sábado, 20 de febrero de 2010

CARTA ABIERTA A NADINE GORDIMER. POR: ZOE VALDES.











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NADINE GORDIMER, QUÉ VERGÜENZA ME DAN SUS PALABRAS.

La escritora sudafricana Nadine Gordimer ha pedido, desde la Feria del Libro de La Habana, la libertad para los Cinco Espías Castristas encarcelados en Estados Unidos, quienes fueron hechos prisioneros por espiar, por cierto, sin la previa autorización que concede el gobierno norteamericano a cualquier espía del mundo que demande el permiso de ejercer como espía. Sin embargo, cuando a Nadine Gordimer le preguntaron si había recibido la carta de las Damas de Blanco, las mujeres familiares de los presos políticos cubanos, la escritora añadió que esa carta no le había llegado, y que dudaba de que pudiera llegarle a esas alturas. Se puede leer en El Nuevo Herald.

Yo leí a Nadine Gordimer hace mucho tiempo, confieso que uno de sus libros me agradó, aunque no recuerdo el nombre. Intenté seguirla, por la cosa del Nobel, pero no pude. A mí, esa literatura lloricona de blanquita con cargo de consciencia no la soporto. En primer lugar porque yo creo que cuando se es sudafricano, ya hay una mezcla interior muy fuerte dentro de uno, que a través de la cultura, lo eleva a uno por encima del color de la piel. Yo me alimento, camino, bailo, escribo, como cubana, que es ese mestizaje de negro, blanco, chino (en mi caso), y demás, y todo lo que se junte. Yo soy mestiza. Nadine Gordimer no se siente mestiza, a juzgar por su literatura, tant pis pour elle! Tanto peor para ella.

Entonces, necesito mandarle un mensaje a esta camarada de la literatura:
Camarada Nadine Gordimer, camarada, no mía, de los Castro y comparsa, sepa que sus palabras me provocan una profunda vergüenza. ¿Cómo puede una escritora de su talla, laureada con el Premio Nobel de Literatura, pensar en los espías terroristas castristas, que ponían en peligro la democracia norteamericana, y para colmo pedir la libertad para ellos, y de contra olvidarse de los demócratas cubanos, a quienes se les ha privado de lo más preciado, su libertad –como mismo le ocurrió a Nelson Mandela-, y quienes han sido condenados a penas entre 20 y 28 años de prisión? ¿Cómo puede usted dar la espalda al pueblo cubano? ¿No se ha percatado usted del criminal Apartheid que sufren los cubanos?

Señora, si usted da la espalda a los cubanos e ignora su sufrimiento, el mismo, o peor, del que pasaron los sudafricanos, déjeme declararle que a mí, su actitud me provoca una honda herida –a la que usted le hará el caso del perro-, y el desgarramiento proviene de que yo conservo una especie de ideal de lo que para mí debe ser un verdadero escritor: Alguien que ama las palabras al punto de hacer de ellas su principal motivo de vida, pero las palabras libres, las palabras que no deban ser censuradas, vejadas, maltratadas, palabras de hombres libres, y no sobornados hasta perder la vida. Como ha acontecido a varios de los poetas y periodistas que desde la Primavera Negra del 2003 se hallan en las cárceles castristas, por el mero hecho de pensar diferente, de reafirmar, a través su escritura y de su pensamiento, su desacuerdo con el régimen castrista, el que lleva ya 51 años en el poder aplastando los sueños de los cubanos.

Escribir y vivir, señora Gordimer, en libertad, era lo que ellos exigían y exigen, como hace usted cada día, como hago yo. Sólo que yo, al igual que un grupo de escritores cubanos, hemos tenido que exilarnos para poder vivir y escribir.

Mientras usted hacía esas declaraciones en mi ciudad natal, La Habana, un hombre agonizaba en su celda, Orlando Zapata Tamayo. Su madre, Reina Tamayo, pedía con lágrimas en los ojos una movilización mundial para liberarlo de su condena: 25 años de cárcel. Orlando Zapata Tamayo lleva 77 días en huelga de hambre, es un hombre de paz, perteneciente al Proyecto Varela, uno de los variados proyectos que han circulado en Cuba en los últimos años, de manera clandestina, con el objetivo de liberar a Cuba de los que la oprimen.

Usted, señora Gordimer, ha preferido colocarse del lado de los opresores. ¡Cuánto lo siento! ¡Cuánto lo siento por usted, por sus libros, por su literatura, por su vida! Solamente le deseo una cosa, que sienta deseos usted de arrepentirse, ese día volverá a ganarse el derecho a ser una laureada con el premio más importante de literatura, volverá a ganarse el derecho a ser escritora, volverá a ganarse el derecho a ser sudafricana, y sobre todo, volverá usted a ser, lo que somos todos, seres humanos con derechos. Derechos que, usted, con sus palabras, ha pisoteado.

Me despido de usted, y de sus libros,

Zoé Valdés.

Nota: Autorizo la reproducción de esta carta a cualquier medio de prensa.


(robado del Blog La Curra de cuba)