domingo, 1 de septiembre de 2013

La cubanización de Nicaragua cuando el sandinismo.Por Carlos Jaime Cabrera



Por Carlos Jaime Cabrera .

 De la serie Pasajes sin sueños

 Nota: Debo aclarar, antes de continuar estos relatos de mis experiencias personales, que los hechos ocurridos y con los cuales tuve estrecha relación y participación directa tuvieron lugar entre noviembre de 1985 y mediados de 1990. Es muy difícil para mí llevar una cronología de hechos con fechas ya que por procedimiento contra guerrillero jamás debemos llevar diarios o anotaciones que nos puedan delatar si caemos ante el enemigo. Lupe y yo corríamos un peligro demasiado fuerte ya que la inteligencia sandinista era de las alumnas mas aventajadas de Cuba. Lo que aquí escribo sale de mi memoria y las vivencias más atroces que sufrí. Son aproximaciones de mis experiencias traídas a mis recuerdos de los hechos de esa época


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 Fuimos a hacer turismo ''revolucionario'' como nos había recomendado Daniel. Estábamos a mediados de diciembre del año 1985 y para aquel entonces los sandinistas y su revoluciónse habían convertido en una copia fiel de la Revolución Cubana. Las calles del centro de la capital, Managua, estaban tapizadas de propaganda comunista con las grandes vallas alusivas a Sandino, al matón argentino Che Guevara y a la que yo considero una bestia dictadora, Fidel Castro. Se veían por todas partes y las filas en los comercios para adquirir alimentos eran enormes y se aplicaba un sistema muy parecido a la tarjeta cubana de racionamiento. Por momentos la situación me transportaba a mi país: la repartición del hambre para el control mental de la población, eran métodos importados desde La Habana. Se veían cubanos por todas partes ,las consignas y el culto a la personalidad del nuevo dictador de ese empobrecido país era cada vez más fuerte. Lupe lo preguntaba todo. Habíamos acordado que ella siempre me hablara en su lengua nativa ( yoem noki) y yo le explicaba con una mezcla de español mexicano y el limitado yaqui que en ese entonces se me estaba haciendo más fluido. Era una táctica que nos evitaba cometer indiscreciones en público. Algunas veces yo aclaraba a personas con las que teníamos contactos normales como turistas, que ella no hablaba español y que por eso nos comunicábamos de esa forma. En los restaurantes y bares, más o menos turísticos, solo se veían cooperantes europeos de ONG de izquierda, cubanos internacionalistas y militares o policías del régimen. Eran sitio y especies de orgia de diversiones y apariencias que estaban vedadas para el populacho que pasaba el tiempo trabajando, o haciendo colas para cualquier servicio , o embobados con la propaganda comunista por radio y televisión. Todo lo que encontraba a mi paso era como retroceder a mi niñez, el pueblo engañado, creía en semejante farsa revolucionaria. De las navidades ni se hablaba, a pesar de su cercanía, la comidilla del momento en los lugares de ''turismo revolucionario ‘era el escándalo Irán-Contras, por todos hoy conocido, por lo que no me detendré a explicar aquí cuales fueron los objetivos de ese operativo. Decidimos ir a un Centro Cultural, algo así como una Peña, -muy de moda por esos dias-, donde la trova cubana estaba a la orden del programa y las canciones revolucionarias se mezclaban con la bebida y la fiesta. Yo le explicaba a Lupe que eso era lo que querían hacer en México y esa era la raz[on principal de tanta penetración de los partidos de izquierda en su pueblo natal. Le prometi que una vez cumplida nuestra misión en Centroamerica, regresáramos a México y trabajaríamos en su comunidad para que su gente no fuera vilmente engañada. Lupe lo entendía todo y cada vez su posición y su lealtad a nuestra lucha eran más evidentes. Eran como las 9.30 de la noche y ya nos disponíamos a pagar la cuenta y regresar al Hostal de nuestro amigo Santos cuando se escucharon unos balazos. Primero un par de disparos y luego unas dos descargas de AK 47 tan conocidas para nosotros. La música se detuvo y los clientes se tiraron al suelo mientras que algunos trataron de salir del lugar. Instintivamente nos pegamos al suelo pero con pleno control visual de la situación tal y como nos haban entrenado. Aunque uno tenga miedo el control visual debe estar presente todo el tiempo. No vemos la bala pero si a quienes pueden dispararla y eso es ya una ventaja mínima. Tomé a Lupe de la mano y ella la apretó. Senti que me susurró: - ¡Qué lástima que estamos desarmados. No debimos de dejar nuestras armas en El Salvador. Le hice una seña que callara. Esperamos unos minutos y el lugar quedo en silencio. Después entraron dos hombres corriendo, uno llevaba una pistola en la mano, el otro parecía desarmado. Este último gritó, todos al suelo y no habrá heridos. En ese momento entró un Comando del ejército y un militar disparó al que llevaba la pistola . El hombre rodó como a 3 metros de donde nos encontrábamos. El otro levantó las manos y enseguida fue controlado por los militares. Uno de ellos en voz alta ordenó que todos saliéramos y advirtió que el que estuviera armado debía de entregar el arma en la puerta. Cuando salimos la calle estaba llena de soldados y gente corriendo. Nos revisaron los documentos y ordenaron retirarnos del área. Caminamos unas dos cuadras hacia el centro de la ciudad buscando un taxi. En ese trayecto nos revisaron tres veces más pero al fin logramos tomar un carro. El chofer nos relató más o menos su versión de lo que estaba pasando. Dijo que habían descubierto algo así como un refugio de Contras en una casa cercana al bar donde minutos antes habíamos estado Lupe y yo y que habían matado a varios y decomisado armas y explosivos - La cosa está fea y pienso irme con mi familia a Costa Rica. Los malditos sandinistas estan destruyendo el país y ustedes los turistas lo mejor que hacen es irse. Permanecimos callados, pues en esos días no se sabía quien era quien y el chofer podía ser un agente del gobierno. Entramos en el hostal y fuimos directo a nuestra habitación para analizar lo ocurrido. Debiamos estar seguros de que que fue una casualidad de estar en el lugar equivocado o si era algo relacionado con una posible detección de nuestra identidad y mision Le expliqué a Lupe que en los días siguientes nos mantendríamos en el hotel vendiendo nuestro trabajo y esperando que Daniel nos contactara. Al día siguiente cuando bajamos a desayunar, en el noticiero de la mañana estaban dando la versión de los hechos que habíamos presenciado la noche anterior. Cuando relataron lo que ocurrió en el bar nada coincidía con la verdad. Se hacía referencia a la valentía de los soldados del Ejército Sandinista y que los bandidos contras eran 7 y que habían tomado a los turistas de rehenes y que estaban fuertemente armados con armas de guerra. Lupe me miró y rio fuertemente :- Ladinos, tenian que ser. Todo lo cambian a su beneficio. Todo esto es una mentira. Ojala que esto nunca llege a México. Habia hablado en lengua yaqui, pero muy alto. Algunos que estaban en el lobby nos miraron. Una cooperante española me preguntó que era lo que Lupe había dicho. Sonrei levemente y le dije lo que no tenía importancia pero mi esposa reía más fuerte. La española quedo muy seria, y luego hizo un comentario sobre de que los gringos tenían la culpa de todo que pasaba en Nicaragua y Centroamerica y me preguntó mi opinión, -Para mi eso no tiene importancia. No es bronca nuestra- le contesté . La respuesta sin dudas la habia molestado pero sin dudas ya sabiamos que en ninguno de ellos podiamos cometer el mas minimo desliz. La española nos miro y se fue. Continuarían las noches sin sueños, pero nuestro afán por luchar contra aquellos que usaban la pobreza de los pueblos con fines de extender la maléfica ideología comunista por el área se fortalecía 


 De como los cubanos con decoro participamos en armar la Contra Nicaraguense

   



 Nicaragua era un hervidero bastante tenso. Seguíamos con nuestras tácticas y medidas de seguridad acordadas entre Lupe y yo. Ella dormía hasta las dos de la madrugada y yo permanecía despierto porque estábamos desprotegidos, pues las armas las habíamos dejado en un lugar seguro de El Salvador. La razón era obvia: no podíamos arriesgarnos en las revisiones fronterizas. Estábamos, en términos de tácticas y logística, totalmente indefensos en un país hostil con un sistema represivo activo y criminal. Corríamos un peligro gigante y éramos conscientes de eso. Ya teníamos dos días en el hostal de Santos. Nadie había venido a contactarnos. Debíamos esperar una semana a que esto ocurriera y de no suceder así, teníamos un número telefónico para comunicarnos con un contacto. Si veíamos o detectábamos algún contratiempo lo que seguía era salir a Costa Rica y desde allí comunicarnos con Marcos a San Salvador. El destino nos deparó una desagradable sorpresa, propia de cualquier luchador antiguerrillero. A la 1.30 de la madrugada llegaron por nosotros tres tipos vestidos de civil. Casi nos tumban la puerta. Lupe saltó de la cama. Se no había indicado dormir vestido hiciera el calor que hiciera y ahora entendía por qué. Instintivamente Lupe se sentó en la cama y se puso los zapatos. Abrí la puerta y entraron de la misma manera que ya había experimentado estando en Cuba por lo cual supuse que o eran cubanos al servicio del sandinismo o bien habían sido entrenados en la isla. El líder el grupo ordenó que nos pegáramos a la pared mientras nos apuntaba con una pistola. Los otros dos revolcaron la habitación. Lupe me miró fría y calculadora tal y como es costumbre en su tribu Yaqui. Siempre demostró ser una mujer valiente. Ni ella ni yo hablamos. Cuando terminaron de revisar y destruir todo, nos pidieron disculpas y se dispusieron a marcharse. El jefe retrocedió como dudando de mi. Me puso la pistola en la frente y me dijo: -Cuidado. Aquí no están en México. No queremos revoltosos, así que lo mejor que pueden hacer es no meterse en lo que no les importa. Si son artesanos ,como parece, no se atrevan a salirse de su mundo, si lo hacen, que sea a favor nuestro, si no serán cadáveres muy pronto- Durante los entrenamientos se nos había dicho que fingir era un modo de sobrevivir ante el enemigo. Las clases de contrainteligencia eran muy enfáticas en eso. Así que me encogí de hombros y mentí lo mejor que pude. -No nos interesa la política ni las ideologías. Estamos aquí porque somos artistas que admiramos a Sandino y la lucha por los pobres. Admiramos al sandinismo. Lo dije con tanta convicción que el Sicario me creyó. Me metió la mano en el bolsillo y sacó una tarjeta, si sabes de algo en contra de la Revolución tienes la obligación de informármelo, de lo contrario te volverás un enemigo nuestro. Asentí y tomé la tarjeta. Ellos salieron del cuarto. Lupe se sentó en la cama. Rió con una fuerte carcajada. Primero pensé que era de nervios, luego cayó por unos minutos, en eso entró Santos, el dueño del hostal. -¿Están bien? – -Sí, No pasa nada, yo creía que eso era normal acá. Mirándome serio me dijo que nos invitaba a desayunar en su casa. -Cuando estén listos, le avisan a mi hija que estará en la recepción-, y se fue. Lupe volvió a reír y acto seguido me dijo: -Hagamos el amor en honor al ''sandinismo'', esta noche sobrevivimos. Fu una noche intensa en la que celebramos haber salido vivos. A las nueve dejamos la cama. El registro del día anterior nos dio la medida de cuan penetrado esta el sandinismo de los métodos de la inteligencia cubana. El G2 sin dudas andaba muy cerca. Lenin Cerna era jefe de la seguridad del estado sandinista pero anos mas tardes se supo de que recibía órdenes directas del Comandante cubano Ramiro Valdez, uno de los más sanguinarios castristas y artífice de los Órganos de la Seguridad de Nicaragua Nos fuimos a desayunar con la familia Santos. Nos sentamos en una mesa donde había un personaje que nunca habíamos visto. Se trataba de un joven de apenas 25 años, alto, blanco y con mirada inquieta. Nos presentaron y cuando habló no pude evitar mi expresión de sorpresa. Hablaba con perfecto acento habanero. Por un instante hizo silencio para a ver mi reacción. Sonrió levemente y agregó una retahíla de números y letras, que no eran más que la contraseña que Marcos me había dado para el contacto del primer envió de armas a la Contra, los grupos armados que luchaban contra la joven dictadura comunista que se estaba implantando en ese país. Nos estrechamos las manos y le di las coordenadas de donde estaban las caletas con el armamento. Luego desayunamos y Lupe permanecía callada como siempre. Santos por primera vez me sonrió y dijo con una carcajada, -Estas entre amigos, no te preocupes, mientras estén aquí estarán seguros. Mire, lo de anoche es normal que pase con todo el que llega nuevo a mi hotel y que no sea cooperante comunista venido a ayudar a estos asesinos. El paisano que dijo llamarse Daniel, me entregó un sobre blanco -Toma este dinero. Hay un numero de teléfono. Yo seré tu único contacto en este país. Ahora me tengo que ir. Vallan a hacer turismo ''revolucionario'' y rió fuertemente. Ya me comunicaré con ustedes para las próximas instrucciones. Está bien que se vallan al Centro del pueblo para que perciban como están las cosas. Esto les servirá de mucho, tengan cuidado, esto está lleno de cubanos de la seguridad del estado cubano. Cualquier peligro que sientan salgan a Costa Rica, En ese sobre hay un numero de un compatriota en San José. Se lo aprenden de memoria y luego destruyan el sobre. No abrazamos y se fue. Casi de inmediato Lupe y yo nos pusimos a memoriza todas las instrucciones. Seria este encuentro más importante de nuestra ayuda para derrotar al naciente régimen comunista nicaragüense. Centroamérica estaba entre quienes querían apoderarse de ella mediante el comunismo y los que como trataron de impedirlo al riesgo de nuestras propias vidas. Seguiríamos adentrándonos en aquella lucha que seguiría siendo nuestra. Las noches sin sueños o de sueños compartidos vendrían ahora con una mezcla de peligros y triunfos. Lupe me aclaró mis dudas de la noche anterior: -No creas que tengo miedo. Estoy contigo y con tu causa y si se tiene que morir moriré contenta por luchar junto a ti. Te amo y es esa mi razón de lucha. La miré y alguna que otra lagrima humedeció mis ojos. Lo recuerdo como si estuviera en este instante delante de mi. -Yo también-, le dije. Reímos y nos fuimos al Centro de la Ciudad después de quemar el sobre que Daniel nos había entregado 

 Carlos Jaime Cabrera