jueves, 11 de octubre de 2012

Lo que quedará del juicio a Ángel Carromero.Por Zoé Valdés

 
 
 
Hace unos días el régimen castrista volvió a armar una de sus más extravagantes puestas en escena, el juicio al español Ángel Carromero por doble homicidio en accidente de la carretera. Todo el mundo conoce que quien asesinó al líder del MCL (Movimiento Cristiano Liberación) Oswaldo Payá Sardiñas y al joven activista por los Derechos Humanos, y también miembro del MCL, Harold Cepero no fue Ángel Carromero, sino el mismo régimen que lo acusa. Pero así son las cosas en Aquella Isla del CundeOdio, la dictadura siempre se las apaña para matar a los verdaderos y más importantes, o acallarlos de alguna manera –como en el caso de Jens Aron Modig, el sueco que iba en el automóvil el día de la tragedia, y que debe de andar cabeceando adormilado todavía–, y también para acusar y encarcelar a los inocentes endilgándoles su culpabilidad. Los resultados reales del juicio todavía no son sabidos. Y durante el mismo la prensa internacional se hizo eco, no tanto del juicio como tal, sino del espectáculo armado por los que sostienen el régimen de los Castro. De la prensa nacional no hablo, porque ya sabemos que es la voz de los asesinos, y sus periodistas son sus lacayos. Así que el juicio se quedó en mera novelería de la prensa extranjera con los mismos colaboracionistas de siempre, obviando completamente el sentido auténtico y necesario de la noticia. El destino de Cuba se discute desde hace ya unos cuantos años en internet, como en un juego de pin-pon, entre un tirapiedras o tirachinas y otro, en forma de Y. Las piedras o cambolos, reitero, son Cuba y su destino. Y los tirapiedras en forma de Y son la famosa bloguera Yoani Sánchez, la Lady Gagá de los medios internacionales, y el bloguero del régimen Yohandry, cuya verdadera identidad según la información suministrada por Esteban Fernández es TATO EL CHIVANAUTA, o sea Eduardo Fontes García, quien estudió en el Preuniversitario de la escuela Lenin y pertenece al Minint (Ministerio del Interior de Cuba). Tanto Yoani como Yohandry fueron los principales informantes de la prensa en el juicio, cada uno usando la información para lo que les conviene más a ellos mismos. En El País, tal como acostumbra, la bloguera llamó la atención sobre sí misma y las peripecias personales que tanto ella como su esposo, el periodista Reinaldo Escobar, debieron afrontar para llegar al lugar. Según ella, pese a lo que se ensañaron los policías en su contra, no les "impidieron llegar". Cosa que es falsa, porque sí se lo impidieron, puesto que antes de llegar los detuvieron. Ahí está una de las más graves pifias periodísticas, no sólo de ella, de El País que no la corrige y ni siquiera se entera. Como ésas ha habido un montón. Por otro lado, la señora narra como si se tratara de un héroe de cómic (sin escrúpulo alguno) su detención de 30 horas, en dos partes, como si aquello fuera lo más terrible que ha hecho el régimen cubano hasta la fecha, obviando las miles de vidas truncadas, los más de treinta años de prisión de presos y presas plantados políticos, llevándose en claro los 50 años de dictadura y sus fatales consecuencias, que se suman en víctimas (corroboradas ochenta mil hasta hace unos años), de fusilados, de desaparecidos, y balseros muertos en el mar, riéndose de los exiliados, echándose al pico incluso lo primordial, la verdadera razón por la que ella se encuentra en Bayamo, por la que ella ha iniciado ese periplo: el juicio a Ángel Carromero. Del juicio no informó nada, no podía hacerlo puesto que la detuvieron y la condujeron –según ella misma– a una casa de protocolo, donde –otra vez según su versión– seguramente Carromero había permanecido antes que ella en "idénticas" circunstancias (hay que tener gandinga). Por los muebles y la decoración (continuaba contando la bloguera), se trata de una de las tantas residencias del Minint. Con lo cual, esta señora da a entender que Carromero, a la larga, no la pasó tan mal, puesto que ella tampoco. Nunca satisfecha, se compara con Carromero, o sea, pónganse ustedes en el lugar del joven español, y de esta señora, que es nada más y nada menos que la personalidad número no sé cuánto más importante del mundo según la revista Time, nominada al Nobel junto con Payá, hasta que lo asesinaron y se quedó ella solita en la candidatura, que se atreve tan fresca a compararse con una persona cuya vida peligra, y cuya existencia ha sido marcada para siempre con un acontecimiento digno de los más tétricos horrores stalinistas. Luego cuenta que la llevaron a una celda, lo que no se entiende muy bien, y que la quisieron obligar a desnudarse, pero ella no se dejó y pagó las consecuencias. En el forcejeo, las tres mujeres que la obligaban la golpearon y le partieron un diente. Añade que estamos a punto de las torturas y las desapariciones o alguna mierda por el estilo. Por favor, más respeto con las presas a las que han violado de manera horrenda, con los hombres y mujeres torturados hasta la muerte, con los verdaderos desaparecidos. Sin embargo, El País tampoco corrige, y publica una foto, donde ella aparece sonriente con todos sus dientes en su sitio y sin huellas de abuso alguno. Tampoco comenta si fue al hospital, si levantó un acta, tal como se hace y se debiera hacer en estos casos, dado que la soltaron sin ningún cargo. Más respeto, repito, con la inteligencia de los demás. Pero lo más singular es que esta mujer apenas comenta la detención de su esposo, que debió, me imagino, preocuparle tanto como la de ella. O más, si yo estuviera en su caso. Se trata de la detención del padre de su hijo, de un hombre de más de sesenta y cinco años; sin embargo, para ella no es nada del otro jueves. La que importa por encima de todas las cosas es ella. Ella y solo ella. Ella es Cuba, como antes lo fue Fidel Castro. Ella fue lo que importó a la hora de regresar a Cuba después de haber vivido en Suiza, con su hijo, sin importarle tres timbales darle un futuro mejor en un país libre. Si una madre decide regresar y entregarle su hijo a la dictadura nuevamente, sin luchar por su porvenir, en un país democrático, y no uno cualquiera, sino en Suiza, ¿cómo le vamos a creer ahora que está luchando como una Mariana por el futuro de Cuba? No jodan, ya basta. Del Yohandry, en fín, qué se puede esperar de un seguroso, chivatón, a las órdenes del régimen, que ni siquiera da la cara, ni su verdadero nombre. ¿Esos son los cojones de los castristas? ¿Armarla en turba y de manera anónima? Ya los conocemos. Y vuelvo y repito: NO TIENEN COJONES y se mueren de terror frente a los Castro. Son unos pendejos castristas. Total que esto es todo. Del viaje a Bayamo de Rosa María Payá y de sus hermanos para asistir al juicio sólo quedará la foto de tres jóvenes valientes vestidos de negro, enlutados por el asesinato de su padre y de su mejor amigo, afrontando a la policía que tampoco los dejó llegar al juicio. Enfrentados a los verdugos con la vista erguida, dignos y verdaderos. Esa foto, por cierto, no la publicó El País. Y no sé si Time quiera nombrarlos entre las cien personalidades más importantes del año. Tampoco han sacado hasta la fecha la foto de los disidentes asesinados en sus páginas, como a menudo hacen con los que asesinan bajo otras dictaduras. La colaboración de estos medios, antes con el castrismo y ahora con el raulismo, que no es más que lo mismo, en una versión muy taimada del tema, da verdadero asco. Y prepárense, que según el Huffigton Post, ya apareció una nueva heroína por Miami, y como no podía ser de otra manera se trata de una hermana de Yoani Sánchez. Es el manual de todos los narcisistas y déspotas. Entre hermanos, en el mejor estilo de los Castro, siguiendo el ejemplo hasta el final. Habría que averiguar de qué forma estos nuevos periodistas "emigrantes" –como él mismo se llama en su autobiografía– cubanos llegan a las páginas de una publicación norteamericana con currículos periodísticos sumamente flacos, por cierto, y sin nombres reconocidos, como es el caso del columnista de este artículo, que también trabaja, cómo no, para Diario de Cuba en Madrid. Por el contrario, por qué a escritores cubanos exiliados de renombre y con una obra les cuesta tanto trabajo publicar en ellas, o sencillamente no los publican. La respuesta la tengo: por su anticastrismo. ¿Qué quedará del juicio de Carromero? Un desnudo frustrado de la bloguera Yoani Sánchez anunciado por ella misma en el periódico más importante de España y del mundo y los chivaposts de Yohandry, el bloguero castrista, pendejo y SIN COJONES. Mientras tanto, un inocente, otro más, sigue siendo la víctima de todos, de la dictadura, del sensacionalismo, y de los descarados y oportunistas de toda la vida.


Zoé Valdés