- Dojo”, que dirige el maestro Máximo Roy Fernández Rodríguez-Renshi, LA VIDA ES EL DOJO de los realizadores José Modesto Garlobo y Dexter Reyes, dicha academia está ubicada en San Francisco de Paula, a 15 kilómetros de la capital,. Posteriormente, en la calle de madera frente al Museo de la Ciudad, en el corazón del Centro Histórico, se realizó una demostración de las diversas técnicas de combate entre las que se apreciaron ejecuciones de Iai Jutsu Komei Yuko ejecutadas por los invitados Cesar Towie Sensei y dos de sus discípulos, además por primera vez se pudieron apreciar públicamente en nuestro país ejecuciones del Koyama Tenmon Ryu Jujutsu, a cargo de Enrique Pérez Águila Sempai y Orlando Bosquet, y seguidamente se mostraron ejecuciones del antiguo arte del Daito Ryu Aiki Bujutsu,  con armas y manos libres, a cargo del maestro Máximo Roy Fernández y sus discípulos,  entre los cuales figuraban niños, jóvenes, y adultos, con categoría de instructores de ambos sexos.


Rafael Fernández Moya
La Habana, Diciembre de 2009.