viernes, 29 de noviembre de 2013

El activista Ramón Alejandro Muñoz, esposo de Sonia Garro, escribe a la hija de uno de los cinco espías.





'¿Te gustaría que a ti, a tu abuela, a tu mamá las golpearan por pedir la libertad de tu padre?'

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El activista Ramón Alejandro Muñoz, esposo de Sonia Garro, escribe a la hija de uno de los cinco espías.

En el texto —publicado por el Centro de Información Hablemos Press—, Muñoz, esposo de la Dama de Blanco Sonia Garro, denuncia las condiciones de las prisiones de la Isla y las compara con las que describen el Gobierno cubano y las familias de los agentes."Tanto mi esposa como yo somos héroes; pero eso no te lo contaron tus padres", dice el prisionero político Ramón Alejandro Muñoz en una carta abierta a una de las hijas del espía Ramón Labañino Salazar, encarcelado en Estados Unidos.
"En las cárceles de Cuba hay también presos políticos; en las cárceles de Cuba se tortura y se asesina; hay miles de reclusos sufriendo constantes agresiones por parte de los guardias, y ningún verdugo ha pagado por sus crímenes", dice Muñoz, recluido en la prisión de máxima seguridad Combinado del Este desde marzo de 2012, sin juicio.
Labañino es uno de los cuatro espías del Gobierno cubano que continúa preso en Estados Unidos. Cumple una condena de cadena perpetua más 18 años de cárcel.
La Habana lleva a cabo una intensa y costosa campaña por sus agentes que incluye frecuentes viajes de sus familiares al extranjero, constantes actividades de propaganda y apariciones en los medios de comunicación de la Isla, todos estatales.
En las cárceles cubanas "las condiciones humanas son pésimas; la higiene, peor todavía. La privacidad es violada, porque te requisan hasta los genitales antes y después de la visita. Todos somos humillados y tratados como animales. Exactamente igual que lo hacían los nazis en los campos de concentración", dice Muñoz.
Afirma que los salvadoreños Francisco Antonio Chávez Abarca y Raúl Ernesto Cruz León, quienes cumplen 30 años de cárcel por atentados con bombas en hoteles de La Habana en 1997, "disfrutan" de "teléfono en sus habitaciones, ventiladores, neveras con agua fría, alimentos de buena calidad y son atendidos por una buena comisión médica", mientras los cubanos "nos podemos morir, que no aparece un médico".
En el programa Mesa Redonda de la televisión estatal, "descaradamente, para denunciar la mala alimentación que sufren los 'cinco héroes' explicaron que por más de una semana estaban comiendo pollo sin papas, que el bistec no tenía cebolla y que el helado estaba derretido", dice Muñoz.
"A nosotros, los prisioneros cubanos —sobre todo a los políticos—, nos dan papa sin pollo, cebolla sin bistec, y el helado nunca lo hemos visto aquí", compara.
"¡Qué ironía! —señala—. En el año 2000 Fidel Castro proclamó que de todos los proyectos el que más le apasionaba era el de convertir las prisiones en escuelas, porque es el más humano, el más justo y socialista; pero, parece que Fidel Castro llevó a cabo su proyecto de atrás para adelante, y son las escuelas las que han acabado convirtiéndose en prisiones".
El activista recuerda en su carta que las Damas de Blanco "son brutalmente golpeadas por reclamar de forma pacífica la libertad de los presos políticos".
"¿Te gustaría de que a ti (sic.), a tu hermana, a tu abuela, tu mamá o a otro de tus familiares los golpearan por pedir la libertad de tu padre?", pregunta.
Labañino tiene tres hijas: Ailí Labañino Cardoso, de su primer matrimonio, y Laura y Lisbet Labañino Palmeiro. Muñoz no precisa a cuál de ellas se dirige en su carta.
El disidente, Sonia Garro, y el también activista Eugenio Hernández fueron detenidos en un violento operativo en el que el régimen utilizó fuerzas especiales y balas de goma. La Dama de Blanco recibió un disparo en una pierna.
La Fiscalía los acusa de atentado, desorden público y asesinato en grado de tentativa. Pide 14 años de condena para Muñoz, 10 para Garro y 11 para Hernández.
Los cinco espías (Labañino, René González, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Fernando González) fueron encontrados culpables de actuar como agentes extranjeros no identificados, intentar penetrar en bases militares estadounidenses e infiltrarse en grupos del exilio cubano, entre otros cargos.
Gerardo Hernández, cabecilla del grupo, fue condenado además por su responsabilidad en el derribo, en aguas internacionales y por parte de aviones del Ejército cubano, de dos avionetas de la organización del exilio Hermanos al Rescate. En ese hecho murieron cuatro personas.
La justicia estadounidense permitió regresar a la Isla a René González, quien se encontraba en libertad condicional después de 13 años de prisión.