martes, 27 de agosto de 2013

HISTORIA DE HOMBRES QUE NO NECESITAN RETRATARSE CON PISTOLAS!!!!!



 El sexto sentido que nos preservó en nuestra lucha antisandinista 



 Por Carlos Jaime Cabrera.

 De la serie Pasajes sin sueños.



 Daniel llegó como a los tres días. Venía acompañado de un francés que dijo ser periodista de un diario en París pero a mí no me gusto el tipo. Tenía cara de niño fresa, un poco amanerado y pedante. En algún momento emitió algún comentario soez sobre de como los latinos eran impuntuales. Lo miré con puñales en la vista y el bajo la cabeza porque supo que podía hacerle tragar sus palabras. Santos, que ya me conocía un poco intervino: - Eyyy mejor salgamos al patio de atrás del hotelito, Allí hay una mesa podremos comer algo. Eran como las 6 de la tarde, hora de la cena en Nicaragua así que nos sentamos y hable algo con Daniel sobre que el francés. - Asere,(frase muy usada por habaneros como él) ese tipo no me inspira confianza Me escucho y luego me tranquilizo. Dijo algo así como que el hombre era de fiar que ya lo había demostrado antes. -De cualquier modo no me gusta asere-, le dije. Me guiño un ojo y yo me puse en guardia, sabía que vendrían acontecimientos interesantes. En este tipo de lucha uno desarrolla un sexto sentido de persecución que te avisa de algo o de hechos que se aproximan. El supuesto periodista tenía una cámara y una especie de pequeña mochila colgada del hombro. Pude percibir que estaba armado .Le dije a Daniel que si quería hablar regresara más tarde solo, que yo no confiaba en el francés. Lupe dijo algo en su lengua natal y le contesté dije que estuviera preparada. No dijo nada más. Me levante del banco y nos dispusimos a salir de allí. Lupe y yo cruzamos vista y el francés protestó y fingió estar muy enojado por nuestra supuesta descortesía. En ese instante regreso Santos y con una seña me dijo que me saliera. Enseguida regreso con dos hombres y uno sacó el arma y apuntó al supuesto periodista mientras que el otro lo desarmó. Santos, con una agilidad asombrosa lo abraco del cuello y le dijo muy cerquita de su cara: -Se te acabo el jueguito perro espía. Suelta toda la información que tengas o te mueres. Ves esa zanja del fondo en aquella pared???? Pues ahí mismo te entierro y ni tu madre te encontrara jamás. El francés cambio de color y comenzó a sudar. Daniel se adelantó y le revisó también la mochilita de donde sacó unos documentos y unos carnets de su cartera. Habíamos hallado la prueba que buscábamos. El hombre llevaba un pasaporte diplomático de la República de Cuba. A todas luces era un neófito porque un verdadero especialista no lleva documentos que den pistas. O era un novato o sencillamente eran tan soberbios que creían que el enemigo era imbécil o estúpido. Los dos nicaragüenses que entraron con Santos se lo llevaron. Luego nos sentamos a hablar. Daniel me miro y me dijo con una amplia sonrisa: -Buen trabajo asere. Tenemos una buena noticia. Ya las armas están en manos de los amigos del frente norte. Ahora ustedes se van a ir a Costa Rica unos días. Se toman allá unas vacaciones bien merecidas. Llaman al paisano del número de teléfono que te di antes una vez que estén en San José. Allá estarán tranquilos y Pepe,( que era como se le llamaba al contacto de ese país) , te dará instrucciones. Se pueden ir en un par de días. Hagan un poco mas de turismo, vallan a Granada, es una ciudad preciosa, y a León. Tengan cuidado porque es un bastión sandinista pero necesitamos que se familiaricen con el país. Cualquier contratiempo llaman a Santos, el tiene contactos buenos y los sacará de cualquier problema que se presente. Me dio una pistola Makarov.


   


 -Toma, no pueden seguir desarmados, si la tienen que usar para defenderse no titubees el que da primero da dos veces. Cenamos y durante la comida pedí explicaciones sobre el francés. Santos explico que el tipo y unos argentinos cooperantes de una ONG trabajaban para Cuba. Habían sido reclutados allá en la Habana por el G2 cubano y que tenían tres meses en Nicaragua. De lo que pudieron sacarle, el francés no sabía nada de nosotros, que no nos preocupáramos que ese ya no era ningún peligro para nadie. No se habló más del asunto, Daniel dijo que él se tenía que ir pero que nos alistáramos que a las 9 de esa misma noche pasaría por nosotros para ir a tomarnos una cerveza en un bar de allí cerca. El lugar era de un amigo y nos gustaría mucho. Lego se despidió y se fue. Lupe recogió la mesa y se llevó los platos. Santos me anunció que al día siguiente iríamos el y yo a una finca cerca de Managua a visitar a un amigo que era bueno que yo lo conociera pues si a él le pasaba algo podía contar con su ayuda para lo que fuera. -Santos, Lupe va conmigo o si no no hay trato. Hicimos un pacto de que ella y yo de jamás nos separaríamos en esta lucha- dije enfáticamente -Puede quedarse en el hotel con mi hija. Estará más segura- me dijo en toso de suplica Le insistí que si ella no iba yo tampoco, Rio fuertemente y luego agregó: “Está bien, salimos a las siete, no se acuesten muy tarde, ahora me voy, tengo una cita con una española, creo será una linda noche” Santos era viudo, su esposa había muerto en un accidente tres años antes. Luego se fue, quedé solo en el patio, revisé la Makarov y los cuatro cargadores llenos que Daniel me había dado. Lupe regreso junto a mí y quedamos en silencio mucho rato. Así meditábamos tal y como lo había aprendido en el desierto de la tribu Yaqui con su abuelo. Uno crecía espiritualmente después de esos lapsos con la mente en blanco. Subimos al cuarto, nos bañamos y bajamos a esperar a Daniel. Llego puntual y salimos a la calle. Al llegar al carro y recibí una sorpresa. Tenia placas militares. Mire a Marcos y hable a Lupe en su dialecto - Dispara si algo raro pasa Ella llevaba la pistola y se metió la mano debajo de su falda indígena, pues siempre vestía así. Daniel sonrio: -“no te preocupes soy de los tuyos aunque por el momento trabaje para el enemigo, no teman, puedes pedir informes a Marcos. Te llevaré a un teléfono público y hablas con él. Caminamos a la esquina y tome el teléfono. Marqué los números de la operadora y pedí una llamada con cobro revertido y le di el nombre que había acordado con Marcos para casos de emergencia y aceptaron la llamada. Contestó una voz de mujer. Le di una clave y pregunté por Marcos. Enseguida me lo pusieron. Nos saludamos y le explique mis dudas con respecto a Daniel. El me tranquilizó explicándome que era de los nuestros y enseguida me felicito por el trabajo. Me dio tres números y me indicó que los dijera a Daniel y que él me tenía que contestar con otros tres los cuales me los indicó. Los apunté y colgamos. Hice una seña a Lupe que estaba como a tres o cuatro metros vigilando al hombre y en su dialecto le dije que si este hombre intentaba algo que actuara. Me regaló un de esas sonrisas que solo yo podía percibir y se separó unos tres metros. Le solté los tres números muy rápido a Daniel y el me contesto los otros tres que debía decir. Nos dimos la mano y noté que Lupe se relajo y nos fuimos al bar. Fue una buena noche, porque el sitio era una especie de pab ingles, lleno de extranjeros. Pasadas unas horas o quizás menos nos fuimos a dormir como a la media noche. Daniel nos dejó en el hotel, al bajarnos me dijo: “ Aseré si sigues trabajando bien derrotaremos a estos hps muy pronto” y se marcho. En el cuarto le anuncie a Lupe que en la mañana iríamos con Santos al campo, sonrió y agregó> -Valla, al fin, ya estoy harta de esta horrible ciudad, ya me estaba cansando. Esa noche hablamos mucho y nos dormimos muy tarde. Estábamos seguros allí, realmente nuestros contactos en Managua eran gentes de fiar, pero tendríamos que andar con cuidado, allí nadie confiaba en nadie, era una guerra en el norte y otra en el sur, se combatía fuerte En la ciudad había una guerra sucia llena de traiciones, espías y agentes de la Seguridad cubanos que andaban por todas parte. “Tendremos que extremar nuestra propia seguridad” ,le dije a Lupe. “seguimos en peligro siempre por eso tenemos que estar siempre juntos”. Nos dormimos sin pensar que nos esperaba un día agitado seguramente allá en la finca donde iríamos con nuestro amigo Santos. Las noches sin sueño continuarían, pero ya teníamos resultados, eso nos animaba a continuar nuestra lucha
 Carlos Jaime Cabrera 





 Nota mia muy particular: 


Excelente relato de este hermano cubano.Que diferencia con las historias inventadas de este payaso y fantoche de Miami:

 


este necesita su pistolita para "impresionar" porque nunca tuvo los cojones para usarla contra otro hombre armado.Solo contra pescadores desarmados.


 Jorge Luis Llanes Naranjo