miércoles, 11 de abril de 2012

Socialismo: El fracaso que triunfa.Por Por Ricardo E. Calvo

Socialismo: El fracaso que triunfa Por Ricardo E. Calvo MD PhD El Instituto Independiente Mucho se ha escrito acerca del socialismo. El socialismo es una de las ideas más populares que se hayan propuesto. Como socialismo se ha considerado el control centralizado de poseer o disponer de los medios de producción por organismos estatales. En el Siglo XXI algunos autores han extendido la idea del socialismo a comprender todo sistema de agresión institucional al libre ejercicio de la función empresarial. Es difícil dar con una creencia que haya moldeado tan profundamente el pensamiento político y económico mundial en el siglo XX. Basta considerar que la religión musulmana contó en un momento con un 20% de la humanidad y al cristianismo le llevó unos 300 años evangelizar al 10% del mundo, mientras que en solo 150 años el socialismo (y sus variantes) era parte de la vida de un 60% de los habitantes del globo terráqueo. Para muchos que lidian con ideas y pensamientos políticos, el socialismo sigue constituyendo una idea atractiva, romántica y hasta cierto punto, seductora. El socialismo promete a las masas el cielo en la tierra, poder navegar por el mar de la felicidad, sin dejar de humillar a aquellos que han sobresalido por sus cualidades, inteligencia y trabajo fructífero. A pesar de los repetidos fracasos históricos logrados por la doctrina socialista, estos no dejan de ser un incentivo convincente para su rechazo total, por parte de los pueblos, sobre todo en América Latina, Africa y Asia, aun después del ejemplo sufrido por Europa Oriental durante varias décadas y visto claramente hace ya unos 19 años. Debemos indagar si el fracaso económico, político y social del socialismo se ha manifestado solamente en las regiones, sociedades y/o países donde se ha impuesto por la fuerza y bajo la hegemonía del Estado, generalmente dirigida por partidos políticos únicos. Por lo tanto, nos planteamos la siguiente interrogante: ¿Han existido ocasiones cuándo y dónde, el socialismo se convirtió en el sistema por el que se gobernaron VOLUNTARIAMENTE cierto número de personas o comunidades? Al ser positiva la respuesta, abordaremos ciertos aspectos de estas experiencias históricas e indagaremos cuáles fueron las raíces de tales experimentos sociales, sus desenvolvimientos y sus recuentos con el fin de observar en el “laboratorio humano espontáneo” la prognosis que conlleva todo sistema socialista. Desde finales del siglo XVII hasta casi nuestros días podemos enumerar cuatro ocasiones en que el socialismo voluntario surge, se desarrolla y se auto desploma por la libre decisión de los partícipes sin ninguna intervención directa o forzosa por parte del Estado. Colonizadores americanos del “Mayflower” Comencemos nuestro recuento con el viaje de los colonizadores de Nueva Inglaterra (Plymouth) llegados procedentes de los Países Bajos en 1620. Estos habían logrado obtener el apoyo y préstamos de inversionistas ingleses para financiar el inicio de una colonia en el nuevo continente. Los acreedores del financiamiento insistieron que al establecerse en el Nuevo Mundo todas las riquezas que lograran fuesen producidas y disfrutadas como comunidad para el beneficio de ellos y de los colonizadores. Esta conformidad fue expresada en el pacto firmado todavía abordo de la nave “Mayflower” que los había traído a las costas de la futura Nueva Inglaterra el 21 de diciembre de 1620, antes de echar pie en tierra. Gran parte de la epopeya de los primeros tiempos de estos colonizadores ha quedado plasmada en el libro “En la Plantación Plymouth” escrito por el segundo gobernador de la colonia William Bradford. Los primeros inviernos fueron inclementes y las cosechas de 1621 y 1622 fueron pobres y solo sirvieron para satisfacer las necesidades alimenticias más básicas por pocos períodos de tiempo. Durante estos dos primeros años los colonizadores habían estado organizados bajo el sistema comunitario en el cual “todos los beneficios obtenidos por trueque, pesca, agricultura, etc., debían ser considerados como bienes comunes y cada miembro podía disponer de ese fondo común para satisfacer sus necesidades materiales” de acuerdo a los relatos de W. Bradford. Bradford también nos describe en su libro que durante los años 1621 y 1622 “los hombres jóvenes que podían hacer frente a las tareas más arduas se quejaban que el fruto de sus labores eran concedidos y distribuidos entre las esposas y e hijos de otros de más edad y de menor capacidad laborar”. Y continúa: “los individuos reciben las mismas raciones de comida sin relación a su nivel de producción y a ningún residente se le permite que cultive sus propios alimentos” añadiendo que el “sistema imperante durante 1621 y 1622 daba origen a confusión y malestar, retardando las posibilidades de emplear debidamente los recursos, que hubieran beneficiado a cada uno de los miembros”. En su libro, el gobernador llega a comentar que: “el sistema económico imperante era una maldición” dentro del cual “hasta los miembros más comedidos de la colonia llegaron a sentir falta de respeto por los demás, y en general permeaba una atmosfera de injusticia y de esclavitud”. En más detalle Bradford reporta que “los colonizadores dedicaban más tiempo a robar comida…” (“resolver” en el argot popular dentro de la Cuba actual) “…que a cultivar la tierra”, lo que provocó que los colonizadores se sintieran descontentos y con animosidad entre ellos mismos. Hay que puntualizar que el malestar descrito por Bradford no se debía a los pagos que había que enviar a los inversionistas ingleses en Londres, sino a las desigualdades en los beneficios con que eran retribuidos por sus esfuerzos los miembros de la colonia incipiente. Pero algo sorprendente sucedió en 1623. A partir de ese año las cosechas fueron esplendidas, y es la razón por lo que los colonizadores celebraron la nueva buena y dieron gracias por sus logros. El 9 de Agosto de ese año instituyeron informalmente el Día de Dar Gracias, que todavía se conmemora en los Estados Unidos a finales de noviembre. ¿Qué medida fue adoptada por la comunidad que logró transformar radicalmente la situación material de la colonia de una año para otro? Permitamos que Bradford nos conteste estas indagaciones con las siguientes palabras: “Empezamos a pensar y considerar, cómo podríamos obtener una cosecha mayor y no tener que languidecer en la miseria…después de un debate largo y extenso los miembros de la comunidad decidieron que cada familia y/o persona acordaría cuánto cosechar de una manera independiente y a cada familia se le adjudicó una parcela de tierra proporcional al número que la constituía”. Bradford continua su explicación: “esta medida tuvo un éxito magnifico y convirtió a cada miembro de la colonia en una fuerza productora y en 1623 se obtuvo mucho más grano que el que se había obtenido anteriormente librándose el gobernador de grandes problemas”. Y añade: “las mujeres acudieron voluntariamente a ocuparse de sus tierras y llevaban con ellas a sus pequeños, quienes antes, bajo el sistema comunitario, alegaban que no poseían las fuerzas o destrezas para tales tareas y el obligarlas entonces hubiera sido interpretado como tiránico y opresivo”. “Ahora la cosecha ha terminado (1623) y en vez de hambre, Dios nos ha otorgado abundancia…y en lo que se refiere a grandes necesidades o hambre no ha existido desde ese día”. El milagro que había transformado a esta colonia totalmente aislada, en las costas que hoy son parte del estado de Massachusetts, sin participación alguna en un comercio globalizante no es otro que la institución de la propiedad privada y demuestra que la estructura socialista, sin la intervención y la hegemonía opresiva del Estado es rechazada voluntariamente, y remplazada por aquella donde cada ser humano es libre de buscar y encontrar la realización de sus sueños y ambiciones. Robert Owen y la “Nueva Armonía” Pasemos en la historia, al año 1800 y hagamos un pequeño recuento de la empresa acometida por el Sr. Robert Owen en el estado de Indiana, en los Estados Unidos. Después de la Revolución Francesa hubo un período de recogimiento por parte de las fuerzas socialistas durante la hegemonía del Imperio Napoleónico en Europa y surge de nuevo el esfuerzo, que esta vez lo lleva a cabo un industrial escocés de nombre Robert Owen. Robert Owen Owen nació en Gales (Gran Bretaña) en el año 1771 y comenzó a trabajar desde temprana edad en los hilares ingleses y más tarde se convirtió en gerente de uno de los más importantes de su época en Manchester (1794). En 1800 se trasladó a New Lanark (Escocia), donde adquirió e impulsó el desarrollo de sus propias fábricas de tejidos. Con el fin de dar a conocer sus ideales, Robert Owen se aventuró en 1816 a pedirle personalmente al Parlamento Inglés que las condiciones existentes en las fábricas fuesen modificadas y propuso la fundación de “Villas de Cooperación” que consistirían en comunidades donde los ciudadanos estarían libres de la competencia, obtendrían auto abastecimiento y sobrepasarían otros males, como la ignorancia y la desigualdad económica, que siempre habían abatido a los seres humanos. En 1819, el cuerpo legislativo inglés aprobó leyes que contenían algunas de sus ideas laborales. En 1825, decidió emigrar a los EE.UU. para dedicar todos sus esfuerzos y bienes a fundar una comunidad constituida por miembros totalmente voluntarios en la que se forjaría un “nuevo hombre”. En la primavera de ese año (1825), Owen ya en los EE.UU. pronunció un discurso en Washington D.C. donde anunció sus planes para “redimir al mundo”. Su audiencia estaba constituida por los miembros del Congreso norteamericano en reunión conjunta, el entonces recién elegido Presidente John Q. Adams, los miembros de la Corte Suprema de los EE.UU. y todos los miembros del gabinete de la nueva administración que comenzaba su mandato. En este pronunciamiento Owen invitó a todos los que así lo desearan a incorporarse voluntariamente a su acometida de iniciar una nueva comunidad que funcionaria bajo principios “socialistas” en los terrenos que había comprado con sus propios bienes recientemente, a una secta comunitaria luterana conocida como los “Rappites” en Indiana y que se llamaría “Nueva Armonía”, ubicada en el estado de Indiana, EE.UU. Owen pudo reunir un grupo de alrededor de 800 miembros, que incluía a individuos de gran prestigio en sus profesiones. Nueva Armonía Al llegar a Indiana y ya establecido en la nueva comunidad Owen declaró: “He venido a iniciar un nuevo sistema social, a cambiar el existente, plagado de ignorancia y avaricia por uno, que unirá a sus miembros y reemplazará toda competencia entre ellos. Este nuevo sistema nos llevará a un estado de virtud y felicidad, que aunque intentado en el pasado, llegará a ser una realidad y será imitado por todas las sociedades y países”. Anunció de inmediato la Constitución que regiría en “Nueva Armonía”, nombró a un Comité Gobernante Interino y decidió regresar a Inglaterra, a ocuparse personalmente de ciertos negocios, dejando a su hijo mayor como su representante. Muchos de los integrantes de la comunidad que habían respondido a su llamado, no evidenciaron desde un principio que estarían tan dedicados como Owen a sus ideas, sino más bien que habían sido atraídos por la promesa de obtener alimentos y habitaciones gratis. En los pasos iniciales Owen obtuvo la ayuda de W. MacClure, escocés acaudalado residente de Filadelfia, quien contribuyó con sus bienes a financiar el aspecto educacional de la nueva iniciativa social. Poco después, en el periódico de la comunidad llamado “La Gazzete” apareció un reportaje en el que se menciona que las actividades destinadas a la fabricación de productos para consumo interno estaban funcionando muy bien, pero solamente “jabón y goma de empaste” se producían en cantidades que sobrepasaban la demanda. Durante su existencia, la nueva comunidad obtenía gratis las medicinas, los alimentos básicos, la educación de 130 niños y entretenimiento, que consistía de conciertos ofrecidos sin costo 2 veces por semana. En mayo de ese año se produjo un cisma dentro de la comunidad y dos nuevos grupos se establecieron fuera del perímetro de la misma con la ayuda de su antiguo socio MacClure, quien se había desviado de los objetivos iniciales asignados al mismo como encargado de la administración educativa de la comunidad hasta entonces. Estos grupos abandonaron a Owen, debido a varias razones, entre ellas las restricciones en cuanto procurar e ingerir bebidas alcohólicas, la intransigencia de Owen de permitirles decidir la forma de las construcciones donde se albergaban y al aislamiento de los niños de la vida familiar, dentro del régimen imperante de guarderías. A pesar de estos acontecimientos y coincidiendo con la fecha del 4 de julio de 1826, Owen dio a conocer su “Declaración de Independencia Mental” expresando: “Les digo que el hombre hasta este momento ha sido un esclavo de una trinidad malvada que ha infligido grandes daños mentales y físicos a toda la raza humana. Me refiero en concreto a la propiedad privada, a la existencia de la religión y la institución del matrimonio”. Estas palabras no fueron bien acogidas por los comunitarios y ya para esa fecha, los campos estaban abandonados, la producción agrícola se encontraba en ruinas, las cercas se habían deteriorado considerablemente y la realidad del fracaso se había hecho evidente. En Agosto de 1826, los miembros que todavía permanecían en la comunidad acordaron despedir a los administradores, reemplazándolos con un triunvirato y en enero de 1827 Owen no tuvo otra alternativa que parcelar las tierras y venderlas. De inmediato, pequeñas tiendas privadas abrieron sus puertas y el sistema comunitario desapareció. Ese verano, Owen regresó a Inglaterra para no retornar jamás a los EE.UU. No sin antes haber declarado que su empresa había sido un éxito. Para entonces, todos sus hijos habían emigrado a los EE.UU. y permanecieron en Indiana, llegando a ser figuras de relieve en dicho estado, dentro del sistema económico y social de la libre empresa. Robert Owen había probado que las condiciones sociales benevolentes dentro de las cuales había intentado formar al “nuevo hombre” en la “Nueva Armonía” no producen “buenas personas” aun cuando estas participen voluntariamente, sin la presencia de la fuerza estatal y demostró el error de intentar cambiar la verdadera naturaleza del ser humano. Se le adjudica a Owen el uso formal de la palabra “socialismo” para designar a esa doctrina, que tapizada por una gama variada de adjetivos, todavía conquista la mente de los pueblos, al prometerles que bajo su hegemonía obtendrán la segunda realización del paraíso terrenal. La sociedad comunitaria del kibutz israelita Un kibutz es una comunidad colectiva en Israel, tradicionalmente basada en la agricultura, aunque estas han sido reemplazadas por plantas industriales y empresas técnicas en los últimos años. El kibutz es una forma de vida comunal que combina el socialismo y el sionismo: el deseo de crear el Estado judío en la Palestina y regresar a la tierra y su cultivo. Los kibbutzim no representan un escape de la sociedad, sino que fueron pioneros en la “conquista” de la Palestina por los judíos. Los miembros de los kibbutzim jugaron un papel de “colonizadores” del territorio palestino al fundarse el Estado de Israel. Ha habido varias olas de inmigración judía desde 1880 que se constituyeron como colonias agrícolas en Israel, organizadas como cooperativas socialistas. En 1909, Yossef Baratz estableció con 9 hombres y 2 mujeres una comunidad llamada Degania–la cual se convirtió en el primer kibutz–y en su libro “A Village by the Jordan” proclamó en 1956: “Creemos que no debe haber empleados ni patronales, en lo absoluto...debe haber un camino mejor”. Nuevas olas de emigrantes judíos, con más experiencia en la agricultura llegaron a la Palestina en la década de 1920, para integrarse en la fundación de nuevos y mayores kibbutzim (el plural de kibutz en hebreo es kibbutzim) con una creencia más firme de que “el socialismo voluntario serviría de modelo al resto del mundo”. Los kibbutzim experimentaron una mejoría en sus condiciones de vida en las primeras décadas, después de la independencia de Israel y en los años 60 habían llegado a tener un acelerado grado de desarrollo. El número de kibutz llegó a 270 y contaban con 130.000 personas en su esplendor, pero nunca constituyeron más allá del 3 al 5 % de la población israelita. El prestigio político que los kibbutzim disfrutaron en los 60 quedó demostrado en el Parlamento Israelita cuando 15% de sus miembros eran ex miembros de los kibbutzim. Los primeros kibbutzim tenían en mente algo más que ser simple granjeros en la Palestina, querían crear una nueva sociedad, donde todos eran iguales sin ser “explotados”. Deseaban ser independientes de las patronales y empresarios, poseyendo las propiedades en común y que cada miembro produjera de acuerdo a sus habilidades y consumiera para satisfacer justamente sus necesidades. Sin embargo, los kibbutzim no tenían por objeto imponer sus creencias y prácticas socialistas al resto de la población y funcionaron como organizaciones comunitarias, dentro de un medio ambiente de propiedad privada en el resto de Israel. En el kibutz, el principio de la igualdad se seguía seriamente y el socialismo se logró en su plenitud: nadie poseía sus propias herramientas y los regalos recibidos de afuera eran entregados a la administración. Se rotaban las obligaciones y trabajos, se compartían las comidas en los comedores comunitarios, sus alberges eran idénticos y los niños eran cuidados en los centros especiales educacionales con poco contacto físico con los padres. Para inculcar el espíritu comunitario, las comidas se servían en mesas donde los esposos no se sentaban juntos y algunos utensilios de cocina no se permitían, pues podía conducir a la reunión de los esposos. Los miembros de los kibbutzim no poseían cuentas de banco propias y raramente tenían contacto con el dinero y los medios eran distribuidos equitativamente. Las compras en las cantinas debían ser aprobadas por el comité a cargo. Los miembros participaban en asambleas generales semanales, en donde cada uno podía intervenir. Las decisiones más primordiales de cada kibutz se aprobaban por consenso o mediante el voto, a menudo con escasas audiencias, mientras que las actividades de “a diario” eran señaladas por los dirigentes y anunciadas en tablillas colocadas en los comedores comunitarios. Acompañaban a estas asambleas extensos comentarios acerca de ciertos elementos calificados como “parásitos” quienes abusaban de la propiedad comunitaria y no se esforzaban en sus obligaciones laborales. Uno de los temores más debatidos en los kibbutzim era el nacimiento de un niño(a) y la interrogante que surgía era, ¿quién estaría a cargo de este nuevo miembro a partir de su nacimiento? La respuesta en general fue que pertenecía a todos y algunas mujeres amamantaban a los neonatos, sin ser sus propios hijos. En la década de 1920, los kibbutzim iniciaron un proyecto conocido como “Las Sociedades de los Niños” donde enfermeros y maestros funcionarían como mejores crianderos que los propios padres. Los padres no podían acostar a sus hijos y por lo general no los veían por periodos extensos, excepto de forma casual. Creyeron que de esta manera librarían a las madres de lo que se le llamó la “tragedia biológica” de dedicar horas a educar a sus proles y así podrían estar libres para cumplir con las obligaciones laborales o disfrutar de períodos de esparcimientos. Esto era de gran prioridad, ya que el número de mujeres en los kibbutziim era superior al de los hombres, en la mayoría de los casos. Platón en su obra “La República” subraya que un factor contribuyente al socialismo es mantener a los hijos separados de los padres, ya que la “familia” contribuye a querellas que surgen de ser propietarios y de tener lazos familiares. Sin embargo, las mujeres ya nacidas y/o criadas en los kibbutzim eran reacias a participar en las obligaciones impuestas por las “Sociedades de los Niños” y pusieron fin a las mismas. Algunos de los jóvenes, producto de este experimento, expresaron más tarde: “dándonos de mamar cada cuatro horas y pudiendo llorar para que se desarrollaran nuestro pulmones, crecimos sin esa seguridad vital, que se necesita para la supervivencia....fuimos educados para que fuéramos iguales...pero éramos realmente diferentes... Al llegar la noche los adultos apagaban las luces y se marchaban. Y uno sabía que se orinaría en la cama, ya que teníamos miedo de ir solos al cuarto de aseo” (Gavron Daniel “The Kibbutz: Awakening from Utopia”. Rowman & Littlefield, Lanham 2000). Uno de los ejemplos más radicales para eliminar desde una edad temprana la idea de la posesión de bienes propios fue la de los kibbutzim. En estas comunas los niños no tenían nada de su propiedad, incluida la ropa interior. Algunos autores como Spin, Batleheim y Baizerran han investigado el impacto psicológico de la vida comunitaria de los kibbutzim y han concluido que los niños y jóvenes en estas comunidades tuvieron grandes dificultades en establecer amistades, lograr madurez en las relaciones íntimas y en vínculos que conllevan al matrimonio y a la formación de familias. Estas capacidades se calificaban como “sentimientos egoístas”. No podían enamorarse, porque se les había enseñado que este sentimiento implica “posesión”. No debían ser poetas, porque la poesía era algo que solo “unas personas” disfrutarían. No hay duda que fueron excelentes militares, ya que se sacrificaban por el “bien común”. Para esta época, la tercera generación de los kibbutzim, comenzó el éxodo de la vida comunitaria. En los kibbutzim las relaciones padres/hijos fueron mancilladas de ex-profeso y la educación escolar se llevaba a cabo con el propósito de inculcar desde bien joven los principios socialistas. La rebelión contra la educación comunitaria de los niños fue una de las principales causas del fracaso de los kibbutzim como experimento socialista. Muchos de los niños nacidos y criados en los kibbutzim no quisieron que sus propios hijos siguieran la tradición educacional del pasado. Este cambio en la actividad y el pensamiento produjo modificaciones en la construcción de viviendas y su distribución, la desaparición de comedores populares y el surgimiento de pequeñas bodegas dentro de los recintos de los kibbutzim. Este cambio trajo también un resurgimiento del individualismo contrario a los más básicos principios socialistas de los kibbutzim. A medida que nuevas generaciones nacieron y crecieron, los kibbutzim experimentaron cambios en la organización y cultura y la identificación de sus nuevos miembros con sus propósitos y fines originales fueron a menos. La época de gloria de los kibbutzim fueron los años 80, aunque en 1977 Menachem Begin fue elegido Primer Ministro de Israel y puso coto a la política del Partido Laboral Israelita desde la fundación de este como Estado judío de subvencionar a los kibbutzim. Begin suspendió la ayuda económica estatal y los contratos gubernamentales con estas instituciones colectivas. En el periodo de los 80 se vio un despunte de la inflación en Israel y los kibbutzim se vieron en la necesidad de gestionar prestamos que más tarde no podrían pagar como consecuencia de inversiones no rentables en el mercado de valores, que naturalmente era un campo sobre el que carecían de experiencia. La situación económica en Israel de los 80 contribuyó a la insolvencia de los kibbutzim, pero para entonces el país ya no tenía que depender de ellos para su desarrollo y seguridad como lo había hecho en décadas anteriores. En la misma década se produce otro cambio en los kibuutzim: se instituye el bono monetario individual que podía ser utilizado en la satisfacción de los deseos individuales de sus miembros. Había comenzado el cambio hacia la existencia de la propiedad privada. Algunos de sus miembros comenzaron a trabajar por su propia cuenta (cuentapropistas) fuera de los kibbutzim, lo que los puso en contacto con el mundo de la iniciativa privada. Estas actividades acentuaron las diferencias que existían entre la individualidad y el colectivismo de los kibbutzim, afectando directamente el incentivo al trabajo comunitario-. Factores económicos externos a los kibbutzim forzaron a que los dirigentes tuvieran que remunerar a los miembros de los kibbutzim por horas prolongadas de trabajo y más tarde muchos de los servicios y bienes fueron paulatinamente privatizados llegando algunos a borrar de sus rótulos la palabra “kibbutzim”. Aquellos que dejaban la vida comunal eran por lo general los miembros más productivos y para conservar cierta fuerza laboral los dirigentes tuvieron que contratar trabajadores sin vínculos a los kibbutzim y establecer diferentes tarifas de salarios de acuerdo al nivel de trabajo. Los miembros de los kibutzim también descubrieron con el tiempo que la autosuficiencia económica era imposible en las actividades agrícolas y en la inversión de capital, y en la actualidad se han visto en la necesidad de asalariar a palestinos como fuerza laboral y los kibbutzim están involucrados en actividades comerciales de índole turística y de servicios. Después de varias décadas de socialismo voluntario, los kibbutzim están abandonando los principios socialistas y han iniciado proyectos capitalistas para lograr cierto éxito económico al fomentar más la industria que la agricultura y permitir que los esfuerzos empresariales privados fomenten la creación de factorías, hoteles, centros turísticos y comerciales. En abril de 2001, el periódico Jerusalem Post reportó que uno de los kibbutzim en el centro del país se desmantelaba para convertirse en una comunidad donde cada miembro fuese dueño de su vivienda y poseyese acciones de la factoría, mientras vendían sus tierras para pagar la deuda comunitaria. Un miembro ya anciano del kibbutz Kinneset expresó: “Tratamos de cambiar la naturaleza humana y crear un nuevo ser humano. Para mi pesar, el kibutz no tuvo ningún éxito en esa campaña”. La cuarta y última instancia en establecer voluntariamente una sociedad socialista, aunque bajo los auspicios del Estado, fue Arthurdale en el condado de Preston en el Estado de la Virginia Occidental ( West Virginia ) en los EE.UU.. La situación económica en el noroeste del estado de West Virginia en los Estados Unidos había sufrido un gran reverso en 1932. Esta zona de Norteamérica había sido un gigantesco centro de la minería carbonífera que en el año 1921 contaba con 37 minas en manos de 33 compañías en un territorio de 5 millas conocido como Scotts Run. En 1932 el precio del carbón en los mercados sufrió los efectos combinados del fin de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión del 29, produciéndose el cierre de estas minas y despidos laborales que empobrecieron a los mineros y sus familias, lo que coincidió con el hecho de que las agencias estatales y entidades religiosas no contaban con los recursos necesarios para aliviar las nuevas condiciones económicas prevalentes. En 1933, a la Sra. Lorena Hickok, amiga intima de la Primera Dama Eleonor Roosevelt, se le encomendó realizar una gira por Morgantown en el noroeste de West Virginia y el resto de los Apalaches y observar de cerca las condiciones de vida de los mineros afectados por los cambios que había sufrido la industria del carbón. Al finalizar tal periplo, esta Sra. informó a la Primera Dama que las condiciones de vida existentes “no hubieran sido recomendadas ni para los cerdos” y que podrían acarrear graves consecuencias sociales más adelante. Como resultado de esta impresión alarmante de la Sra. Hickok, la esposa del presidente se trasladó a la región en agosto de 1933 para ver personalmente la situación imperante. Después de dos semanas, la Sra. Roosevelt anunció la creación de la primera comunidad planificada por el Estado americano compuesta de mineros desplazados del campo Scotts Run. Este proyecto gubernamental fue asignado al Ministerio del Interior con el nombre de Arthurdale, siendo el Sr. Harold Ickes quien ocupaba tal cartera estatal. En 1934 Arthurdale fue la primera de muchas otras comunidades similares previstas por la administración de Franklin D. Rooselvet. (FDR). Otras fueron Pendelea Homestead en Carolina del Norte y Austin Homestead en Minnesota. El objetivo teórico de tal comunidad era congregar trabajadores agrícolas y mineros del carbón de escasos medios en un medio ambiente rural donde pudieran permanecer empleados y auto abastecerse económicamente. La Sra. Rooselvet asumió la planificación e implementación de Arthurdale como algo personal y actuando como “encargada” ordenó que las construcciones de casas y edificios de la comunidad cumpliesen con las últimas medidas en materia de construcción, se atrajeran industrias y se vigilara que los gastos no excedieran el presupuesto asignado a tal empresa por el Estado. Ni corta ni perezosa la Sra. Roosevelt envió una carta al senador republicano George Norris en la que solicitaba la adquisición de 1.000 acres en el estado de West Virginia que pertenecían a un ciudadano cuyo nombre era Richard Arthur, que no había podido pagar los impuestos sobre su finca. La Primera Dama había asegurado que esta inversión no sería sufragada por los contribuyentes, sino que se pagaría por sí misma en el corto plazo. Poco más tarde era obvio que esta franja de tierra no satisfacía las condiciones para ser habitada en la forma masiva como había sido planeada por los burócratas gubernamentales, debido a las características porosas del subsuelo y las dificultades de proveer el suministro de agua potable a dicha zona. Como otros programas gubernamentales, este se inició precipitadamente con la compra de 50 casas de verano prefabricadas, totalmente inadecuadas para el clima de West Virginia y sin las dimensiones apropiadas para que cupieran dentro de las zapatas que ya se habían construido. Por lo tanto una serie de arquitectos fueron traídos desde New York para que rehicieran las casas y las acomodaran al clima de la región y a las dimensiones apropiadas, lo cual atrasó el proyecto unos 6 meses. El interior de la casas se amuebló de una manera lujosa, flores fueron traídas para adornar los jardines y pozos de agua fueron fabricados a un costo que malamente la nación americana podía solventar durante los años que siguieron a la depresión del 29. El Ministro del Interior Ickes hizo referencia a este gasto al comentar: “Hemos gastado dinero en Arthurdale como marineros embriagados”. A mediados de 1934, los primeros “colonizadores” se habían establecido y más tarde Arthurdale llegó a ser una comunidad de 165 casas. El costo original calculado por la Primera Dama había sido de 2.000 dólares por unidad, pero el costo final llegó a ser de 16.625 dólares cada una. Indiscutiblemente, el presupuesto para instituir esta comunidad planificada había sido sobrepasado de una manera extraordinaria pero ningún funcionario que había participado en la evaluación inicial fue despedido y el proyecto continuó a toda marcha. A pesar de todo la Sra. Rooselvet consideró a Arthurdale un experimento social que marcaría los inicios de un nuevo tipo de vida donde se forjaría el “nuevo hombre americano”. Los “colonizadores” de Arthurdale habían sido convertidos de una manera imperceptible en miembros del sistema benefactor estatal, llegando al punto de llevar al ómnibus escolar para que fuese reparado en el taller de la Casa Blanca situado a 200 millas, antes que intentar su arreglo en Arthurdale. Este experimento social partía del concepto de integrar la familia, el trabajo y la comunidad que había sido manifestado por M.L. Wilson, un economista agrario que encabezó la “División de Colonias Subsidiadas” creada por FDR en 1933. El propósito de estas “colonias” subsidiadas era combinar en un solo programa la descentralización industrial, la relocalización de la fuerza laboral y lograr la agricultura de sustento para balancear las vidas rurales y urbanas, lo cual brindaría las ventajas de una nueva estructura de civilización. En cada colonia cientos de familias dispondrían de financiamiento para adquirir casas nuevas con suficiente tierra (5 acres) para actividades agrícolas localizadas alrededor de plantas industriales donde sus miembros podrían ser empleados. Una perfecta combinación de vida rural y urbana que sería un ejemplo para su diversificación más tarde en todo los Estados Unidos. El objeto central de las “colonias subsidiadas” es la cooperación– crear cooperativas entre los “colonizadores” para lograr la formación de unidades sociales y económicas que menoscabaran el individualismo-. Estas ideas dieron a los estadounidenses de la época la oportunidad de creer en la iniciativa empresarial mientras eran reclutados en un sistema benefactor estatal que regularía sus futuros. En junio de 1934 las primeras 50 familias se trasladaron a sus nuevas residencias en Arthurdale. Sus actividades diarias fueron organizadas por los dirigentes administrativos gubernamentales para unificar la ideología comunitaria con la del pionero colonizador y lograr el propósito anunciado por la Sra. Roosevelt: “Hay que enseñarles a los colonizadores como vivir”. Las labores de los pioneros fueron asignadas de acuerdo al sexo donde los hombres se dedicaron principalmente a las labores agrícolas, mientras las mujeres se ocupaban de preparar las comidas de las escuelas, envasar productos de conservas alimenticias y acudir a clases para aprender a tejer. Para dirigir la educación de los niños, la Sra. Roosevelt eligió a la pedagoga Elsie Ripley Clapp quien había sido discípula y asistente de John Dewey en la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. En Arthurdale la Sra. Clapp implementó un sistema de enseñanza que “cumplía una función social” siguiendo las orientaciones de Dewey. Este sistema consistía de un plan de estudios que interpreta a las actividades y necesidades comunitarias como el laboratorio donde los alumnos adquieren sus experiencias y conocimientos educacionales. Los problemas de la vida corriente son los que proveen el currículo, en lugar de los tradicionales tópicos escolares. La Sra. Clapp intentó iniciar la enseñanza de niños a partir de la edad de 2 años, así como reeducar a los padres en todos los aspectos de la crianza de éstos. Según ella, estas intenciones se lograrían: “al extraer impedimentos físicos y mentales y remplazarlos con nuevas actitudes que los ayudarían”. Muchos de los estudiantes en Arthurdale se convirtieron en profesionales, aunque algunos tuvieron dificultades el lograr un nivel universitario pues la enseñanza secundaria en Arthurdale no había sido reconocida y acreditada legalmente por el estado de West Virginia. La organización de la enseñanza en Arthurdale era tal, que los partícipes carecían de una idea clara de su progreso y no podían saber con certeza el nivel que habían alcanzado en un momento dado. Esta incertidumbre esta agudizada por la gran variedad de cursos disponibles sin un currículo concordante con una enseñanza secundaria unificada. Una vez que el sistema educacional fue inaugurado y establecido algunas de las familias de Arthurdale decidieron no enviar sus hijos a las escuelas de Ms. Clapp y los matricularon en el sistema educativo de Masontown (pueblo adyacente a Arthurdale ). Sin embargo, hoy en día muchos de los antiguos alumnos de Arthurdale opinan que el currículo que habían utilizado les había sido beneficioso. Mas tarde, poco a poco el plan de estudios fue transformándose y gravitó hacia los de los distritos escolares adyacentes, satisfaciendo así los requisitos necesarios para la acreditación estatal. Esto sucedió al cambiar los administradores originales y ante la falta de recursos monetarios estatales procedentes de Washington D.C. y el deseo de los padres de que sus hijos acudieran a escuelas que impartieran enseñanzas “tradicionales”. Aunque la Sra. Roosevelt había logrado que algunas firmas industriales localizaran plantas manufactureras en Arthurdale, tales como General Electric, solo Sterling Faucet permaneció por largo tiempo lo cual limitó el número de plazas de trabajo fuera del campo agrícola. Al mismo tiempo, la mayor parte de las familias en Arthurdale se percató de que no podía subsistir con lo que lograba en sus cultivos y se convirtió en dependiente del sistema benefactor estatal. A finales de la década de 1930, Arthurdale había perdido el apoyo financiero de Washington DC y la Sra. Roosevelt no había logrado el sostén político para prolongar la existencia del proyecto que tanto había anhelado. En 1941 Arthurdale fue privatizado totalmente y todas las propiedades estatales fueron vendidas, con pérdida a los “colonizadores”. El experimento de Arthurdale había llegado a su final. En 1985 se fundó una organización que se ha dedicado a mantener muchas de las construcciones originales de Arthurdale las cuales se pueden visitar hoy día. En 1961 la Sra. Roosevelt visitó Arthurdale por última vez con el objeto de inaugurar una iglesia presbiterana. ---------------- En los kibbutzim asi como en la Nueva Armonía de Owen y los emplazamientos originales de los colonizadores del Mayflower y de Arthurdale, no existió la coerción; sin embargo, una vez que la vida socialista fue experimentada en su plenitud la mayor parte de sus miembros eligieron “democráticamente” abandonarla o abolirla. Al considerar la reacción de los participes en la organización socialista de vida que existió en las cuatros situaciones presentadas aquí, uno debe indagar lo siguiente referente al socialismo: ¿Cómo una idea tan incongruente con la naturaleza humana ha logrado captar la mente de las masas de una manera tan rápida y efectiva? ¿Cómo esta idea que invoca tantos sentimientos humanos “nobles” ha dado lugar a los regímenes estatales más crueles en la historia de la humanidad? La gran diferencia entre el individualismo y el socialismo es que el primero permite experimentar con el segundo mientras que el socialismo no da cabida a aquellos que prefieren vivir dentro del marco de la libre iniciativa personal. “Si el socialismo va en contra de la naturaleza humana, nosotros cambiaremos la naturaleza humana” dice un slogan marxista. Muchos seres humanos creen que es indigno robar, asesinar o torturar para su propio beneficio pero es una virtud hacerlo en bien de los demás. Nos dicen los socialistas: no puede recurrir a la brutalidad para su provecho, pero siga adelante si es necesario para “ayudar” a los demás. Quizás la opinión más repugnante que uno oye a veces en boca de intelectuales socialistas sea: “Seguro, Stalin asesinó a millones pero es justificable porque fue en beneficio de las masas”. Jamás consideré a los socialistas como “sinceros aunque equivocados idealistas”. El propósito de esclavizar a algunos seres humanos para el bien de otros no es un ideal. La brutalidad no es idealista y no importa cuáles son sus propósitos. Nunca digamos que el anhelo de “hacer bien” por la fuerza es un buen motivo. Ni el deseo del poder absoluto ni el atropello contra los semejantes son buenos motivos. Sospechemos siempre de aquellos que a través del socialismo nos prometen el paraíso en la tierra y nos quieren conducir hacia el “mar de la felicidad”. Las utopías imaginarias de Platón, Tomas Moore y demás socialistas tienen que contar con la coerción para perpetuar sus fines pues aun por los medios voluntarios y pacíficos el socialismo ha sido un fracaso ya que de una u otra forma nos lleva de una manera inexorable a la miseria total. FIN Bibliografía • “Día de Dar Gracias: Oda a la Propiedad Privada” por Ricardo E. Calvo MD PhD, Revista Electrónica Guaracabuya, noviembre 2007. • “Heaven on Earth: The Rise and Fall of Socialism” por Joshua Muravchik., Encounter Books., 2002. • “Kibbutz” en enciclopedia electrónica Wikipedia (ingles) • “The Kibbutz: Awakening from Utopia” por Gavron, D., Rowman & Littlefield, Lanhan, 2000. • “The Children of the Dream” por Bettelheim, B., Simon & Schuster., 2000. • “Pay-as-you Go Kibbutzim” en el Wall Street Journal, Mayo 26 2005, pp B1-B2. • “The Peculiar History of Arthurdale” por C.J. Maloney Agosto 2007., Mises Daily em www.mises.org. • “Constructing Ideal Families in Ideal Communities: The Case of Arthurdale, West Virginia” por Stuart Patterson, Institute of Liberal Arts, Emory University, Working Paper 12, April 2002. • “Participants in the Arthurdale Community School’s Experiment in Progressive Education From the Years 1934 – 1938 Recount Their Experiences” por Mary Wuenstel Ed. D., Duquesne University, Pittsburgh, Pa 2002. Publicado por Gabriel Gasave