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lunes, 29 de agosto de 2011

"Hasta Guillermo Fariñas, nos sale con una declaración digna de Cantinflas y nos dice: “Mi opinión es ambivalente”.




EL ENCUENTRO DEL EXILIO Y LA EMIGRACION.
Por Alfredo M. Cepero.


Director de www.lanuevanacion.com



“Visitar la casa del opresor es sancionar la opresión… Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa en son de fiesta la casa de los que se los conculcan es enemigo de su pueblo”. José Martí

El último proyecto de ley del Representante Federal, David Rivera, ha puesto al descubierto la muralla gigantesca que divide al exilio cubano de la emigración cubana. Es un fenómeno que tiene poco que ver con la edad de la persona o con su fecha de salida de Cuba. Tiene mucho que ver con su estado mental, con las metas que persigue o con los principios que rigen su vida. Los exiliados renunciamos a nuestro bienestar personal en aras de la libertad. Los emigrados buscaron la libertad como medio de promover su bienestar personal. Para nosotros, la libertad fue un fin que mereció el sacrificio de abandonar bienes materiales y hasta seres queridos. Para ellos, es un medio a través del cual satisfacer sus apetencias materiales. Y punto.

Este es el meollo del argumento que nos ha divido y nos seguirá dividiendo hasta que Cuba sea libre. Todo lo demás que escuchamos por estos días no son más que cortinas de humo para esconder hipocresías, frivolidades, egoísmos y avaricias según de quién venga la declaración. Este conflicto no es, por otra parte, un asunto nuevo. Lo confrontaron nuestros compatriotas que combatieron a la Metrópolis Española en el Siglo XIX.

Fue tan explosivo y creó tantas divisiones como el que confrontamos en la actualidad. A tal punto, de que provocara en aquel espíritu amoroso que fue José Martí la enérgica condena que encabeza este trabajo. Quienes digan que Martí visitó alguna vez la Cuba Española en función de paz son unos mentirosos y unos miserables que manchan la memoria del más puro de los cubanos. Martí si la visitó pero en función de conspirador, no de cómplice ni de turista.

Volviendo al proyecto de ley de Rivera, el mismo propone retirarles el estatus migratorio de residentes permanentes a los cubanos americanos que regresen a la Isla antes de cumplir cinco años de su salida de la misma. Este proyecto se propone enmendar la llamada Ley de Ajuste Cubano de 1966 que garantiza a los cubanos privilegios que no reciben los inmigrantes procedentes de otros países. El más importante, la residencia permanente a los 366 días de haber arribado a costas norteamericanas.

Los visitantes actuales, que abusan de los privilegios otorgados a verdaderos perseguidos políticos, no van a conspirar como el Apóstol sino en viajes de ostentación y placer que llenan las arcas y prolongan la vida de la misma tiranía a la que acusan de haberlos perseguido. Y lo peor, prolongan el martirio de su pueblo bajo un régimen carente de divisas y de créditos que además importa el 80 por ciento de sus alimentos.

Un régimen que sobrevive gracias a la limosna petrolera de Chávez, a la explotación del trabajo esclavo de sus profesionales de la salud, a las remesas enviadas por un exilio que ha decidido sustituir al régimen en la prolongación de la psicología de dependencia a la que se han acostumbrado muchos de nuestros compatriotas dentro de la Isla y a un turismo atraído con la prostitución de nuestras mujeres, algunas de ellas adolescentes.

Los cubanos en el exterior no tenemos la capacidad de hacer impacto sobre todas estas fuentes de divisas pero si tenemos el poder de negarles nuestros dólares en los renglones de remesas y de turismo, y eso bien podría significar el 25 por ciento de los ingresos del régimen. Podría ser el empujón final para lanzar a la tiranía por el precipicio anunciado recientemente por el histérico tiranuelo sustituto. Esto sería posible si nuestra comunidad estuviera integrada en su mayoría por exiliados comprometidos en derrocar a la tiranía sin el lastre de emigrantes indiferentes ante la causa de nuestra libertad.

No tenemos objeción en reconocer que quienes viajan a Cuba tienen el derecho a hacerlo pero les decimos que no pueden hacerlo y, al mismo tiempo, acogerse al privilegio de la Ley de Ajuste Cubano. Esa ley fue aprobada para proteger a aquellos que sufrimos exilio por defender principios de libertad y de democracia. No para quienes la manipulan para promover sus agendas personales y poner en peligro los derechos ganados a base de privaciones y sacrificios por quienes realmente los merecen.

Quienes viajan pueden reclamar ser buenos hijos, buenos padres y buenos esposos pero no pueden decir que son patriotas ni defensores de la libertad. Los verdaderos patriotas y defensores de la libertad cayeron ante los paredones de fusilamiento, combatieron en las montañas y llanos de Cuba, sufren encarcelamiento y son objeto de golpizas y actos de repudio en nuestras calles y plazas. Quienes con sus dólares les dan oxígeno a los tiranos han decidido ser testigos indiferentes a nuestra tragedia nacional.

Dentro de la Isla se han alzado voces condenando la ley propuesta por Rivera. Primero, Oswaldo Paya, el hombre sin brújula que transita por un camino sin rumbo y utiliza la metáfora de que esta ley es “una cortina de espinas que desgarra a todos” mostrando otra de las múltiples facetas de su personalidad protagónica. Después, Yoani Sánchez, la mimada de la izquierda internacional que rechaza que la llamen opositora o siquiera disidente pero se aventura con su característico modus operandi de Gatica de María Ramos en una cuestión política diciendo que “quienes viajan a Cuba se convierten en embajadores democráticos y de libertad”. Pamplinas.

Y hasta Guillermo Fariñas, el opositor verdadero que ha avalado su lucha por la libertad con el ejemplo de sus huelgas y de su sacrificio, nos sale con una declaración digna de Cantinflas y nos dice: “Mi opinión es ambivalente”. No señor, aquí no puede haber ambivalencias. Yo le digo que en esta hora de la recta final hay que estar con Dios o con el diablo y, para que lo entendamos todos, hay que peinarse o hacerse papelillos.

Otros llegan a proponer soluciones que incluyan a los victimarios haciendo uso del gastado argumento de “borrón y cuenta nueva”. Son los eternos perdonadores de agravios sufridos por otros. A esos les decimos que perdonen los agravios sufridos en carne propia pero que no tengan la osadía de hablar por las demás víctimas. Me gustaría verlos pedir a Clara Boitel, a Gloria Amaya, a Reina Luisa Tamayo y a tantas y tantas otras madres desgarradas por el dolor que perdonen a los asesinos y torturadores de sus hijos.

En conclusión, opino que los campos están definidos y que, a estas alturas del juego, no hay tiempo ni posibilidades de marcha atrás ni de paños tibios. De un lado, quienes no tienen voluntad o siquiera interés en que reine de nuevo la democracia en nuestra patria. Del otro quienes no descansaremos hasta erradicar para siempre la costra pestilente de opresión y odio que asfixia al pueblo de Cuba.

Quienes reclamamos, exigimos y demandamos justicia porque estamos convencidos de que no se pueden construir naciones sobre el pantano de la compasión hacia los déspotas o el perdón a los criminales. Ese es el espíritu y el mensaje del proyecto de ley del Representante David Rivera. Por eso lo apoyo con todas mis energías de exiliado achacoso que nunca ha sido emigrante y a quién todavía le quedan energías para hacer un aporte, aunque sea pequeño, a la libertad de mi patria.

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