viernes, 31 de agosto de 2012

DANIEL ORTEGA DICTADOR DE NICARAGUA, TAMBIEN PEDOFILICO Y VIOLADOR

 
 
 
CRUDO RELATO: LA VIOLACION DE ORTEGA A SU HIJASTRA.


Cada detalle, cada infamia, cada abuso, lugares, cómo hacia y le decía en su exigencia sexual a una niña de 11 años. Y la madre ¡una degenerada de marca mayor!: “Daniel Ortega se dirigía al cuarto donde me encontraba para arrecostarse en mi cama y rozarme con su pene partes de mi cuerpo… Yo resentí de mi madre su lealtad a mi agresor, yo sentía que siempre lo prefirió a él que a mí, sus atenciones y gestos de cariño siempre eran para mi agresor… Cuando encontré a Daniel Ortega copulando con la empleada de la casa, no supe qué hacer, me sentí impactada, aturdida y bastante amenazada, pues las ofensas verbales fueron más frecuentes y chocantes para mí…” Es parte del crudotestimonio jurado en contra del padre adoptivo de Zoilamérica Narváez, el recién reelecto Presidente nicaragüense Daniel Ortega Saavedra, el cual transcribimos íntegro al final en versión PDF. La hija de su actual esposa Rosario Murillo, organizadora de su campaña electoral. Cuando yo veía las imágenes por televisión de la toma de posesión de Ortega, y en ellas a Rosario Murillo, a su lado, me decía: “¡que clase de sinvergüenza! esta mujer que llegó a saber sobre los abusos sexuales cometidos a su hija de 11 años, lo padecido, los traumas e inestabilidad generados y el martirio que significaba para una niña, luego adolescente, vivir bajo el mismo techo del hombre que la hacía víctima una y otra vez. Dando loas al Presidente violador, me resultaba de un patetismo peor que el mismo acto retrógrado presentado con motivo de la toma de posesión, con Chávez con Evo. Realmente una tarima de antro con su palco de partidarios. ¿Partidarios de qué? me pregunto. No se trata de ignorancia de precedentes históricos. En el post anterior por ejemplo, nos referíamos a Lenin como “El padre de los engendros socialistas, comunistas, toda esa nueva forma de depravación que atenta contra la dignidad del ser humano, y con ello sus líderes actuales, que le dan continuidad a su pensamiento perverso y conducen a los pueblos a la oscuridad, a la perdida de los valores y de la libertad”. Ortega es uno de ellos. En el caso de Nicaragua, no es asunto de la ignorancia, y el pueblo ha estado advertido. Su degradación sexual y violación de los derechos humanos son bastante conocidos. ¿Cómo se explica que se haya reelegido para regir su destino a un hombre con estos antecedentes? Esos que votaron por él, son muestra de la terrible distorsión de los valores. Además, triste, preocupante, indignante que Rosario Murillo sea la actual Primera Dama de Nicaragua, ¡si eso se puede llamar primera dama!, ya que se supone que la esposa de un gobernante, debe mirar con atención las estrategias sociales a favor de los niños, de la familia, de la moralidad. Si no cumplió con su sagrado deber de madre, que dejó sola a su hija en terribles circunstancias las cuales pudo evitar, cuando por el contrario, le era preciso acompañarla en la denuncia, se nos hace peligrosa su existencia en un país de tantas carencias, aletargado y engañado por la malignidad de la mentira de algo llamado proceso revolucionario. ¡Ah! Pero Rosario Murillo es parte de ello! “El poder, que se aprovechó de la ingenuidad propia de mi niñez y adolescencia, estrenó en mí todos los instrumentos posibles de dominación: físicos, sicológicos, políticos, familiares y militares. En mi contra, se hizo uso de la autoridad, de la fuerza, de la destrucción, de la subjetividad, etc. Se me hizo daño desde el ejercicio del poder supremo de este país, desde una tribuna que hoy nos debe hacer reconocer que el ejercicio de la política debe estar marcado por un profundo sentido ético y humano. Quiero decir con ello, que no puede haber una proclama y un discurso político que sea incongruente con una práctica personal, individual”. La evocación a esta mujer, la Murillo, como madre que soy, es repugnante. Le violan la hija con practicas degradantes y ella se pone de parte del violador, su marido. “El candidato siempre aparecía de la mano con su esposa, presentando una imagen de madre todopoderosa de la patria, fiel y sacrificada, al lado de su buen marido. Él, el padre contrito de la patria, que no tiene que decir nada, porque la madre de todos lo dice todo por él, en su defensa”. Ni siquiera exonerado del cargo de violación, sucedió que su hijastra Zoilamérica, hoy socióloga de 30 años, tras acusarlo ante la Justicia de abuso sexual desde 1979, los tribunales dijeron que el caso había prescrito. Para marzo del 2004 se habló de una reconciliación entre madre de hija, pero meses más tarde ha declarado que la denuncia por violación aun se encuentra en proceso ante la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Previo al proceso electoral, expresó que “no milita en la alianza Movimiento Renovador Sandinista”, negó tener interés en perjudicar la candidatura de Ortega, señalando a su vez que su caso, “es un problema político en tanto el abusador continúa ocupando una posición de poder político”. ¡Que clase de perversión estamos viviendo! Martha Colmenares




ESTE "COHETE" ES ROSARIO MURILLO MUJER DE ORTEGA:
 
 
 
 
Testimonio completo de la hija de Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega
 
 
“Desde el 2 de Marzo del año en curso, me he declarado en una cruzada por reconquistar mi verdadera identidad y dignificación de mujer y ser humana integral; para mí, en esta etapa trascendental de mi vida, no hay reivindicación en el mundo más importante que el encuentro con mi propio ser, al que muchos desconocen pero que en su despertar y andar ha acumulado fuerzas suficientes para emprender una lucha que encuentra como principal muro los actuales tejidos y vestigios del poder y el sistema patriarcal implantado por siglos. Afirmo, que fui acosada y abusada sexualmente por Daniel Ortega Saavedra, desde la edad de 11 años, manteniéndose estas acciones por casi veinte años de mi vida, y que a lo largo del presente testimonio expondré en las formas sucedidas. Afirmo, que mantuve silencio durante todo este tiempo, producto de arraigados temores y confusiones derivadas de diversos tipos de agresiones que me tornaron muy vulnerable y dependiente de mi agresor. He tenido que transcurrir un doloroso y desgastante camino para saber interpretar y conocer yo misma, las consecuencias y secuelas de sistemáticas y salvajes prácticas que en mi contra se cometieron desde 1978 hasta febrero de 1998, es decir, hasta hace poco. Fui sometida a una prisión desde la propia casa donde reside la familia Ortega Murillo, a un régimen de cautiverio, persecución, espionaje y acecho con la finalidad de lacerar mi cuerpo e integridad moral y psíquica. Mi silencio fue la expresión de un ambiente propio de la clandestinidad y la aplicación de una férrea secretividad. Daniel Ortega, desde el poder, sus aparatos de seguridad y recursos disponibles, se aseguró durante dos décadas a una víctima sometida a sus designios y voluntad individual. Denunciar esta cadena consecutiva de hechos no me ha sido fácil, he tenido que vencer el fatalismo y el miedo a responder preguntas que formulé desde el fondo de mí ser, tales como: ¿Por qué me tuvo que suceder eso? ¿Qué hice yo para merecer la vida que tuve? Las respuestas me reclamaban despertar y rebelarme ante los grilletes impuestos. Sentido de oportunidad en un proceso tan complejo no pude determinarlo ni me preocupó, pues en un caso como el que represento y frente a un agresor de gran poder, tuve que llenarme de coraje y valor para empezar mi liberación y nacimiento indistintamente del tiempo y de los acontecimientos. Mi alma pidió gritar y así lo hice en el momento que debió ser; ahora pide reivindicación total y plena. Para mí, ahora, el sentido y la lección más importante es el profundo respeto a la vida en sus múltiples dimensiones. Este respeto es un principio elemental, ya no sólo porque se suscribe en documentos oficiales que rigen a las naciones, sino por un sentido de humanidad que nos dice que si alguien no es capaz de respetar una vida, no puede considerarse humano. Mi experiencia muestra cómo se violenta e irrespeta una vida, no sólo atentando contra ella mediante la amenaza de agresión física que conlleva a la muerte, sino también, cercenando su realización como individuo, como ser y como todo. Quiero decir, con ello, que lo que viví fue el INTENTO DE ASESINAR MI DERECHO A CRECER, A VIVIR y a tener ejercicio pleno de mi voluntad. Durante todo este tiempo se me negó el derecho a existir como ser humano, se me mantuvo como objeto de otro ser. Sencillamente, y no tengo más palabras que expresar, SE ME NEGÓ EL DERECHO A LA VIDA. Si sumo a ello, que fue mi condición de mujer la primera en ser mancillada y objeto de vejámenes, he de reiterar que son aquellas lesiones a mi género las más severas a la integridad y derechos humanos. Fue a partir de las características de mi sexualidad, del aprovechamiento de los patrones de desventajosa inferioridad que se entretejió la esencia de la dominación y encarnación del sistema patriarcal. La forma en la que operó el poder y sus instrumentos, me llevan a enarbolar una bandera que establezca que los abusos de poder en las mujeres tienen manifestaciones tan diversas como todas aquellas presentes en mi caso. Se abusó en mi condición de niña, se abusó en mi condición de mujer, se abusó de mi cuerpo, se abusó de mis emociones, se abusó de mi condición de militante sandinista y se abusó de mis concepciones. El poder, que se aprovechó de la ingenuidad propia de mi niñez y adolescencia, estrenó en mí todos los instrumentos posibles de dominación: físicos, sicológicos, políticos, familiares y militares. En mi contra, se hizo uso de la autoridad, de la fuerza, de la destrucción, de la subjetividad, etc. Se me hizo daño desde el ejercicio del poder supremo de este país, desde una tribuna que hoy nos debe hacer reconocer que el ejercicio de la política debe estar marcado por un profundo sentido ético y humano. Quiero decir con ello, que no puede haber una proclama y un discurso político que sea incongruente con una práctica personal, individual. Hoy, debo encaminarme a mi propio saneamiento y al proceso de muchas mujeres que aún pernoctan en el silencio, el miedo y la oscuridad, para una vez andado el valor y de levantar la frente, no se nos victimice ni castigue nuevamente. Hoy, debo celebrar el hecho de estar viva. Hoy, debo agradecer a quienes con pequeñas cosas, y sin saberlo ellas mismas, me dieron luces y fuerzas en medio del holocausto para enfrentar semejante reto en mi vida, y seguramente, de la sociedad en su conjunto”.




RELATO DE LOS HECHOS BASADO EN EL TESTIMONIO DE ZOILAMÉRICA
 
 
ANTECEDENTES ZOILAMÉRICA.

Nació el 13 de Noviembre de 1967, en la ciudad de Managua; hija de Jorge Narváez Parajón (fallecido) y Rosario Murillo Zambrano. Públicamente se conoce como Zoilamérica Ortega Murillo, debido a la adopción que efectuara el señor Daniel Ortega Saavedra en el año de 1986. Actualmente es de profesión socióloga (1995, Universidad Centroamericana, Nicaragua), militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y Directora Ejecutiva del Centro de Estudios Internacionales. La vida de Zoilamérica hasta los 11 años fue determinada por su parentesco con Cesar Augusto Sandino (tío de su abuela materna) y el Sandinismo por la dedicación que su madre Rosario realizó desde su juventud hacia la causa de liberación del pueblo nicaragüense de la tiranía del gobierno de la familia Somoza. En 1977, Zoilamerica tuvo que acompañar a su madre y hermano a Panamá después de que su madre sufriera encarcelamiento por sus actividades políticas. Hubo un período de constantes traslados a diferentes países que incluyó: Panamá, Venezuela y finalmente Costa Rica, donde la familia Narváez Murillo se estableció hasta el 21 de julio de 1979. Esta situación significó para Zoilamérica el alejamiento de su fuente de amor, cariño y protección y su consiguiente vacío en esa parte de su desarrollo infantil. “Vivir en un país desconocido, sin familiares cercanos que atendieran mis necesidades, con una madre comprometida con una causa política, produjo en mí, miedo, aislamiento, timidez y soledad en un ambiente de extremos riesgos y persecuciones, y donde el silencio y la prudencia constituyeron la norma de conducta en ese período, interrumpiendo así la normalidad de mi vida en su tránsito de la niñez a la adolescencia”. LA DENUNCIA Después de muchos años de maltrato, acoso y violación, Zoilamérica decide en 1998 hablar y decirle al mundo el duro camino recorrido: “Desde el 2 de Marzo del año en curso, me he declarado en una cruzada por reconquistar mi verdadera identidad y dignificación de mujer y ser humana integral; para mí, en esta etapa trascendental de mi vida, no hay reivindicación en el mundo más importante que el encuentro con mi propio ser, al que muchos desconocen pero que en su despertar y andar ha acumulado fuerzas suficientes para emprender una lucha que encuentra como principal muro los actuales tejidos y vestigios del poder y el sistema patriarcal implantado por siglos. Afirmo, que fui acosada y abusada sexualmente por Daniel Ortega Saavedra, desde la edad de 11 años, manteniéndose estas acciones por casi veinte años de mi vida, y que a lo largo del presente testimonio expondré en las formas sucedidas. Afirmo, que mantuve silencio durante todo este tiempo, producto de arraigados temores y confusiones derivadas de diversos tipos de agresiones que me tornaron muy vulnerable y dependiente de mi agresor. He tenido que transcurrir un doloroso y desgastante camino para saber interpretar y conocer yo misma, las consecuencias y secuelas de sistemáticas y salvajes prácticas que en mi contra se cometieron desde 1978 hasta febrero de 1998, es decir, hasta hace poco. Fui sometida a una prisión desde la propia casa donde reside la familia Ortega Murillo, a un régimen de cautiverio, persecución, espionaje y acecho con la finalidad de lacerar mi cuerpo e integridad moral y psíquica. Mi silencio fue la expresión de un ambiente propio de la clandestinidad y la aplicación de una férrea secretividad. Daniel Ortega, desde el poder, sus aparatos de seguridad y recursos disponibles, se aseguró durante dos décadas a una víctima sometida a sus designios y voluntad individual. Denunciar esta cadena consecutiva de hechos no me ha sido fácil, he tenido que vencer el fatalismo y el miedo a responder preguntas que formulé desde el fondo de mí ser, tales como: ¿Por qué me tuvo que suceder eso? ¿Qué hice yo para merecer la vida que tuve? Las respuestas me reclamaban despertar y rebelarme ante los grilletes impuestos. Sentido de oportunidad en un proceso tan complejo no pude determinarlo ni me preocupó, pues en un caso como el que represento y frente a un agresor de gran poder, tuve que llenarme de coraje y valor para empezar mi liberación y nacimiento indistintamente del tiempo y de los acontecimientos. Mi alma pidió gritar y así lo hice en el momento que debió ser; ahora pide reivindicación total y plena. Para mí, ahora, el sentido y la lección más importante es el profundo respeto a la vida en sus múltiples dimensiones. Este respeto es un principio elemental, ya no sólo porque se suscribe en documentos oficiales que rigen a las naciones, sino por un sentido de humanidad que nos dice que si alguien no es capaz de respetar una vida, no puede considerarse humano. Mi experiencia muestra cómo se violenta e irrespeta una vida, no sólo atentando contra ella mediante la amenaza de agresión física que conlleva a la muerte, sino también, cercenando su realización como individuo, como ser y como todo. Quiero decir, con ello, que lo que viví fue el INTENTO DE ASESINAR MI DERECHO A CRECER, A VIVIR y a tener ejercicio pleno de mi voluntad. Durante todo este tiempo se me negó el derecho a existir como ser humano, se me mantuvo como objeto de otro ser. Sencillamente, y no tengo más palabras que expresar, SE ME NEGÓ EL DERECHO A LA VIDA. Si sumo a ello, que fue mi condición de mujer la primera en ser mancillada y objeto de vejámenes, he de reiterar que son aquellas lesiones a mi género las más severas a la integridad y derechos humanos. Fue a partir de las características de mi sexualidad, del aprovechamiento de los patrones de desventajosa inferioridad que se entretejió la esencia de la dominación y encarnación del sistema patriarcal. La forma en la que operó el poder y sus instrumentos, me llevan a enarbolar una bandera que establezca que los abusos de poder en las mujeres tienen manifestaciones tan diversas como todas aquellas presentes en mi caso. Se abusó en mi condición de niña, se abusó en mi condición de mujer, se abusó de mi cuerpo, se abusó de mis emociones, se abusó de mi condición de militante sandinista y se abusó de mis concepciones. El poder, que se aprovechó de la ingenuidad propia de mi niñez y adolescencia, estrenó en mí todos los instrumentos posibles de dominación: físicos, sicológicos, políticos, familiares y militares. En mi contra, se hizo uso de la autoridad, de la fuerza, de la destrucción, de la subjetividad, etc. Se me hizo daño desde el ejercicio del poder supremo de este país, desde una tribuna que hoy nos debe hacer reconocer que el ejercicio de la política debe estar marcado por un profundo sentido ético y humano. Quiero decir con ello, que no puede haber una proclama y un discurso político que sea incongruente con una práctica personal, individual. Hoy, debo encaminarme a mi propio saneamiento y al proceso de muchas mujeres que aún pernoctan en el silencio, el miedo y la oscuridad, para una vez andado el valor y de levantar la frente, no se nos victimice ni castigue nuevamente. Hoy, debo celebrar el hecho de estar viva. Hoy, debo agradecer a quienes con pequeñas cosas, y sin saberlo ellas mismas, me dieron luces y fuerzas en medio del holocausto para enfrentar semejante reto en mi vida, y seguramente, de la sociedad en su conjunto”. De los 11 a los 14 años: abusos deshonestos El primer contacto de Zoilamerica con Daniel Ortega fue en 1978, cuando ella tenía once años de edad no cumplidos y la familia aun vivía en San José, Costa Rica. “La casa que habitamos (mi madre, hermanos y yo) fue un importante centro de actividades político militares -de seguridad se solía decir-, Como nicas y sandinistas vivimos escondidos todo el tiempo. El secreto fue parte de la vida clandestina”. Fue en éste contexto donde Zoilamérica conoce a Daniel Ortega,”me enteré que aquel hombre extraño era comandante, una persona muy importante para el resto de la gente y que sostenía con mi mamá una relación de pareja”. “Fue en este país en los primeros meses que él se vinculó a nosotros, que comenzó el acoso, bromas y sugerencias de juegos malintencionados, me sentí impactada y bastante amenazada, pues las ofensas verbales fueron más frecuentes y chocantes para mí. Mi seguridad desapareció, pues las amenazas que me hizo en variadas ocasiones comenzaron a cumplirse por las noches; cuando mi madre dormía, Daniel Ortega se dirigía al cuarto donde me encontraba para arrecostarse en mi cama y rozarme con su pene partes de mi cuerpo. Recuerdo que me daban escalofríos, temblores y sentía mucho frío. Yo cerraba los ojos para no ver nada, permanecía inmóvil sin poder hacer nada”. Inicio del impacto psicológico del abuso. Ortega aumentó sus acciones agrediendo psicológicamente a Zoila América, haciendo creer públicamente que ella sostenía relaciones sexuales con otras personas. Desde entonces,” fue haciéndome pensar que todo acercamiento afectivo con cualquier hombre y de cualquier edad, implicaba un interés sexual hacia mí. Para mí lo sexual era sinónimo de aquellas actitudes obscenas y vulgares de Daniel, y por lo tanto, poco a poco empecé a tener gran desconfianza hacia todos los hombres. Si el compañero de mi madre, agredía mi cuerpo contra mi voluntad, qué podía esperar de otros. Él me obligaba a callar y a aceptar los vejámenes que recibía de su parte”. En ese tiempo él contaba con 34 años de edad y Zoila América con 11 años. El regreso a Nicaragua, continúan los abusos deshonestos: A su corta edad Zoila América no entendía nada de la sexualidad en general, mucho menos de la masculina. Para ella aquella situación era confusa, aunque siempre tuvo conciencia de la imagen de superioridad que tenía Ortega en la casa. Era dirigente, y escuchaba decir que era miembro de la Dirección Nacional y que podía llegar a ser Presidente de la Junta de Gobierno. Siempre tuvo la imagen de que era muy importante. Hacia 1980, Daniel Ortega era presidente de la República de Nicaragua y Zoilamérica cumplió 13 años de edad, su salud se fue deteriorando; nauseas, vómitos que de momento no tenían explicaciones, pero que con el tiempo se fueron complicando. La vigilancia y el control se perfeccionaron con distorsionadas actitudes de padre y manipulaciones de todo tipo. Las llamadas telefónicas preguntando sobre su paradero se volvieron sistemáticas; En sus ambivalencias de padre abusador, siempre estuvo ahí, para acosarla, manosearla, vigilarla y espiar a sus amistades. “llegué a entender que no tenía derecho a tener amigos ni amigas, escasas personas me visitaron durante el período que permanecí en aquella casa”. Zoila América manifiesta que su relación con Ortega fue muy superficial, aunque era el padre, el jefe de hogar, lo trato siempre de USTED. Los temas de conversación generalmente eran en público y propios de la formalidad padre-hija; aquellos temas eran relativos al colegio. Las conversaciones en común se fueron disminuyendo considerablemente, ella evadía su presencia, le era difícil ocultar sus emociones de vergüenza y rechazo. De los 15 a los 18 años: Violación continuada “Daniel Ortega me violó en el año de 1982. No recuerdo con exactitud el día, pero sí los hechos. Fue en mi cuarto, tirada en la alfombra por él mismo, donde no solamente me manoseó sino que con agresividad y bruscos movimientos me dañó, sentí mucho dolor y un frío intenso. El ensució mi cuerpo, de mi dolor hizo caso omiso”. Afirmación del poder de Daniel Ortega sobre Zoilamérica. Él pensaba que alguien tan ocupado sólo necesitaba sexo y que yo era la indicada a dárselo. Él me manipuló y me concibió como objeto sexual de un líder que se lo merecía todo. Así fue que sucedió durante seis años, haciéndome creer que con mi sacrificio aportaba y protegía a la Revolución, por eso para mí no fue tan importante el valor y la estima propia, todo lo que él hacía en mí era por la Revolución. Llegué a sentir en mis hombros el insoportable y torturante peso de ésta “. Su adolescencia y los primeros años de juventud, la dejaron marcada por secuelas de seis años de agresión y acoso. Se convirtió en un ser solitario, cautivo y triste. Las diversas crisis nerviosas que enfrento la hicieron muy frágil, con profundas depresiones y vulnerabilidad. A sus quince años no tenía conciencia de sí misma, el concepto auto-estima lo desconocía, nadie nunca le habló de ello. Daniel Ortega, haciendo uso de su gran poder, intensificó su morbo y fantasía sexuales, filmó el momento de una de tantas y continuadas violaciones, obligándola a que vieran el video juntos, como una segunda tanda de placer para él. La forzó a hacer el acto sexual con él en presencia de terceros; también comenzó a utilizar objetos, a golpearla, a comprarle ropa interior que lo estimulara y a practicarle sexo oral con mucho maltrato. En muchas ocasiones se propuso hacer el sexo anal, la obligó a pronunciar palabras y frases soeces para excitarse. Una vez avanzado el tiempo de continuados abusos y violaciones, las prácticas se realizaron en diferentes lugares de la casa. De los 19 a los 23 años: Intensificación de la violación. A la edad de diecinueve años, con prolongadas violaciones sexuales, Zoila América permanecía en cautiverio, con daños físicos, morales y síquicos. Padecía intensos y frecuentes dolores de cabeza, mareos y malestares gastrointestinales que la indujeron al uso abusivo de laxantes para limpiarse. También hacía uso de las píldoras tranquilizantes que su agresor le suministraba pero que ya no surtía el mismo efecto. El chequeo médico vino cuando las cefaleas fueron cada vez más fuertes y fulminantes, a grado tales que paralizó su actividad intelectual casi por completo y le impidió llevar una vida normal. Los diferentes tipos de exámenes que le practicaron (electroencefalograma, oftalmológicos, etc.), tanto en Cuba como en Nicaragua, concluyeron que sus problemas eran de tipo psicosomáticos. El Médico que la atendía, fue objeto de muchas presiones hasta ser obligado a entregar su expediente clínico a asistentes personales de Daniel Ortega, además de montarle toda una trama en su contra para evitar contacto con ella. 1986 – 1990: La escapatoria instintiva, agudización del abuso, desarrollo de fortalezas mínimas. “En 1986, teniendo diecinueve años de edad, de los cuales ocho eran de abusos en mi contra, fui adoptada como hija de Daniel Ortega Saavedra con el consentimiento de mi madre. Días después, él me dijo que ese acto debía significar un vínculo parecido al del matrimonio. Esa adopción era un enlace, una forma de casamiento; es decir, que llevaba su apellido no por ser hija de él, sino por ser su objeto sexual. Mi situación de salud fue cada vez más insostenible, mis crisis continuaron, el sonambulismo se agravó a extremos que se producía todas las noches. Las domésticas, los agentes de seguridad y el mismo Daniel Ortega me encontraron en varios ocasiones rondando en las afueras e interiores de la casa. Esto sucedía a intervalos de dos horas durante las noches y horas de siesta los fines de semanas. Mi vida afectiva estaba reducida a estar segura dentro del corral y de la trampa que desde niña armó Daniel Ortega. Se me chantajeó haciendo uso de mi conciencia sandinista, con la importancia de proteger la imagen del dirigente y de mi obligación respecto a él. Para esta época mi reacción al contacto físico corporal empeoró. No me gustó dar la mano al saludar ni mucho menos que se me diera el habitual beso en la mejilla. Era arisca. Detesté los abrazos o cualquier otra forma de manifestación de afecto que tuviese que ver con contacto físico. Sentía que todo eso era malo, cualquier roce en mi cuerpo me era lesivo y peor aún si venía de un hombre. Dar confianza a otra persona era motivo de temor, el que otra persona me pudiese hacer daño fue un horror que siempre se antepuso a cualquier motivación de carácter afectivo. Mientras Daniel Ortega me usó como basura, mi madre me trató como desecho. Fue una doble humillación humana. Los tratos fueron similares, aunque en diferentes ámbitos y manifestaciones”. De los 23 a los 30 años (1990 – 1997) El 5 de Octubre de 1991 Zoila América contrae matrimonio. Durante todo el tiempo que estuvo casada, el acoso de Daniel Ortega se mantuvo a través del teléfono todos los días, muchas veces le exigió que le comentara detalles de sus relaciones sexuales con el esposo. Fue como un permanente estado de sitio. Generalmente, al dormir se le repetían las crisis depresivas. Llegó a tener dos vidas: la de mujer casada y la de presa de Daniel Ortega. Tuvo miedo de andar en las calles, solamente se sentía segura en su casa. En 1991, empezó a laborar en el Centro de Estudios Internacionales. En 1995 se graduó de socióloga en la Universidad Centroamericana. Siempre mantuvo la fuerza de voluntad, aunque las enfermedades sicosomáticas no desaparecieron. En 1992 nació su primer hijo y en 1994 su hija sin embargo, durante seis años más desde cualquier país del mundo las llamadas telefónicas se repetían, las secuelas estaban presentes, las llamadas le provocaban angustias. A los 30 años: El estallido y la denuncia inevitable. Estrategias seguidas. “En 1997, año en que se suman varias coincidencias y hechos en mi vida, Daniel Ortega intensifica su acoso sexual en mi contra; yo reincido en mis crisis de salud, que me obligan definitivamente a buscar y mantener de manera intensiva y sistemática atención sicológica. Las nuevas manifestaciones de acoso son las que provocaron mi estallido personal que desembocó en la denuncia pública. Zoila América confió a varios militantes partidarios su situación, incluyendo a miembros de la Dirección Nacional, ellos se refirieron a la terquedad de Daniel Ortega y a la posibilidad de continuar en sus actos, y que éste tenía una actitud dual y que actuaba desconociendo sus compromisos. Les solicitó que guardaran el secreto y le brindaran apoyo. Al grupo de dirigentes de la Iniciativas a la cual estaba integrada, les pidió comprensión y paciencia ante el proceso que necesariamente conllevaba cuestionar a Daniel Ortega, pero que primeramente haría lo posible por resolverlo en el plano estrictamente personal. Nunca utilizó talleres o asambleas para referirse públicamente a Daniel Ortega y su liderazgo, Ante todo, siempre reivindicó la importancia de los valores éticos y morales, y dejó planteado que esa debía ser la aspiración de un Frente Sandinista transformado. Por primera vez, dijo a dos profesionales respetadas, las causas de su situación de salud actual y con ellas gestó un proceso doloroso de rescribir y reinterpretar la historia en conjunto. El apoyo psicológico incluyó reconocer sus fortalezas y debilidades, adquiriendo las energías y la determinación suficiente para enfrentar ese momento definitorio en su vida. El 13 de noviembre de 1997envió simultáneamente a Ortega y a su madre el libro “Del ultraje a la esperanza. Tratamiento de las secuelas del incesto”, de la doctora Gioconda Batres Méndez, libro que la ayudara mucho a entender los fenómenos y sus propias secuelas, creyendo que por primera vez, ellos abordarían con seriedad los hechos sucedidos. Zoila América se reunió con Ortega el 11 de Diciembre de 1997, haciéndole saber de sus problemas, de las serias complicaciones de salud y a renglón seguido, le echó en cara de manera enérgica el daño que perpetuó en ella, le contra argumentó por primera vez sus manipulaciones, tanto las referidas a supuestos sentimientos hacia ella, como las referidas a causas políticas. “Reconoció que en todo esto hay dos víctimas: mi madre y yo; que nunca me vio como hija; que la cárcel le produjo trastorno severos en su conducta sexual, que lo perdonara. Mostró preocupación por mis afirmaciones y me preguntó si yo preferiría verlo muerto, o si algún día lo perdonaría. Manifestó su interés de continuar la conversación, quise creer que sus disculpas eran genuinas, verdaderas; lo creí de momento arrepentido y por mi parte sentí recuperar dignidad. Haber tenido el valor de enfrentarme personalmente a Daniel Ortega, con la firmeza y determinación, me hizo mucho bien”. El acoso de Ortega se intensificó, habiendo vertido amenazas contra Zoila América, lo que produjo reacciones de parte del ex esposo quien lo confrontó también telefónicamente (últimos días de Enero 1998), en un intento de detenerlo. Daniel Ortega le argumentó que se estaba rodeando de personas sin madurez política que la estaban haciendo percibir las cosas de otra manera. Ante estos hechos, Daniel Ortega y la madre de Zoila Amèrica, desataron toda una campaña de descalificaciones en su contra a lo interno del partido. Empezaron incluso a hablar de la historia del abuso de forma distorsionada. Se desataron acciones de persecución. Alguien confió tener instrucciones de informar sobre sus llegadas al departamental del FSLN e informar de lo que abordaba en talleres y reuniones. Se sintió no solamente acosada sexualmente sino también perseguida políticamente. Sus terapeutas, ante los hechos, le recomendaron salirse de todas las actividades partidarias y viajar al exterior, para que sin acoso y alejada de los ataques de Daniel Ortega, pudiese someterse a tratamiento. Ninguna de ellas aprobó ni recomendaron la denuncia pública por considerarla en extremo riesgosa para su vida y su fortaleza emocional. Tuvo la sensación de que estaba siendo condenada al exilio, no estaba teniendo derecho ni a vivir en su propio país. Ante tales situaciones Zoila América siente que no tiene más alternativa que denunciar. “Hablar con las instancias del partido? ¿Qué podía esperar de éste, si un miembro de la Dirección Nacional me confió que “la terquedad de Daniel lo hace actuar de forma obsesiva”?

 ¿QUÉ PUEDO ESPERAR DE UN PARTIDO QUE SÉ PERFECTAMENTE CÓMO ES MANIPULADO Y ENGAÑADO POR DANIEL ORTEGA SAAVEDRA?

. Ese fue el momento decisivo: mi vida”. Dice con mucha convicción “que no puede llamarse amor el acoso sexual de un hombre de 34 años sobre una niña de 11 años; ni amor a la violación consumada en el acto y prácticas sexuales degradantes; no puede llamarse amor al acecho, a la persecución, al aislamiento, al espionaje, a la manipulación ni al chantaje afectivo y político. Eso no puede tener otro nombre que ABUSO DE PODER basado en el sometimiento psicológico que inmoviliza al ser humano “ Así, en el mes de Febrero de 1998, empezó a considerar la necesidad de hacer esta denuncia pública. La decisión la tomó el 26 de Febrero de 1998. “ Inmediatamente procedí a prepararme en todas sus implicaciones, tanto en lo personal como en lo político. Tomé las medidas pertinentes de cuido y seguridad en relación a mis hijos y personas que conviven conmigo; en lo político tomé la decisión de retirarme de las actividades del grupo de militantes de Managua a la que estaba integrada; laboralmente hice otro tanto en el aseguramiento del desarrollo de los programas y proyectos que están bajo mi responsabilidad y dejar clara la distancia en relación a mi caso estrictamente personal. No fue una decisión fácil. De momento me invadieron angustias, temores y pesimismos”. “La ejecución de mi decisión se dio el 2 de Marzo de 1998, en mi casa de habitación, donde invité a mis amistades más cercanas para compartir con ellas un momento que para mí fue trascendental. Significó algo así como mi bautizo, un evento solemne, que no tenía que ser triste ni tampoco una celebración. Fue una despedida a una vida pasada y el advenimiento de una nueva. Así he comenzado el camino de mi propia liberación”. Tomado de Reporte de Caso sobre Zoilamerica por Yolanda Guirola via
http://www.radio-corporacion.com/denunciazoila.html














AGRADEZCO AL AMIGO LUIS AUGUSTO PAECHON QUE ME FACILITO ESTOS DOCUMENTOS